El accidente de la bomba de cobalto
Desde entonces la situación se ha agravado. Algunos pacientes han muerto, posiblemente por causa de la sobredosis de radiación. Pero al menos esta vez, las autoridades siguen informando paso a paso de todo lo que está ocurriendo, incluyendo de la petición de ayuda internacional para investigar el hecho.
Y no es que una cosa subsane la otra. Pero no podemos olvidar un accidente semejante ocurrido en 1995 con unos pacientes de hemodiálisis que recibían tratamiento en el hospital del Seguro Social. En esa ocasión, murieron en cosa de un mes casi la misma cantidad promedio de pacientes que recibían el mismo tratamiento en un año.
La actitud de los funcionarios de entonces no tuvo la misma transparencia de ahora. Nadie se quiso responsabilizar por lo ocurrido y, el ex presidente Endara, que imputó la culpa al director de la entidad, fue condenado por calumnia e injuria, al tiempo que eran archivados todos los demás expedientes de investigación del hecho que buscaban a los responsables.
Nunca se supo la causa del accidente de los pacientes de hemodiálisis, probablemente debido al mal estado de las sustancias empleadas en el tratamiento. Pero las compañías fabricantes e importadoras resultaron absueltas. En fin, aunque hubo muchos muertos, nada ni nadie fue el culpable, ...a no ser Endara.
En esta ocasión, a juzgar por la actitud asumida por las autoridades, es casi seguro que se ubicará las causas del accidente con ayuda de los expertos extranjeros, y que tales, - así sea un posible error humano -, será puesto en conocimiento de la ciudadanía y de los deudos.
Ciertamente, el Ministerio de Salud tendrá que enfrentar las demandas judiciales inherentes a un régimen de derecho, propio de toda nación civilizada. Y habrá que aprender de la experiencia, comprando seguros de responsabilidad y manteniendo personal y equipos en óptimo estado de funcionamiento. Pero en modo alguno deberá repetirse lo ocurrido con los pacientes de hemodiálisis, que fue un homenaje a la irresponsabilidad y a la desidia.
En lo demás, quisiéramos mirar adelante. Lamentar y llorar las muertes y la suerte de los afectados. Pero, más que eso, que se tomen las medidas para prevenir hasta donde sea humanamente posible su repetición. Y sobre todo, inventariar todos los equipos del sistema de Salud Pública, que las mismas autoridades reconocieron que en un 70% son viejos o están en mal estado.
Y no es que una cosa subsane la otra. Pero no podemos olvidar un accidente semejante ocurrido en 1995 con unos pacientes de hemodiálisis que recibían tratamiento en el hospital del Seguro Social. En esa ocasión, murieron en cosa de un mes casi la misma cantidad promedio de pacientes que recibían el mismo tratamiento en un año.
La actitud de los funcionarios de entonces no tuvo la misma transparencia de ahora. Nadie se quiso responsabilizar por lo ocurrido y, el ex presidente Endara, que imputó la culpa al director de la entidad, fue condenado por calumnia e injuria, al tiempo que eran archivados todos los demás expedientes de investigación del hecho que buscaban a los responsables.
Nunca se supo la causa del accidente de los pacientes de hemodiálisis, probablemente debido al mal estado de las sustancias empleadas en el tratamiento. Pero las compañías fabricantes e importadoras resultaron absueltas. En fin, aunque hubo muchos muertos, nada ni nadie fue el culpable, ...a no ser Endara.
En esta ocasión, a juzgar por la actitud asumida por las autoridades, es casi seguro que se ubicará las causas del accidente con ayuda de los expertos extranjeros, y que tales, - así sea un posible error humano -, será puesto en conocimiento de la ciudadanía y de los deudos.
Ciertamente, el Ministerio de Salud tendrá que enfrentar las demandas judiciales inherentes a un régimen de derecho, propio de toda nación civilizada. Y habrá que aprender de la experiencia, comprando seguros de responsabilidad y manteniendo personal y equipos en óptimo estado de funcionamiento. Pero en modo alguno deberá repetirse lo ocurrido con los pacientes de hemodiálisis, que fue un homenaje a la irresponsabilidad y a la desidia.
En lo demás, quisiéramos mirar adelante. Lamentar y llorar las muertes y la suerte de los afectados. Pero, más que eso, que se tomen las medidas para prevenir hasta donde sea humanamente posible su repetición. Y sobre todo, inventariar todos los equipos del sistema de Salud Pública, que las mismas autoridades reconocieron que en un 70% son viejos o están en mal estado.