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El agro, sector estratégico


Hay razones cosméticas que suelen esgrimir las naciones desarrolladas para proteger y subsidiar su sector agrícola. Una de ellas es el equilibrio medioambiental. Todas argumentan a favor de la necesidad de conservar un equilibrio entre el campo y la ciudad, entre las áreas de los sembradíos y las congestionadas selvas de acero, vidrio y concreto de las urbes.
Otro argumento más propio de los países en desarrollo es la necesidad de ayudar a los campesinos que dependen de la actividad agropecuaria. Por razones de arraigo cultural y apego a la tierra, la gente del campo se resiste a abandonar su sector para dedicarse a negocios más lucrativos en el comercio, los servicios o la industria. Hay que darles tiempo, dicen, para que comprendan por sí mismos y se resignen a cambiar su modo de sustento, o sea, a reconvertirse.
Tras los dos argumentos, el medioambiental y el sociocultural, se esconde un tercero que nadie menciona; y es que los alimentos, al igual que el agua, las fuentes energéticas y las comunicaciones, son bienes estratégicos muy vinculados a la supervivencia del Estado, en tiempos de crisis bélica.
Como bien decía Napoleón: "Los ejércitos marchan sobre su estómago", al aludir a la importancia vital que suelen tener en toda campaña militar, las líneas y fuentes de abastecimiento de agua y víveres. En la Edad Media, los inexpugnables castillos y los ejércitos que se ocultaban tras ellos, eran doblegados no por la fuerza de las armas sino por hambre y sed, tras prolongados sitios en los que no se permitía la entrada de alimentos ni de líquidos. Von Paulus, en Stalingrado, se rindió por hambre y sed, no por la presión militar de los rusos. Y el mismo Napoleón se vio precisado a retirarse de Moscú, cuando se vio atrapado por el invierno y la hambruna.
Las naciones desarrolladas, protagonistas de todas las grandes guerras, saben que es posible resistir meses y años de bombardeos y grandes pérdidas humanas y materiales, pero en cambio, no podrían sobrevivir a una semana sin alimentos para sus soldados y su población civil. Por eso es que, en tiempos de paz, subsidian y defienden su agro, empleándolo a veces como arma para deprimir o elevar los precios internacionales, según sea su interés, esgrimiéndolo como palanca de presión, -trigo a cambio de renuncia a la tecnología atómica, como en el caso de Korea del Norte, o el bloqueo de Cuba-. El agro, al igual que los hidrocarburos, es un sector estratégico y así hay que entenderlo para cuando nos toque asistir a la próxima reunión de la OMC.


101 años de Panamá América

 
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