El agua, nuestro petróleo
Se ha dicho que en pocos años la fuente de riqueza más preciada no estará en tener petróleo sino agua dulce y limpia. Este acelerado proceso de crecimiento que vive Panamá, tiene muchas causas, pero una de las más importantes -no tanto por su magnitud económica, sino por impacto psicológico- es la ampliación del Canal, que es una vía de agua. Sin agua no hay Canal, por eso algunos dicen que el agua es nuestro petróleo. Pero nuestra agua es mucho más que nuestro Canal al competir con el petróleo. Panamá tiene la mejor, o una de las mejores, aguas potables de la región; tiene el litoral más extenso del Istmo centroamericano y el mayor potencial hidroeléctrico de Centroamérica. Por ello, debemos articular una estrategia para enfrentar el impacto inevitable del alza petrolera potenciando nuestro recurso líquido más poderoso: el agua.
Las proyecciones de peajes de paso por el Canal deben ser revisadas para determinar la elasticidad de la demanda en un mundo naviero cuyo "día de mar" se hace más costoso con cada aumento del barril de crudo. La pesca responsable y el turismo acuático también deben ofrecer nuevos ingresos y limitar los egresos a nuestra economía. La capacidad de irrigación y producción de agua potable debe permitirnos más seguridad alimentaria. Pero, sobre todo, los proyectos hidroeléctricos deben estimularse. Esto significa: Quitar las concesiones a quienes las hayan obtenido no para desarrollar, sino para especular; resolver o mitigar problemas sociales y ambientales que produzca su construcción; enfrentar políticamente a las organizaciones pseudosociales financiadas por los Estados petroleros para mantener la dependencia en los hidrocarburos; y revisar la estructura del mercado energético para garantizar la competencia y eliminar la distorsión que le permite al más ineficiente o costoso determinar el precio. Dicen que el petróleo es poderoso, pero no hay mayor fuerza que la del agua bien canalizada.