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El agua y los carnavales


Desde hace algunos años se viene señalando que habrá una escasez de agua en todo el mundo, pero que Panamá será uno de los pocos países que se daría el lujo de venderla. Hoy esta posibilidad se ha perdido, no sólo por su contaminación sino por el desperdicio. Actualmente hay escasez de agua en todo el territorio nacional. Las potabilizadoras que producían 12 millones de galones, ahora sólo producen cinco millones (El Panamá América, 20/2/03). ¿Qué hace el IDAAN para servir con agua potable a 1,689.815 personas? Sencillamente, ¡nada! Ha estado acariciando el dinero del Fondo Fiduciario para la reestructuración de varias potabilizadoras por casi un año y ni siquiera la de la Laguna Alta está funcionando. Se ha hecho público que conductores de cuatro carros cisternas abren hidrantes todas las tardes (5,000 litros por minutos). ¿A dónde va ese líquido? No va a Arraiján, donde la gente se queja por falta de agua durante todo un mes; tampoco Las Mañanitas. Esto parece una adivinanza “agua pasó por aquí, agua que no vino a mí”. Si la escasez de ésta es tan peligrosa, ¿por qué el despilfarro durante los carnavales? Aquellos que creen que mojarse en los culecos es disfrutar del carnaval, confunden los valores.
Reciéntemente, se publicó un mosaico de datos interesantes sobre el agua. Unos 1,200 millones de habitantes, mundialmente, no tienen acceso a una fuente de agua potable segura. El agua cubre casi el 80 % de la superficie de la Tierra, pero menos de 1 % de ésta es agua dulce.
Hablaré del carnaval que acaba de transcurrir, sin siquiera compararlo con los de antaño. Desde que resido en la capital, los mejores me parecieron los que presentó Mayín Correa. Sanos y alegres con algo de vistosidad. Los que acaban de terminar, a Dios gracias, se presentaron desabridos, vulgares y corruptos, no tanto por los mal llamados carros alegóricos porque carecían de una representación simbólica digna de darles ese nombre, sino por el pueblo que chorreando agua los celebró. Reniego del baile soez y vulgar que jovencitas, menores de edad, a todo furor competían por una camiseta y una botella de ron. ¿Dónde estaban los padres? No se necesita tener mi edad para criticar semejante obscenidad; es necesario hacer valer nuestros valores como humanos, no como perritas en celo. Reprocho a los adultos que aplaudían desvergonzadamente semejante actitud. En nuestra sociedad hay una descomposición casi total, sin pudor, sin recato, un desajuste total de nuestro yo.
Decía Sor Juana Inés de la Cruz: “Quien es más de culpar, el que peca por la paga o el que paga por pecar”. Esto se lo atribuyo a los hombres, quienes eran los que premiaban la vulgaridad. El carnaval es parte de nuestra cultura y nuestra identidad.
Antonio Machado, poeta español, describe el carnaval así: “Lo esencial no es ponerse la careta, sino quitarse la cara”.
Con carnavales como los que acaban de transcurrir, ¿qué reciben los panameños? Nada. ¿Qué se le brinda a los turistas? Cero. Tengo serias dudas que semejante descomposición mojada pudo producir 30 millones de dólares. ¡Pobre Panamá!

*Médico y biólogo, investigador del Hoover Institution, Universidad de Stanford. Autor del libro “Policy Controversy in Biotechnology”.
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