El alza de la luz
Se ha anunciado un inminente aumento de las tarifas eléctricas, lo cual ha provocado la natural reacción adversa de los consumidores y, en especial, del sector industrial y comercial que es altamente dependiente del costo de energía.
En general, las quejas de los usuarios del servicio giran en torno a lo elevado de la factura por unidad de consumo en comparación con otros países, muchos de los cuales compiten con el nuestro en producción de bienes y servicios. Al respecto, se repite sin responder en contrario, que Panamá tiene la electricidad más cara del mundo, aunque otros precisan que es la quinta más cara. Por nuestra parte, si ocupamos el vigésimo lugar, ya sería lamentable, considerando que somos una nación en desarrollo que requiere de más disponibilidad energética a precio razonable.
Otras quejas se refieren a los apagones que incluso hace algunos días llegaron al extremo de dejar sin agua a gran parte de la ciudad durante varias horas. El Canal de Panamá ofreció vender electricidad sobrante al Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (IDAAN), pero su oferta fue objetada, en esencia, por no ser un generador legalmente válido, debido a su condición de entidad pública sujeta a situación competitiva no equitativa con respecto a otros oferentes.
Respecto al costo de energía, se critica la forma de facturación. Se acusa a las distribuidoras de cobrar el consumo y además un cargo por demanda máxima disponible, en lo que se plantea como una doble facturación. La explicación técnica ha sido dada en términos de que la energía máxima disponible no se almacena, sino que se genera y aguarda a ser usada por el consumidor quien es el destinatario de la disponibilidad.
En cierta medida, la demanda máxima disponible luce como quien compra un pasaje de avión a término, que si no se usa se pierde y hay que pagarlo igual. Con todo y eso, es una fórmula de pésima asimilación y peor comprensión que podría reemplazarse por otras alternativas que a la postre arrojen igual resultado, esto es que el país pague por la energía que produce.
En el fondo del alto costo de la factura energética, continúa gravitando negativamente la dependencia del petróleo. Las hidroelectrificaciones son lentas y costosas a corto y mediano plazo. Pero hay que hacerlas porque, a la larga, la energía que generan es más limpia y menos cara. Lamentablemente, en este campo, las infinitas postergaciones y retrasos del proyecto Estí, envía malas señales a los inversionistas.
El Ente Regulador debe encabezar la participación de generadoras, distribuidoras y consumidores para hallar una salida estratégica y más conveniente para lidiar con el costo energético y enfrentar las alzas futuras. Pero tienen que hacerlo en conjunto porque es un problema complejo que requiere de los mejores talentos y de más buena voluntad.
En general, las quejas de los usuarios del servicio giran en torno a lo elevado de la factura por unidad de consumo en comparación con otros países, muchos de los cuales compiten con el nuestro en producción de bienes y servicios. Al respecto, se repite sin responder en contrario, que Panamá tiene la electricidad más cara del mundo, aunque otros precisan que es la quinta más cara. Por nuestra parte, si ocupamos el vigésimo lugar, ya sería lamentable, considerando que somos una nación en desarrollo que requiere de más disponibilidad energética a precio razonable.
Otras quejas se refieren a los apagones que incluso hace algunos días llegaron al extremo de dejar sin agua a gran parte de la ciudad durante varias horas. El Canal de Panamá ofreció vender electricidad sobrante al Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (IDAAN), pero su oferta fue objetada, en esencia, por no ser un generador legalmente válido, debido a su condición de entidad pública sujeta a situación competitiva no equitativa con respecto a otros oferentes.
Respecto al costo de energía, se critica la forma de facturación. Se acusa a las distribuidoras de cobrar el consumo y además un cargo por demanda máxima disponible, en lo que se plantea como una doble facturación. La explicación técnica ha sido dada en términos de que la energía máxima disponible no se almacena, sino que se genera y aguarda a ser usada por el consumidor quien es el destinatario de la disponibilidad.
En cierta medida, la demanda máxima disponible luce como quien compra un pasaje de avión a término, que si no se usa se pierde y hay que pagarlo igual. Con todo y eso, es una fórmula de pésima asimilación y peor comprensión que podría reemplazarse por otras alternativas que a la postre arrojen igual resultado, esto es que el país pague por la energía que produce.
En el fondo del alto costo de la factura energética, continúa gravitando negativamente la dependencia del petróleo. Las hidroelectrificaciones son lentas y costosas a corto y mediano plazo. Pero hay que hacerlas porque, a la larga, la energía que generan es más limpia y menos cara. Lamentablemente, en este campo, las infinitas postergaciones y retrasos del proyecto Estí, envía malas señales a los inversionistas.
El Ente Regulador debe encabezar la participación de generadoras, distribuidoras y consumidores para hallar una salida estratégica y más conveniente para lidiar con el costo energético y enfrentar las alzas futuras. Pero tienen que hacerlo en conjunto porque es un problema complejo que requiere de los mejores talentos y de más buena voluntad.