El ambiguo legado de las "primarias"
El 2008 debería ser el último año para cumplir las tareas de gobierno, pues la campaña electoral propiamente no debería ocupar más que unos pocos meses previos a los comicios de mayo de 2009.
Pero la politiquería se interpone, pues unos quieren que se les premie por lo que no es más que el deber cumplido y otros quieren que el voto sea un castigo por todos los males y vicios del mundo. Lógico es que ambas actitudes se acentúen durante la campaña electoral; en realidad, ya empezaron a apoderarse de la política con un año de adelanto, pues en los próximos meses tendrá lugar un largo y complicado proceso de elección de representantes locales de los partidos, para de allí ir a la elección de convencionales que son los que definirán los cargos de sus dignatarios. Todo esto sumado a los procesos internos de definición de candidatos a los cuatro cargos que se definen en las elecciones nacionales, representantes de corregimiento, alcaldes, diputados y presidente de la República.
En el 2008 se producirá la mayor parte de esos procesos y es previsible que tanto ?activismo? partidario, ralentice y hasta paralice el desempeño del gobierno. Aunque las llamadas primarias se introdujeron para profundizar los procesos democráticos al interior de los partidos políticos, la manera como se realizan hace que las autoridades pierdan el foco de su desempeño y busquen posicionarse para las internas de su partido.