El amigo insensible
El dinero no lo resuelve todo, es tentador, inhumano, pero es complemento del diario bregar, procura una holgura financiera que coloca a las gentes en una posición social alta, media alta, media o baja, de acuerdo con sus ingresos.
En sociedades materialistas como la nuestra, descuidamos el aspecto afectivo, o más bien lo ignoramos, para empinarnos a rendir tributo a quienes ostentan mayor poder adquisitivo, aunque sea en algunos casos, mal habidos.
Es el caso de la familia, para no ir muy lejos, cuando un familiar o pariente es nombrado en un alto cargo, o tiene una fortuna considerable, la propia familia lo distingue en una reunión familiar y procura que reciba las mejores atenciones, en detrimento de aquellos que guardan el mismo parentesco; inclusive no son invitados a una boda por ejemplo, porque señalan que es muy privada y quizás el novio no dispone más de unas cuantas tarjetas, o la novia no debe pasar de tantos invitados, pero jamás olvidan al pariente adinerado o a la familia poderosa.
Lo peor de todo esto, es que los pobres parientes se comen el cuento y muchas veces ayudan a hacer cuanta diligencia haya que hacer en el período de los preparativos para tan importante evento social.
Ni más ni menos ocurre en otras actividades, porque "Don Dinero" es insensible. Pese a que es un mandato constitucional el crear incentivos económicos en beneficio de la educación pública y particular, así como para la edición de obras didácticas nacionales, los grandes intereses económicos del país están en contra de ello, únicamente en beneficio de sus bolsillos.
Aquí no hay conciencia nacional. "No hay peor ciego que el que no quiere ver ni sordo que el que no quiere oír". Todos sabemos que cada país se rige por un programa educativo y que sus nacionales especialistas no responsables de desarrollar ese programa en el texto escolar. Esto no significa que no puedan nutrirse sus docentes y estudiantes de un sin número de bibliografía que debe estar en las bibliotecas públicas o particulares, como también en las librerías. Además, los textos se someten periódicamente a evaluación por las autoridades del Ministerio de Educación. Pero si los programas no llenan las expectativas, o no asignan personal idóneo para realizar las evaluaciones, entonces no son los textos los responsables.
Aplaudo la labor que ejercen los Honorables Legisladores, porque ellos son los garantes de las leyes del país, por tanto el no violar el precepto constitucional, es lo propio.
En sociedades materialistas como la nuestra, descuidamos el aspecto afectivo, o más bien lo ignoramos, para empinarnos a rendir tributo a quienes ostentan mayor poder adquisitivo, aunque sea en algunos casos, mal habidos.
Es el caso de la familia, para no ir muy lejos, cuando un familiar o pariente es nombrado en un alto cargo, o tiene una fortuna considerable, la propia familia lo distingue en una reunión familiar y procura que reciba las mejores atenciones, en detrimento de aquellos que guardan el mismo parentesco; inclusive no son invitados a una boda por ejemplo, porque señalan que es muy privada y quizás el novio no dispone más de unas cuantas tarjetas, o la novia no debe pasar de tantos invitados, pero jamás olvidan al pariente adinerado o a la familia poderosa.
Lo peor de todo esto, es que los pobres parientes se comen el cuento y muchas veces ayudan a hacer cuanta diligencia haya que hacer en el período de los preparativos para tan importante evento social.
Ni más ni menos ocurre en otras actividades, porque "Don Dinero" es insensible. Pese a que es un mandato constitucional el crear incentivos económicos en beneficio de la educación pública y particular, así como para la edición de obras didácticas nacionales, los grandes intereses económicos del país están en contra de ello, únicamente en beneficio de sus bolsillos.
Aquí no hay conciencia nacional. "No hay peor ciego que el que no quiere ver ni sordo que el que no quiere oír". Todos sabemos que cada país se rige por un programa educativo y que sus nacionales especialistas no responsables de desarrollar ese programa en el texto escolar. Esto no significa que no puedan nutrirse sus docentes y estudiantes de un sin número de bibliografía que debe estar en las bibliotecas públicas o particulares, como también en las librerías. Además, los textos se someten periódicamente a evaluación por las autoridades del Ministerio de Educación. Pero si los programas no llenan las expectativas, o no asignan personal idóneo para realizar las evaluaciones, entonces no son los textos los responsables.
Aplaudo la labor que ejercen los Honorables Legisladores, porque ellos son los garantes de las leyes del país, por tanto el no violar el precepto constitucional, es lo propio.