El aroma y sabor de café
Los primeros registros sobre café en Panamá se remontan a 1790, en el poblado de Portobelo, el cual procedía de Colombia. No fue hasta 1836 que se exportan desde Boquete los primeros ocho quintales del valioso grano. De allá a esta fecha, muchas cosas han cambiado en la caficultura panameña desde el área cultivada que alcanza las 24,000 hectáreas, con una producción de 231,000 quintales, lo que involucra a unos 8,000 productores y genera aproximadamente unos 16 millones de dólares al año.
Es evidente que estos niveles de producción están vinculados a una dependencia de variedades altamente productivas, fertilizantes y defensivos agrícolas, mano de obra disponible para la cosecha, que en la actualidad es escasa, y precios internacionales reducidos. Ante este panorama, sumado a un mercadeo local limitado, las posibilidades de mejora del precio de este rubro se limitan a la producción de café orgánico, café amigable con la naturaleza o el ambiente y café con prácticas orgánicas.
Las razones por la que se torna impostergable estas prácticas, son: a) incorporan y valoran la mejora de la calidad de vida de la mano de obra empleada, b) induce a la autoproducción de abonos orgánicos, defensivos agrícolas orgánicos, lo que resulta en la generación local de insumos, c) la reincorporación de especies rústicas de corte alto, d) la producción asociada a especies forestales nativas, e) mejora de la disponibilidad de alimento y hábitat para la reproducción, nidificación de la avifauna, f) facilita la polinización y fecundación del propio café, g) evita la fuga de divisas al no importar insumos, h) permite el control de la acidez y temperatura del suelo con el aporte de materia orgánica, i) control de la erosión con el plantío en curvas de nivel, j) descomposición y aprovechamiento de la broza del café (cáscara y musilágeno) con la utilización de la lombriz roja californiana para descomponerla, k) estimula el manejo integrado de plagas, l) posee en el mercado norteamericano y europeo, amantes del café gourmet, más finos y refinados.
En estos tres tipos de producción se debe distinguir sus diferencias. El café orgánico, el cual es producido con los más exigentes estándares de rigurosidad, atendiendo los parámetros agrícolas, ambientales y sociales estipulados por las empresas certificadoras internacionales, las cuales le acuñan su reconocido sello verde. Por otro lado, está el café amigable con la naturaleza o el ambiente, que minimiza los impactos negativos de la caficultura, haciendo énfasis principal en la protección de la avifauna (biodiversidad) de la localidad. Y por último, el café producido con prácticas orgánicas, mismo que aún no ha sido refrendado por una empresa certificadora internacional.
Reconocidas estas características, debemos saber que el mercado internacional en la actualidad está interesado por cafés de alta calidad de grano, diversidad y originalidad de sabores, olores y procedencias, valoriza las variedades típicas y una relación más estrecha con los temas sociales y ambientales.
Referente al beneficio ecológico del café, ya existe en el mercado local, equipos que minimizan el consumo de agua, mejoran las relaciones costo/tiempo, insumo/producción, hombre/máquina, reduciendo al mínimo los impactos negativos propios de este proceso sobre el ambiente. En estos tipos de producción es vital la instalación de laboratorios para el control de calidad del producto, de allí que lo más importante sea la calidad y no la cantidad. La asociación del café con especies frutales como cacao y cítricos, y especies forestales como el roble, inciden en el sabor y aroma del café; son estos los que definidos podrán definir en el mercado internacional, la imagen de nuestros distintos tipos de cafés. En estos tipos de cafés los precios son superiores a los establecidos por Londres, y aún permiten la obtención de mejores precios, si los productores se organizan en asociaciones, no sólo en el ámbito nacional, sino también a nivel internacional; por eso la necesidad de incorporarnos al bloque de países productores de cafés finos, conformado por: México, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Perú. Ante la eminente reconversión agrícola, a la caficultura panameña, le presenta la opción de retornar a las prácticas de los abuelos con las variedades propias, ante la disminución de la producción de cafés no amigables con la naturaleza, por sus altos costos ambientales. Lo que nos lleva a concluir que para ser modernos en caficultura, hay que incorporar e integrar el conocimiento nuevo y viejo, científico y folklórico, manteniendo las bases socioambientales a largo plazo.
Es evidente que estos niveles de producción están vinculados a una dependencia de variedades altamente productivas, fertilizantes y defensivos agrícolas, mano de obra disponible para la cosecha, que en la actualidad es escasa, y precios internacionales reducidos. Ante este panorama, sumado a un mercadeo local limitado, las posibilidades de mejora del precio de este rubro se limitan a la producción de café orgánico, café amigable con la naturaleza o el ambiente y café con prácticas orgánicas.
Las razones por la que se torna impostergable estas prácticas, son: a) incorporan y valoran la mejora de la calidad de vida de la mano de obra empleada, b) induce a la autoproducción de abonos orgánicos, defensivos agrícolas orgánicos, lo que resulta en la generación local de insumos, c) la reincorporación de especies rústicas de corte alto, d) la producción asociada a especies forestales nativas, e) mejora de la disponibilidad de alimento y hábitat para la reproducción, nidificación de la avifauna, f) facilita la polinización y fecundación del propio café, g) evita la fuga de divisas al no importar insumos, h) permite el control de la acidez y temperatura del suelo con el aporte de materia orgánica, i) control de la erosión con el plantío en curvas de nivel, j) descomposición y aprovechamiento de la broza del café (cáscara y musilágeno) con la utilización de la lombriz roja californiana para descomponerla, k) estimula el manejo integrado de plagas, l) posee en el mercado norteamericano y europeo, amantes del café gourmet, más finos y refinados.
En estos tres tipos de producción se debe distinguir sus diferencias. El café orgánico, el cual es producido con los más exigentes estándares de rigurosidad, atendiendo los parámetros agrícolas, ambientales y sociales estipulados por las empresas certificadoras internacionales, las cuales le acuñan su reconocido sello verde. Por otro lado, está el café amigable con la naturaleza o el ambiente, que minimiza los impactos negativos de la caficultura, haciendo énfasis principal en la protección de la avifauna (biodiversidad) de la localidad. Y por último, el café producido con prácticas orgánicas, mismo que aún no ha sido refrendado por una empresa certificadora internacional.
Reconocidas estas características, debemos saber que el mercado internacional en la actualidad está interesado por cafés de alta calidad de grano, diversidad y originalidad de sabores, olores y procedencias, valoriza las variedades típicas y una relación más estrecha con los temas sociales y ambientales.
Referente al beneficio ecológico del café, ya existe en el mercado local, equipos que minimizan el consumo de agua, mejoran las relaciones costo/tiempo, insumo/producción, hombre/máquina, reduciendo al mínimo los impactos negativos propios de este proceso sobre el ambiente. En estos tipos de producción es vital la instalación de laboratorios para el control de calidad del producto, de allí que lo más importante sea la calidad y no la cantidad. La asociación del café con especies frutales como cacao y cítricos, y especies forestales como el roble, inciden en el sabor y aroma del café; son estos los que definidos podrán definir en el mercado internacional, la imagen de nuestros distintos tipos de cafés. En estos tipos de cafés los precios son superiores a los establecidos por Londres, y aún permiten la obtención de mejores precios, si los productores se organizan en asociaciones, no sólo en el ámbito nacional, sino también a nivel internacional; por eso la necesidad de incorporarnos al bloque de países productores de cafés finos, conformado por: México, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Perú. Ante la eminente reconversión agrícola, a la caficultura panameña, le presenta la opción de retornar a las prácticas de los abuelos con las variedades propias, ante la disminución de la producción de cafés no amigables con la naturaleza, por sus altos costos ambientales. Lo que nos lleva a concluir que para ser modernos en caficultura, hay que incorporar e integrar el conocimiento nuevo y viejo, científico y folklórico, manteniendo las bases socioambientales a largo plazo.