El "Arte Computacional" premiado en bienales
Para la mayoría de los actuales "curadores", hombres y mujeres que deciden qué es lo que se acepta, qué es lo que se muestra y qué es lo que se premia en las bienales del mundo, el Arte (así con mayúscula) es una categoría que ellos mismos han inventado y que, formalmente, constituye una especie de misterio artístico discernible sólo por los iniciados, que se limita a algo en cuya gestación y alumbramiento hayan intervenido únicamente aparatos electrónicos. Cualquier otro objeto artístico creado con medios convencionales, por ejemplo un óleo sobre tela, es rápidamente rechazado por estos Torquemadas del "Arte" del siglo XXI.
A juzgar por las declaraciones públicas de unas locuaces curadoras (colombiana una y venezolana la otra) que la suerte nos deparó por acá hace un par de años, y que hablaban un idioma no clasificado aún pero que se sospecha que no pertenece al tronco indoeuropeo, ya que ni los panameños políglotos pudieron entenderlo jamás, la creatividad máxima sólo se da si el objeto artístico tiene propuesta. "¿Ach so, und was meint "Propuesta" auf Spanisch, bitte?"
Propuesta es todo lo que no se parezca en nada a las categorías artístico-filosóficas que, desde Sócrates (la confrontación de opuestos); Platón (las ideas como única realidad); Aristóteles (la catarsis artística); Plotino (el neoplatonismo cristiano), hasta Vico (el primero en postular el arte como representación) y Benedetto Croce (el arte como juego e intuición); Baumgarten (creador del término "estética" o percepción sensorial) y Worringer (que agotó el tema de la justificación histórica del arte abstracto). En fin, propuesta es la nueva iconoclastia del siglo XXI que grita desde gigantescos altoparlantes que se oyen en el mundo entero: "¡Abajo Praxiteles, Mirón!". Abajo los Van Eyck y Vermeer. Abajo Leonardo. Abajo Cézanne y Picasso. ¡Abajo el arte sin propuesta! ¡Que mueran Kandinsky y Braque! ¡Que viva la computadora! ¡Hay que curar todo ese arte enfermo!". ¿Será por eso que se llaman curadores?
Al crear estos "curadores" una masonería del "arte computacional" con sus ritos misteriosos y un lenguaje secreto que sólo ellos entienden, esa logia mundial ha pretendido eliminar de raíz, con un solo exorcismo, 2.500 años de indagación crítica (escalonada cronológicamente) del arte de Occidente desde la era de Pericles hasta nuestros días, indagación erudita que aún continúa, a pesar de los curadores. De ese modo han ignorado también 20,000 años de historia de la humanidad desde el último deshielo, cuando el hombre de Cro-Magnon, allá en las cavernas del noroeste de España y del suroeste de Francia, sintió la urgencia de pintar. Y lo hizo con medios casi tan convencionales como los que se usan todavía ahora: pigmentos extraídos de tierras de distintos colores, óxidos de diferentes metales, piedras trituradas y luego molidas, paletas y morteros rústicos, pinceles y brochas obtenidos de colas de animales, grasas animales, antepasadas de nuestros aceites vegetales, logrados ahora con la cocción de pétalos de flores. Y entonces yo me digo:
¿Ignoran los curadores masones que casi no hay diferencia entre las técnicas desarrolladas por el Cro-Magnon hace 200 siglos y las usadas por Cimabue, Giotto y el padre de la pintura moderna, Massaccio? Es evidente, pues, que no es la técnica novedosa (la maquinita) lo que hace al objeto artístico. Porque cuando se introdujo en Italia (desde Flandes) la pintura al óleo, las técnicas pictóricas se globalizaron y, desde Jan Van Eyck y sus hermanos (los primeros en pintar con óleos, entre 1390 y 1441) hasta el último expresionista abstracto viviente hoy, todo el mundo ha pintado con los mismos pinceles y las mismas brochas, con los mismos colores y sobre los mismos soportes, y hasta podría afirmarse que con la misma motivación. Digo "pintado", no jugado con máquinas electrónicas.
Ergo: sólo los inmensamente ignorantes o colosalmente bellacos pueden decir que una máquina crea arte, que razona, que experimenta emociones como la "Einfühlung" de Theodor Lipps, el filósofo de la aproximación sentimental sujeto-objeto.
Es un delito premiar el dudoso "Arte" obtenido con máquinas automáticas por encima del esfuerzo consciente de personas que han sacrificado lustros y décadas de su vida al estudio, y han acumulado miles de horas tratando de encontrar un estilo propio (sin la ayuda de artilugios mecánicos). Por encima de sus altoparlantes perniciosos y ofensivos tambores, a esos "curadores" culpables hay que gritarles: "¡Andate via, maffiosi dell"Arte! ¡Hinaus, Kunstverbrecher!. ¡Apagge, Satana! Enough of you, art impostors! ¡Hors d"ici, malfaiteurs de l"art! ¡Lárguense, charlatanes!". Pero a lo mejor no entienden, ya que ellos hablan un idioma único, "no convencional", que excluye todos los otros: un idioma con "propuesta".
A juzgar por las declaraciones públicas de unas locuaces curadoras (colombiana una y venezolana la otra) que la suerte nos deparó por acá hace un par de años, y que hablaban un idioma no clasificado aún pero que se sospecha que no pertenece al tronco indoeuropeo, ya que ni los panameños políglotos pudieron entenderlo jamás, la creatividad máxima sólo se da si el objeto artístico tiene propuesta. "¿Ach so, und was meint "Propuesta" auf Spanisch, bitte?"
Propuesta es todo lo que no se parezca en nada a las categorías artístico-filosóficas que, desde Sócrates (la confrontación de opuestos); Platón (las ideas como única realidad); Aristóteles (la catarsis artística); Plotino (el neoplatonismo cristiano), hasta Vico (el primero en postular el arte como representación) y Benedetto Croce (el arte como juego e intuición); Baumgarten (creador del término "estética" o percepción sensorial) y Worringer (que agotó el tema de la justificación histórica del arte abstracto). En fin, propuesta es la nueva iconoclastia del siglo XXI que grita desde gigantescos altoparlantes que se oyen en el mundo entero: "¡Abajo Praxiteles, Mirón!". Abajo los Van Eyck y Vermeer. Abajo Leonardo. Abajo Cézanne y Picasso. ¡Abajo el arte sin propuesta! ¡Que mueran Kandinsky y Braque! ¡Que viva la computadora! ¡Hay que curar todo ese arte enfermo!". ¿Será por eso que se llaman curadores?
Al crear estos "curadores" una masonería del "arte computacional" con sus ritos misteriosos y un lenguaje secreto que sólo ellos entienden, esa logia mundial ha pretendido eliminar de raíz, con un solo exorcismo, 2.500 años de indagación crítica (escalonada cronológicamente) del arte de Occidente desde la era de Pericles hasta nuestros días, indagación erudita que aún continúa, a pesar de los curadores. De ese modo han ignorado también 20,000 años de historia de la humanidad desde el último deshielo, cuando el hombre de Cro-Magnon, allá en las cavernas del noroeste de España y del suroeste de Francia, sintió la urgencia de pintar. Y lo hizo con medios casi tan convencionales como los que se usan todavía ahora: pigmentos extraídos de tierras de distintos colores, óxidos de diferentes metales, piedras trituradas y luego molidas, paletas y morteros rústicos, pinceles y brochas obtenidos de colas de animales, grasas animales, antepasadas de nuestros aceites vegetales, logrados ahora con la cocción de pétalos de flores. Y entonces yo me digo:
¿Ignoran los curadores masones que casi no hay diferencia entre las técnicas desarrolladas por el Cro-Magnon hace 200 siglos y las usadas por Cimabue, Giotto y el padre de la pintura moderna, Massaccio? Es evidente, pues, que no es la técnica novedosa (la maquinita) lo que hace al objeto artístico. Porque cuando se introdujo en Italia (desde Flandes) la pintura al óleo, las técnicas pictóricas se globalizaron y, desde Jan Van Eyck y sus hermanos (los primeros en pintar con óleos, entre 1390 y 1441) hasta el último expresionista abstracto viviente hoy, todo el mundo ha pintado con los mismos pinceles y las mismas brochas, con los mismos colores y sobre los mismos soportes, y hasta podría afirmarse que con la misma motivación. Digo "pintado", no jugado con máquinas electrónicas.
Ergo: sólo los inmensamente ignorantes o colosalmente bellacos pueden decir que una máquina crea arte, que razona, que experimenta emociones como la "Einfühlung" de Theodor Lipps, el filósofo de la aproximación sentimental sujeto-objeto.
Es un delito premiar el dudoso "Arte" obtenido con máquinas automáticas por encima del esfuerzo consciente de personas que han sacrificado lustros y décadas de su vida al estudio, y han acumulado miles de horas tratando de encontrar un estilo propio (sin la ayuda de artilugios mecánicos). Por encima de sus altoparlantes perniciosos y ofensivos tambores, a esos "curadores" culpables hay que gritarles: "¡Andate via, maffiosi dell"Arte! ¡Hinaus, Kunstverbrecher!. ¡Apagge, Satana! Enough of you, art impostors! ¡Hors d"ici, malfaiteurs de l"art! ¡Lárguense, charlatanes!". Pero a lo mejor no entienden, ya que ellos hablan un idioma único, "no convencional", que excluye todos los otros: un idioma con "propuesta".