El arte de mentir
No sé porqué, pero al ver el comportamiento y oír las palabras de ciertos funcionarios me parece estar escuchando la descripción que hacía mi profesor de criminología cuando retrataba la personalidad de un mitómano. En estas personas es típico; evadir su propia realidad y repetir las cosas hasta tratar que parezcan verdad. A pesar de lo anterior, me sorprende la “habilidad” de éstos burócratas por lo difícil que resulta sostener una mentira, hasta que meten la pata.
La mitomanía es una particular forma que tiene la persona cuando necesita mostrar la realidad que vive como una fantasía, y no tomando contacto con la realidad misma. El arte de mentir consiste en falsear los hechos y hacerlos más soportables. Algunos expertos señalan que en ocasiones esta tergiversación suelen disfrazarla en errores, omisiones, o ignorancia. Y mientras desde la barrera la situación es un tanto jocosa, para quienes conviven con un mitómano puede tornarse insoportable, pues muchas personas no saben si seguirles la cuerda y acompañarlos en su locura o tratar de hacerlos entrar en razón.
Si bien la mentira puede ser útil y es un comportamiento social frecuente, el mitómano se caracteriza por recurrir a esta conducta continuamente sin valorar las consecuencias, con tal de maquillar una realidad que considera inaceptable. Es decir, el hombre practica la mentira para adaptar el escenario a sus propias creencias. Por economía emocional estas personas prescinden de lo que les perjudica, pero hay un punto en el que mentir se vuelve dañino, se torna perjudicial tanto para sí mismo, como para el mundo que lo rodea. Cuando se trata de funcionarios públicos, éste último punto se torna un tanto álgido, pues lo que se califica como “entorno”, en este caso equivaldría a todos los ciudadanos que se ven afectados a causa de sus actos y mentiras.
Los expertos en salud mental afirman que ese mentir, se transforma en compulsión, y a veces lo orillan hasta transgredir límites que lo llevan a delinquir apoyado en esa patología que le permite disfrazar los hechos desde lo cognitivo y emocional. En pocas líneas; sus propias palabras, el contexto de los hechos, la forma en que ocurrieron, o una situación comprometedora; todo, absolutamente todo se adapta a su conveniencia.
“Es mentira que no te haya mentido, es mentira que no lo vuelva a hacer”. Joaquín Sabina.