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El ayer y el hoy


Percibo en el ambiente y en los escritos, y en ciertas celebraciones y publicaciones, un nuevo deseo de acercarnos al pasado desde el hoy en el que nos encontramos. En nuestros periódicos, en sus secciones culturales, me tropiezo con artículos emanados de firmas autorizadas ilustrándonos y exhortándonos a ubicar nuestras celebraciones centenarias en la debida perspectiva. La Cita Eucarística se concentró en reafirmar la presencia de la Iglesia católica por 490 años en este país desde que Santa María La Antigua nos identificara como la Primera Diócesis de Tierra firme. Las Jornadas Teológicas con el Primer Congreso de Historia Eclesiástica como un repasar en voces autorizadas la supervivencia del esfuerzo misionero católico en este país en medio de tan accidentada vida política, nos crean un nuevo prurito por saber cómo fueron las cosas, los hechos. ¿Cómo se pueden calificar las actuaciones de los actores del drama? ¿Cómo hicieron fortuna ciertas familias? ¿Cómo ciertos apellidos y familias han llegado a ser estereotipos de panameños con poder político y con poder económico? ¿Cómo configuraron en el país que tenemos?
Panamá no sólo tiene cien años, Panamá es mucho más que eso. Nos ocurre en esto como cuando hablamos o nos hablan del país, o como cuando hemos estado fuera del él, al menos hace algunos años, en que se creía que Panamá era sólo el Canal, o como le pasó a un amigo en Buenos Aires, en donde se creía que Panamá era sólo el hipódromo, sólo se le conocía por sus jinetes aventajados, o que en Panamá dominaba la etnia afro en su mayoría, que era como Haití; aún recuerdo unos sacerdotes que bromeando utilizaban un verso bíblico que se suele recitar en el rezo del Oficio divino mariano "Nigra sum sed formosa". O peor, que éramos un protectorado o colonia norteamericana, y que por tanto todo panameño tenía como primera lengua el inglés. En resumen una confusión, incluso, entre nuestros nacionales que creen que Panamá es sólo la capital, y en la capital, mi barriada. Y para quienes Panamá sólo es la ciudad capital. Y no es así. Urge informarse geográfica e históricamente, más en estas fechas centenarias. Tenemos que redescubrir nuestra identidad y aceptarla.
Impacto ha producido el trabajo el doctor Jaén Suárez sobre "La saga de los Arias", iniciativa provechosa y hasta ejemplar de RAC, y piensa uno que habría que hacerla extensiva para todas las grandes familias que han influido o creen que han influido en el quehacer de la patria. Existen varios bosquejos de consumo privado de distintas familias y de sus genealogías, pero como que el esfuerzo se debería pluralizar, ya que como el libro mencionado, se pondrían bajo la debida luz nuestras génesis y se desinflarían muchas hinchadas pretensiones sobre las que han navegado muchos de nuestros conciudadanos blasonando de títulos nobiliarios cuando el mayor orgullo debería surgir de comprobar que procedemos de antepasados campesinos cristianos, trabajadores y honestos y no de la nariz de Júpiter o de otro personaje de la mitología pagana, de acuerdo con nuestras preferencias.
Ejecutorias tan nobles como la de Sor María Angélica Arias que, a los 60 años, entró en la vida consagrada de las religiosas Salesas del Convento de la Visitación, en cuyo cementerio reposan sus restos y de quien se dice que fue como cofundadora de ese paraje de vida contemplativa de religiosas de vida enclaustrada en un medio tan obsesivamente consumista y obstinadamente materialista, que es Panamá y que contribuyó a invitar a las religiosas franciscanas de María Inmaculada y las Hermanas Betlehemitas a fundar en esta tierra donde ya están bien arraigadas con un historial de personas y ejecutorias válidas e imperecederas en el crecimiento republicano. El verdadero nombre en el mundo laico de la religiosa era María Segunda de las Mercedes Arias Feraud (1863-1940), de un carácter acerado se destacó por su proyección social cuando en esas épocas, concretamente en la Guerra de los Mil Días, con una compañera se hizo de una ambulancia para ir recogiendo a los heridos de la guerra. Una especie de Madre Teresa anticipada y de proyección local. No soy historiador y quiero permanecer como un aficionado de última hora, pero confieso que últimamente escucho enfoques y relatos de hechos pasados que indiscutiblemente despiertan la curiosidad, el gusto y el reflexionar cómo el pasado ha influido en nuestro presente.
La Provincia Centro Americana de la Compañía de Jesús que comprende desde Guatemala hasta Panamá, tiene en Managua, Nicaragua, el IHCA (Instituto Histórico Centroamericano) y el IHNCA (el Instituto de Historia de Nicaragua y Centro América) bajo la dirección del Rev. Alvaro Argüello, S. J. que aparentemente ha coleccionado multitud de documentos alusivos a la historia centroamericana jesuítica y reconocían que de Panamá no tenían mayor documentación. A ese propósito el Rev. Jesús Sariego Rodríguez, S.J., quien fuera maestro de novicios en Pedregal por varios años y que luego se le invitara a ejercer el mismo cargo en Córdoba, Argentina y que ha sido asignado a la Universidad Centro Americana, asumió la investigación sobre los jesuitas en Panamá y a través de él me he ido haciendo una idea de la gran cantidad de documentación e información sobre Panamá que se encuentra en los escritores jesuitas que han relatado la evolución de la provincia del Reino de Quito de la cual la comunidad de Panamá dependía. Más aún, el mismo Sariego me informó de la gran cantidad de información que encontró en Lima, Perú, y en Santiago de Chile. El prepara un estudio cuya publicación aún no sabemos. Fue a través del mismo sacerdote como conocí la obra del sacerdote siciliano Mario Cicala de donde obtendremos algunos de los datos que en mis próximas contribuciones compartiré con ustedes mis lectores.
También se debe mencionar que bajo su presidencia se inició la reforma constitucional que creó el Tribunal Electoral "independiente de los Órganos Ejecutivo y Judicial y con privativa competencia para interpretar y aplicar la ley electoral y para dirigir, vigilar y fiscalizar todas las fases del proceso electoral " (Constitución de 1946, art. 105) por el Acto Legislativo No. 2 del 16 de Febrero de 1956. De hecho, el gran logro del presidente fue terminar el período sin sobresalto y contribuir así a enrumbar el país hacia una período de doce años de relativa estabilidad constitucional.
Continuará la próxima semana
(ariyan@sinfo.net)

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América