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El Banco Mundial y la seguridad social


EL GOBIERNO del presidente Martín Torrijos se acerca con cautela a presentarle al país una propuesta para reformar la Caja de Seguro Social (CSS). La espera está creando nerviosismo entre todos los sectores afectados, especialmente entre los empresarios y los trabajadores.
Entre los empresarios, los temores se centran en un posible aumento de las cuotas que deben desembolsar por los empleados que tienen en sus planillas. Por supuesto, mientras más altas las cotizaciones menores las ganancias de los inversionistas. En cambio, entre los trabajadores, los temores son más profundos y complejos. Por un lado, temen el aumento de las cuotas que golpearía sus escuálidos salarios. Por el otro, se oponen tenazmente a las maniobras de los especuladores que quieren apropiarse de sus fondos de pensión para especular en los mercados internacionales.
Los especuladores dicen que sólo la privatización de los fondos de pensiones que administra la CSS puede salvar el sistema de seguridad social.
A pesar de que se ha demostrado en todo el mundo que esa afirmación es falsa, los especuladores insisten en que es la única solución viable. Hay que hacer la distinción de que estos especuladores no son necesariamente empresarios. Los especuladores ocupan posiciones gubernamentales del más alto nivel desde hace lustros y operan agencias administradoras de inversiones. Son, además, ideólogos que tienen fe en algunas profecías económicas que jamás han podido ser demostradas.
Un reciente informe del Banco Mundial recomienda a los países de la región latinoamericana que no privaticen sus sistemas de seguridad social. Al contrario, deben fortalecer su carácter público para garantizar la salud de la seguridad social en el próximo siglo.
El documento del Banco Mundial, Manteniendo la promesa de la seguridad social en América Latina ("Keeping the Promise of Social Security in Latin America") ha causado revuelo entre los ejecutivos de los fondos de pensión de la región.
Según el documento, América latina fue un típico laboratorio para las políticas de privatización del sistema de seguridad social. Después de Chile en 1981, varios países, incluyendo Perú, México y Argentina reformaron sus sistemas bajo la atenta supervisión del Banco Mundial.
De hecho, en 1993, el organismo publicó un documento fundacional ("Previniendo la crisis de la vejez", Averting the Old Age Crisis) en el que promocionaba la necesidad de privatizar los antiguos sistemas previsionales de reparto. Dicho estudio prometía prosperidad y bienestar a los futuros jubilados bajo el régimen privado, aunque para arribar a tales resultados se basaba en supuestos inverosímiles. Para el caso argentino, por ejemplo, suponía una tasa de crecimiento del PIB del 8% anual durante 30 años seguidos.
El documento crítico que ahora publica el Banco Mundial es el primer análisis integral del experimento. De las advertencias que hace el Banco Mundial se desprenden dos conclusiones principales:
  1. La privatización del sistema no está ofreciendo los beneficios que se prometían a los afiliados. Entre las causas se mencionan las "excesivas comisiones" cobradas por las empresas privatizadas. Además, un minúsculo grupo de administradoras (oligopolio) se apodera del mercado.

  2. La mayoría de los trabajadores queda excluida del sistema de seguridad social, por lo que en el futuro habrá una marea de jubilados empobrecidos.


Al respecto, se calcula que en los países que hicieron el experimento, sólo entre el 20 y 50% están cubiertos por el sistema.
Así las cosas, el Banco Mundial sugiere "reconstruir" el sistema público de seguridad social para "prevenir la pobreza en la vejez". El sistema de capitalización individual con aportes obligatorios, donde se aplicó, debe ser eliminado gradualmente.
El presidente Torrijos debe tener en cuenta las recomendaciones del Banco Mundial sobre esta materia. No tiene sentido hacer reformas que han fracasado en todas partes. Hay que evitar tomar el camino equivocado que sus asesores fundamentalistas le están recomendando. Su decisión afectará el futuro del país y, especialmente, el de los trabajadores, así como el éxito de su gestión presidencial.

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