El batallón de suegras amargadas
El general Barry McCaffrey, los generales colombianos, los jefes de los matones paramilitares, los narcotraficantes y las FARC que nos causan problemas en Darién, se han metido en un problema serio. Su fregadera en la frontera ha colmado la paciencia de mi amiga Rita quien, de la noche a la mañana se ha tornado en una tromba marina. Anda bravísima, espetando a quien encuentre: "Sólo me hace falta ir al Darién a pelear contra las guerrillas".
McCaffrey y Pete Romero, queriendo disponer del futuro de Panamá, nada dicen de la culpabilidad que tienen el Pentágono y el Departamento de Estado debido a sus políticas de Guerra Fría que permitieron a los gorilas de América Latina hacer lo que les venía en gana con tal de que fueran anticomunistas. En Panamá, a cambio de recibir información sobre el color de los eructos de Fidel Castro, el Pentágono y el Departamento de Estado apoyaron por dos décadas una dictadura de pandilleros militares, haciendo caso omiso de los negocios de drogas y blanqueo de dinero de nuestros gorilas, quienes eran íntimos amigos a la vez, de los capomafiosos colombianos y los generales del Comando Sur.
Para nada llama la atención que los ex- Guardia Nacional y los ex- Fuerzas de Defensa, no se hayan ofrecido a ir a Darién donde antes tenían sendas inversiones en laboratorios de cocaína a la vez que vendían armas a los insurgentes. Armados hasta los dientes por sus protectores del Pentágono y el Departamento de Estado, nuestros gorilas sólo saben atropellar a civilistas indefensos.
Los extranjeros infelices no saben que deben temer el momento en que la ira de Rita contagie a las otras mujeres de nuestro país. La irresponsabilidad rayana de una gran parte de los hombres de este país, nos ha hecho muy fuertes y muy valientes. Los colombianos no saben lo que es la mujer panameña brava. Aquí, nunca aprendimos eso de "sí, su mercé". Y si nos unimos todas para defender a nuestra frontera, para acabar con las incursiones armadas, los atropellos y los robos, gritarán despavoridos los enemigos de Panamá: "¡Sálvese quien pueda!"
La legisladora Balbina Herrera anda muy emperifollada, pero si se mete en una lucha, mano a mano, con Barry McCaffrey, apuesto a Balbina y no pierdo. Lo siento por los colombianos si toma cartas en el asunto la legisladora Teresita Yanis de Arias, quien ha estado a la cabeza de una organización con amplia experiencia en lidiar con hombres cobardes y explotadores. Si Teresita llegara a plantear en las Naciones Unidas la complicidad tradicional de las fuerzas armadas colombianas con los paramilitares y los narcotraficantes, el espectáculo será tan escalofriante como el hundimiento del Titanic.
El ministro de gobierno Winston Spadafora puede fortalecer la frontera, pero no será sino hasta cuando las mujeres Spadafora decidan entrar en acción, que se les hará de noche a los insurgentes, exsurgentes, autosurgentes, y gringosurgentes. La legisladora Haydée Milanés de Lay, casualmente de Darién, sabrá muy bien como distribuir las tropas que ella comanda. Llegarán a la frontera los batallones de suegras amargadas, hostiles e implacables, armadas de lo que les venga en gana y listas a descargar la furia que se han tenido que tragar por años. Darán la primera tunda a los paramilitares infelices encuentren de este lado de la frontera. Detrás, vendrán las lloronas que han perdido sus hijos a las drogas. Sus alaridos llenarán de terror a los cobardes extranjeros que piensan que con nuestros conciudadanos se pueden meter con impunidad.
Otras figuras femeninas, veteranas desde el golpe del 11 de octubre de 1968 en la lucha amarga de este pueblo por su libertad y su soberanía, serán agentes secretos que infiltrarán las líneas del enemigo. En Kuna Yala, tendrán un sitial de honor en el combate por sus pueblos, las ancianas de esa noble etnia, mujeres que con la edad se agigantan y no le temen a nadie, mujeres como aquella que una tarde, apechando al general Torrijos, lo hizo salir huyendo con la promesa que al día siguiente volvería. A sus espaldas, ella le gritó: "Si no vuelves, ¡no eres un hombre!". Esa vez, el general no volvió.
Le tocará a Mayín Correa, heroína de la lucha de 1987, transmitir desde el escenario de los hechos el desarrollo de las diversas batallas. "Avanza contra las FARC por el flanco izquierdo María Pantalones Carter, seguida por su contingente de agentas disfrazadas de dobermans. Por el otro lado viene Haydée Milanés con el batallón de suegras amargadas, seguidas de cerca por las lloronas dando alaridos pavorosos. El jefe de las FARC, Tirofijo Marulanda, pierde la cabeza. No sabe qué hacer. Uuff, ya se tomaron el cuartel las mujeres panameñas. ¡Gol para Panamá! Los fotógrafos de la prensa internacional le toman fotos a María y a Haydée. Un momento: algo pasa... Parece que Marulanda ha tratado de escapar, pero es inútil. Llegaron refuerzos de las suegras amargadas colombianas y le han entrado a palos. ¡Gol para Colombia!"
No se rían. En Panamá, el siglo veintiuno será el siglo de las mujeres y falta muy poco para la noche de las doce uvas. El general Barry McCaffrey, los generales colombianos, los jefes de los matones paramilitares, los narcotraficantes y de las FARC, deben rogarle a Santa Bárbara que la furia de Rita no se extienda a todas las mujeres panameñas, porque si eso pasa, ¡se acabó el cochino relajo que tienen en nuestra frontera!
McCaffrey y Pete Romero, queriendo disponer del futuro de Panamá, nada dicen de la culpabilidad que tienen el Pentágono y el Departamento de Estado debido a sus políticas de Guerra Fría que permitieron a los gorilas de América Latina hacer lo que les venía en gana con tal de que fueran anticomunistas. En Panamá, a cambio de recibir información sobre el color de los eructos de Fidel Castro, el Pentágono y el Departamento de Estado apoyaron por dos décadas una dictadura de pandilleros militares, haciendo caso omiso de los negocios de drogas y blanqueo de dinero de nuestros gorilas, quienes eran íntimos amigos a la vez, de los capomafiosos colombianos y los generales del Comando Sur.
Para nada llama la atención que los ex- Guardia Nacional y los ex- Fuerzas de Defensa, no se hayan ofrecido a ir a Darién donde antes tenían sendas inversiones en laboratorios de cocaína a la vez que vendían armas a los insurgentes. Armados hasta los dientes por sus protectores del Pentágono y el Departamento de Estado, nuestros gorilas sólo saben atropellar a civilistas indefensos.
Los extranjeros infelices no saben que deben temer el momento en que la ira de Rita contagie a las otras mujeres de nuestro país. La irresponsabilidad rayana de una gran parte de los hombres de este país, nos ha hecho muy fuertes y muy valientes. Los colombianos no saben lo que es la mujer panameña brava. Aquí, nunca aprendimos eso de "sí, su mercé". Y si nos unimos todas para defender a nuestra frontera, para acabar con las incursiones armadas, los atropellos y los robos, gritarán despavoridos los enemigos de Panamá: "¡Sálvese quien pueda!"
La legisladora Balbina Herrera anda muy emperifollada, pero si se mete en una lucha, mano a mano, con Barry McCaffrey, apuesto a Balbina y no pierdo. Lo siento por los colombianos si toma cartas en el asunto la legisladora Teresita Yanis de Arias, quien ha estado a la cabeza de una organización con amplia experiencia en lidiar con hombres cobardes y explotadores. Si Teresita llegara a plantear en las Naciones Unidas la complicidad tradicional de las fuerzas armadas colombianas con los paramilitares y los narcotraficantes, el espectáculo será tan escalofriante como el hundimiento del Titanic.
El ministro de gobierno Winston Spadafora puede fortalecer la frontera, pero no será sino hasta cuando las mujeres Spadafora decidan entrar en acción, que se les hará de noche a los insurgentes, exsurgentes, autosurgentes, y gringosurgentes. La legisladora Haydée Milanés de Lay, casualmente de Darién, sabrá muy bien como distribuir las tropas que ella comanda. Llegarán a la frontera los batallones de suegras amargadas, hostiles e implacables, armadas de lo que les venga en gana y listas a descargar la furia que se han tenido que tragar por años. Darán la primera tunda a los paramilitares infelices encuentren de este lado de la frontera. Detrás, vendrán las lloronas que han perdido sus hijos a las drogas. Sus alaridos llenarán de terror a los cobardes extranjeros que piensan que con nuestros conciudadanos se pueden meter con impunidad.
Otras figuras femeninas, veteranas desde el golpe del 11 de octubre de 1968 en la lucha amarga de este pueblo por su libertad y su soberanía, serán agentes secretos que infiltrarán las líneas del enemigo. En Kuna Yala, tendrán un sitial de honor en el combate por sus pueblos, las ancianas de esa noble etnia, mujeres que con la edad se agigantan y no le temen a nadie, mujeres como aquella que una tarde, apechando al general Torrijos, lo hizo salir huyendo con la promesa que al día siguiente volvería. A sus espaldas, ella le gritó: "Si no vuelves, ¡no eres un hombre!". Esa vez, el general no volvió.
Le tocará a Mayín Correa, heroína de la lucha de 1987, transmitir desde el escenario de los hechos el desarrollo de las diversas batallas. "Avanza contra las FARC por el flanco izquierdo María Pantalones Carter, seguida por su contingente de agentas disfrazadas de dobermans. Por el otro lado viene Haydée Milanés con el batallón de suegras amargadas, seguidas de cerca por las lloronas dando alaridos pavorosos. El jefe de las FARC, Tirofijo Marulanda, pierde la cabeza. No sabe qué hacer. Uuff, ya se tomaron el cuartel las mujeres panameñas. ¡Gol para Panamá! Los fotógrafos de la prensa internacional le toman fotos a María y a Haydée. Un momento: algo pasa... Parece que Marulanda ha tratado de escapar, pero es inútil. Llegaron refuerzos de las suegras amargadas colombianas y le han entrado a palos. ¡Gol para Colombia!"
No se rían. En Panamá, el siglo veintiuno será el siglo de las mujeres y falta muy poco para la noche de las doce uvas. El general Barry McCaffrey, los generales colombianos, los jefes de los matones paramilitares, los narcotraficantes y de las FARC, deben rogarle a Santa Bárbara que la furia de Rita no se extienda a todas las mujeres panameñas, porque si eso pasa, ¡se acabó el cochino relajo que tienen en nuestra frontera!