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El buen ciudadano


SIEMPRE HEMOS estimado que el buen ciudadano se forja desde temprana edad en el hogar y, en particular, en la escuela primaria. Para su beneficio moral y espiritual en todos los colegios convendría colocar en los salones de clases los diez mandamientos, la declaración de independencia y la de los derechos humanos. Eso, conforme a un ejemplo que se ha dado en el Juzgado Sexto de Apelaciones de Cincinati, Estados Unidos de América.
En los tribunales del Condado de Mercer, en Kentucky, se tienen expuestos los diez mandamientos y la Unión Americana de las Libertades Civiles promovió una demanda para que se removieran puesto que, conforme se alegaba, debe haber separación entre la Iglesia y el Estado.
Aunque la noticia no da mayores detalles, suponemos que la decisión de mantener la exposición de los diez mandamientos donde están, obedece al rico contenido moral de los mismos, y que son idóneos para ofrecerlos al conocimiento de todo el mundo sin distingo de religiones.
Si ante el cuadro doloroso del deterioro que están sufriendo nuestras costumbres por la descomposición social existente no cultivamos a nuestra niñez para que desde temprana edad se arraiguen en ella los conceptos del deber y del derecho, jamás lograremos que en las generaciones venideras tengamos ciudadanos ejemplares.
No olvidemos que lo que absorbe en edad temprana, perdura para toda la vida. Siendo ello así, ¿por qué no les hacemos presente a nuestros hijos y nietos los diez mandamientos, nuestra Declaración de Independencia de Colombia y la Declaración Universal de los Derechos Humanos?
Sería ideal que en los hogares y en los colegios, con el respaldo de nuestros gobiernos, se acogiera al ejemplo expuesto, el cual es tan digno como conveniente de ser imitado. Ello, sin duda alguna, constituiría una gran esperanza sobre nuestros futuros ciudadanos y el de nuestra patria.

101 años de Panamá América

 
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