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El Caballero y la recesión económica


Santiago de Chile /AIPE.- En un pueblo costero de cuyo nombre no quiero acordarme, pues su director de Obras Municipales me ha dado numerosos disgustos durante casi un quinquenio (haciendo un recuento, pienso que los directores de Obras probablemente se hayan constituido en el factor de mayor deterioro en mi calidad de vida durante el último cuarto de siglo), se me acercó el domingo un habitante del lugar, dando visibles muestras de preocupación.
"Dicen que usted escribió el miércoles que estábamos en recesión", me dijo.
En realidad, me llamó la atención la ola de titulares y declaraciones de autoridades que se desató por el simple hecho de revelar que íbamos a completar dos trimestres de caída del producto, lo cual los economistas llaman oficialmente "recesión".
Es que en Chile, país intrínsecamente socialista, la mentalidad general estipula que algo sólo existe si una ley, decreto o norma lo autoriza. Me ha pasado que, al bañarme en una piscina en octubre, alguien me haya dicho:
"Pero cómo te bañas, si todavía no se ha abierto la temporada de piscinas".
Suelo oír en el noticiario de las 9 horas en la radio que la "temperatura del momento es de 8; la mínima de hoy fue de 10 y se registró a las 7 horas". Una vez le consulté al director de una emisora el por qué de tal absurdo, y me explicó que la temperatura mínima no era la más baja que registrara el termómetro, sino la que indicara la Dirección Meteorológica.
En el camino al sur hay letreros que advierten "Zona de Niebla", en circunstancias que si no hay niebla, el letrero es inútil; y si hay niebla, uno la advierte a simple vista y el letrero también es inútil.
Hasta posiblemente este último ni siquiera alcance a leerse. Pero el chileno piensa que si la Dirección de Vialidad no autoriza la niebla, nadie la va a ver.
Pero ¿de qué hablábamos? ¡Ah, ya! De la recesión que revelé el miércoles pasado. Pues bien, el habitante del pueblo costero, dando por sentado que estando ello autorizado por escrito en el diario había recesión, me comentó:
"Aquí la cosa está muy mala. Todo paralizado. Se dejó de edificar. La gente dice que mientras no suelten al Caballero, las cosas no se van a arreglar. ¿Qué piensa usted?"
Debo confesar que me sorprendió la tesis. No había pensado en eso. No es verdadera, desde luego. ¿O lo será? En todo caso, refleja el sentir popular chileno. Pinochet, quiérase o no, está en otra categoría. "La gente dice" abarca a todo un pueblo, entre el cual se cuentan sus partidarios y sus detractores. Su sentir mayoritario es que el arresto ilegal de una figura de la estatura de Pinochet ha paralizado al país. Amigos y enemigos del general fueron testigos de que el progreso gestado bajo su gobierno nunca se había visto antes e, interpretando la coincidencia como causalidad (aunque se trate de lo que los econometristas llaman "nonsense correlations"), ven ahora que ese progreso, que parecía permanente, justamente se interrumpió cuando los europeos secuestraron a su gestor.
Mi interlocutor me apremiaba por una respuesta. Yo no quería mentir, pero tampoco decirle la verdad. Al fin y al cabo, estamos en período preelectoral. Mi respuesta fue digna de un político: "Sin duda, es una coincidencia que vale la pena analizar".

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