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El camino correcto


Detengámonos un momento en el título. Camino es la ruta que nos lleva de un punto a otro. Todo viaje tiene un sentido y una dirección determinada, por ejemplo, de necesidad o de placer, según vayamos al hospital o a la playa. Estos son hechos concretos expresados en palabras que tienen sentido y dirección específicos. De ese modo habla la ciencia.

Correcto es un concepto de valor. Así habla la ética. Si el viaje por tierra lo hacemos de Panamá a David, la carretera correcta sería la Panamericana. Es más, al ser la única posible por vía terrestre, diríamos que es la absolutamente correcta. Ahora supongamos que estamos en Nueva York y queremos ir a Los Ángeles. Hay cientos de rutas para llegar y todas serían correctas. Unas más largas y divertidas, otras más cortas y aburridas. La corta sería la más correcta para ir al hospital y la larga la mejor si vamos de paseo. Ambas son correctas, pero una lo es más que la otra según la necesidad o motivación que se tenga. Supongamos ahora que el Centro de Turismo al Aire Libre recomienda la ruta más larga. Ese sería el camino absolutamente correcto para sus afiliados. El turista que decidiera ir por el corto, escogería el camino incorrecto respecto al criterio recomendado.

Todo este abuso de paciencia del lector es para entrar de lleno al tema de fondo, que no es otro que el frustrado debate entre la comitiva neoliberal encabezada por Mario Vargas Llosa y el concepto de socialismo bolivariano de Chávez. Fue una gran oportunidad perdida por ambos. La tremenda repercusión que tuvo el episodio, por la trascendencia del tema -bien publicitado en los medios- había despertado grandes expectativas. Los amagos no fueron más que eso, fintas de un match mediático fraudulento, donde los unos (sin hache) sorprendieron a los otros. Tal vez porque ese capítulo no estaba escrito en el libreto de la interminable tragicomedia iberoamericana llevado a Caracas. Ambos argumentos sobre las causas del rechazo terminaron siendo lo de siempre, una bufonada de mal gusto y una falta de respeto al público, donde los defensores del pensamiento único, del camino absolutamente correcto, cayeron en su propia trampa. Quisieron demostrar, entre otras cosas, que en Venezuela no existe libertad de expresión. Pues la prensa internacional nos reveló lo contrario. Vargas Llosa habló libremente, pero al parecer no dijo nada nuevo, y además terminó su visita con puntos suspensivos.

También tuve la oportunidad de oír a Chávez explicar los pormenores del supuesto debate y su infantil respuesta. Los caminos al socialismo son muchos y el de Venezuela me pareció ser el más pintoresco, pero no el más correcto. Tampoco lo es el sistema acatado por los visitadores, quienes sufrieron en carne propia las mismas desventuras e infortunios del capitán Pantaleón Pantoja, marido fiel y militar honesto que cayó en la trampa de la obediencia debida, a sus superiores, a sus principios y a Olga Arellano, “la Brasileña”.

No existen caminos absolutamente correctos. Como la realidad y la poesía demuestran, sólo se hace camino al andar.

101 años de Panamá América

 
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