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El camino es la negociación, no la guerra


La Unión Europea, por instinto de conservación más que por política consciente, optó por estrechar relaciones con el mundo islámico y, paralelamente, por distanciarse de Israel. Ello le ha permitido vivir con cierta tranquilidad, libre de ataques terroristas.
Inglaterra, en cambio, al igual que Estados Unidos, ha hecho causa común con Israel contra las aspiraciones palestinas de establecer un estado palestino en la franja de Gaza. Ella está igual de expuesta desde el momento que sus aviones patrullan en pareja con aeronaves de combate norteamericanas que vuelan sobre espacio aéreo de Irak.
Pero creemos que tomar partido por uno u otro bando no es la solución. Hay que forzar a una negociación, sobre todo a Israel que está gobernada por extremistas de derecha que preside Ariel Sharon que es partidario de una solución de fuerza.
En concreto, hay que retomar la senda negociadora que casi concluyó exitosamente Bill Clinton, pero que no pudo terminar porque no le alcanzó su mandato. l invirtió mucho tiempo en duras jornadas de conversación entre Yasser Arafal y Ehud Barak, mandatarios palestino e israelí, respectivamente, y estuvo muy cerca de cerrarlas.
Clinton logró un acuerdo en compartir la soberanía sobre Jerusalén, en una especie de áreas en rompecabezas parecido al que posibilitó el arreglo en la ex Yugoslavia. Incluso llegó al extremo de repartir el subsuelo lleno de catacumbas y pasajes subterráneos. Pero le faltó tiempo.
Desafortunadamente, Barak perdió el poder y lo sucedió Sharon, acusado de múltiples matanzas de palestinos y quien no tiene interés alguno en ceder. Ello se unió al advenimiento de un nuevo gobierno en Washington, presidido por George Bush hijo, quien no ha mostrado mayor interés en el proceso negociador de su predecesor y que, en cambio, ha endosado la política dura de Sharon.
El resultado de todo aquello los hemos estado viendo desde que el pasado 7 de febrero, Sharon ganó el poder. Todos los días, soldados israelíes matan niños y ciudadanos inermes palestinos que reclaman sus derechos, mientras que los árabes responden con despreciable terrorismo. Ahora, en cambio, la guerra se lleva al corazón financiero, político y militar de Estados Unidos, quien no puede alegar ser ajeno al conflicto palestino - israelí. La salida es la negociación, no la guerra.


101 años de Panamá América

 
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