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El Canal de Panamá y América Latina en una nueva era


Como norteamericano por adopción, me he sentido muy orgulloso de mi nuevo hogar durante los últimos veinte años. Aquí he logrado progresar profesionalmente de una manera que, estoy convencido, nunca lo habría podido hacer en otro sitio, incluso en mi país natal, Panamá. Por ello, tanto mi esposa -que también es panameña- como yo, tenemos mucho que agradecer. Nuestros dos hijos nacieron aquí. Compartimos muchos de los valores que la mayoría de los ciudadanos de este país tanto aman y deseamos lo mejor para él. No obstante, eso no significa que me haya olvidado de mis raíces panameñas. Esto es especialmente importante en uno de los sucesos más importantes en la historia de Panamá: la reversión a manos panameñas de la Zona del Canal (la Zona del Canal incluye el canal, pero es mucho más que eso, de muchas maneras). Desafortunadamente, lo que debió haber sido una ocasión especial para que los Estados Unidos demostrara la manera más equitativa con que, según dice, ve a Panamá y a Latinoamérica, la ceremonia especial para celebrar la ocasión el 14 de diciembre fue boicoteada por el gobierno norteamericano. Y de manera partidista por republicanos derechistas y demócratas desinteresados y descorteses, por decir lo menos. Por esa razón quiero alzar una fuerte voz de protesta ante la comunidad científica internacional como nativo de Panamá y residente de los Estados Unidos, leal a ambos.
Los Estados Unidos entra al siglo 21 demostrando, por lo menos en lo que concierne a Latinoamérica, una gran ignorancia y falta de respeto y visión. El Gobierno de los Estados Unidos decidió que este suceso trascendental para Panamá -aunque fuera sólo por su simbolismo para Panamá y Latinoamérica- debía considerarse un suceso de tercera categoría en su agenda de política exterior. El presidente Clinton, que había sido invitado personalmente por la nueva presidenta de Panamá, Mireya Moscoso, el mes pasado, decidió no venir, delegando esa función en Madeleine Albright, la secretaria de Estado, quien a su vez decidió seguir el ejemplo de su jefe en la Casa Blanca y no asistir al acontecimiento en Panamá. El ex presidente Carter, quien firmó el Tratado Torrijos-Carter que devuelve a Panamá la Zona del Canal (la que incluye el canal), encabezó la delegación de Estados Unidos. Aún cuando esto es apropiado, está claramente muy lejos de ser lo que debió haber sido un acto obligatorio.
Cualquiera puede comprender cuán insultante es este gesto del Gobierno de los Estados Unidos para con un país amigo como lo es Panamá. La interpretación que le puedan dar Panamá y la mayor parte de Latinoamérica es simple: Los Estados Unidos todavía consideran a sus vecinos del sur como "repúblicas bananeras", que son importantes solamente cuando están en juego su comercio exterior y la cuestión de las drogas ilícitas. Habiéndose terminado la Guerra Fría, esto es todo lo que queda para Latinoamérica en la agenda de relaciones exteriores del gobierno norteamericano. Suena duro, pero es verdad.
Los Estados Unidos tiene una oportunidad histórica de relacionarse con sus vecinos del Sur de una manera que ni Europa ni Asia pueden hacerlo. Su arrogante actitud tendrá, sin embargo, repercusiones en el futuro. Los países latinoamericanos están llegando a "la mayoría de edad" y están encontrando "amigos" donde más les conviene. Los esfuerzos europeos y asiáticos por establecer vínculos con América Latina rendirán sus frutos -y así deberá ser- especialmente ya que los Estados Unidos no demuestra verdadero interés en la región. A pesar de los problemas, no hay duda de que la globalización de las economías constituirá eventualmente un factor positivo para los países de la región: están firmando acuerdos de libre comercio con Europa y entre sí de minuto a minuto, en tanto que aquí en el norte del continente estamos mostrando una actitud imperialista hacia la región: ella es simplemente nuestro país trasero y estará allí cuando decidamos ir donde ella. Pues bien, espero que no sea demasiado poco, demasiado tarde cuando los Estados Unidos se den cuenta de su gran error en el futuro y que finalmente decida ser un verdadero socio de los países latinoamericanos de manera más respetuosa y equitativa.
Sin embargo, más allá de las consecuencias económicas existe la cuestión de principio de hacer lo que es moral e históricamente correcto. Revertir la Zona del Canal a Panamá era lo correcto. Los Estados Unidos debe sentirse orgulloso de haber construido esta gran obra, hija de su ingenio, y más orgulloso aún por haber tomado la decisión histórica de devolverlo a Panamá en lo que debió haber constituido un final caballeroso para un período colonial, y el comienzo de una nueva era en las relaciones de Estados Unidos con Latinoamérica.
Panamá se enfrentará a muchos obstáculos ahora que estará administrando el Canal por sí sola. Indudablemente hará lo mejor que pueda. No debe haber ninguna duda al respecto. Necesitará, no obstante, la ayuda de sus amigos en todo el mundo para tener éxito. En este empeño, la ciencia y la tecnología serán cruciales. A pesar de las acciones de su gobierno, sé que muchos norteamericanos tienen interés en ver a Panamá y a los otros países latinoamericanos dar finalmente el salto hacia el Primer Mundo durante las próximas décadas. Invito a mis colegas en los Estados Unidos y otras partes del mundo a unirse a Panamá y a los otros países latinoamericanos a aventurarse con optimismo en el Siglo XXI.

101 años de Panamá América

 
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