El Canal y el naufragio del Eiwa Maru
Despachos internacionales narran los detalles del naufragio el sábado pasado del buque japonés de 411 toneladas, Eiwa Maru, en las costas de Shizuoka, al oeste de Japón, a sólo 19 kilómetros de la localidad de Minamitzu, tras chocar con el Ever Reward, de 53 mil toneladas. Se reportaron solo cuatro heridos, luego que la tripulación de la nave hundida fuera rescatada. Fuentes oficiales informan que “la visibilidad y las condiciones climáticas eran normales cuando ocurrió el accidente”. Bueno, no fue el hundimiento del Titanic, pero pudo haber sido peor. ¿Qué tiene que ver el accidente con el distante Canal de Panamá, al otro lado del mundo? Demasiado.
No, no nos referimos a la bandera panameña bajo la cual operaba el Ever Reward, cuyo impacto echó a pique al Eiwa Maru. Mayor grado de relación, incluso, lo tenía el clima y el estado tranquilo de las aguas al momento del siniestro, porque las aguas del Canal suelen ser tranquilas. No en vano su extremo sur fue llamado Pacífico luego de ser descubierto por Vasco Nuñez de Balboa en 1513, mientras su terminal norte del Caribe, es aun más apacible. Allí ni siquiera hay olas y la marea no sube ni baja. Pero allí está en parte el problema.
Lo apacible de las aguas que rodean el Canal y el de su decurso, genera confianza que puede ser excesiva. En su cauce se han producido raros hundimientos, y esporádicas colisiones tanto de buques entre sí como de éstos cuando golpean con las paredes de concreto de sus esclusas. Son inevitables, si se considera la treintena de barcos que suele pasar diariamente, algunos de los cuales lo hacen inmóviles, a pocos centímetros de cada pared, sujetos a cables tirados por mulas, que son remolcadores sobre rieles. Sin embargo, en las esclusas, el peligro de daños mayores es mínimo, y consisten más bien en rozaduras y abolladuras costosas, pero relativamente intrascendentes. Hacia el centro de vía hay que atravesar el Lago Gatún, que se está ensanchando. Es un sitio de más riesgo, pero eso está mejorando. De hecho, bajo administración panameña de la vía, el Canal ha roto todos su registros de seguridad. Difícilmente se podrá, hacer más de eso, pero los panameños lo siguen intentándolo.
Hay un problema. Periódicamente atraviesan la vía barcos portando carga radiactiva entre Japón y plantas de reciclaje situadas en Francia e Inglaterra. Prestigiosas organizaciones ambientalistas internacionales como Green Peace han advertido de los peligros de accidentes y de una potencial catástrofe. Son buques muy seguros, con doble cubierta, constantemente comunicados y vigilados. Pero hay riesgos que no es nuestra intención abordar.
El Eiwa Maru se hundió el sábado luego de colisionar con otro cerca de una ciudad japonesa. Venía cargado de productos químicos y los olores que despiden son tremendos. Nadie habla de los efectos ambientales. Era un barco pequeño. Pero pudo haber sido peor. Pudimos ser nosotros.
Entretanto, Ingeniería de Vías busca el arbitraje para solucionar el problema, que hasta ahora se ha tratado entre las partes involucradas e incluso, en los medios de comunicación, mientras PRONAVI la exhorta a que acuda a los juzgados y que presente un proceso ejecutivo que determinará quién tiene la razón.
No, no nos referimos a la bandera panameña bajo la cual operaba el Ever Reward, cuyo impacto echó a pique al Eiwa Maru. Mayor grado de relación, incluso, lo tenía el clima y el estado tranquilo de las aguas al momento del siniestro, porque las aguas del Canal suelen ser tranquilas. No en vano su extremo sur fue llamado Pacífico luego de ser descubierto por Vasco Nuñez de Balboa en 1513, mientras su terminal norte del Caribe, es aun más apacible. Allí ni siquiera hay olas y la marea no sube ni baja. Pero allí está en parte el problema.
Lo apacible de las aguas que rodean el Canal y el de su decurso, genera confianza que puede ser excesiva. En su cauce se han producido raros hundimientos, y esporádicas colisiones tanto de buques entre sí como de éstos cuando golpean con las paredes de concreto de sus esclusas. Son inevitables, si se considera la treintena de barcos que suele pasar diariamente, algunos de los cuales lo hacen inmóviles, a pocos centímetros de cada pared, sujetos a cables tirados por mulas, que son remolcadores sobre rieles. Sin embargo, en las esclusas, el peligro de daños mayores es mínimo, y consisten más bien en rozaduras y abolladuras costosas, pero relativamente intrascendentes. Hacia el centro de vía hay que atravesar el Lago Gatún, que se está ensanchando. Es un sitio de más riesgo, pero eso está mejorando. De hecho, bajo administración panameña de la vía, el Canal ha roto todos su registros de seguridad. Difícilmente se podrá, hacer más de eso, pero los panameños lo siguen intentándolo.
Hay un problema. Periódicamente atraviesan la vía barcos portando carga radiactiva entre Japón y plantas de reciclaje situadas en Francia e Inglaterra. Prestigiosas organizaciones ambientalistas internacionales como Green Peace han advertido de los peligros de accidentes y de una potencial catástrofe. Son buques muy seguros, con doble cubierta, constantemente comunicados y vigilados. Pero hay riesgos que no es nuestra intención abordar.
El Eiwa Maru se hundió el sábado luego de colisionar con otro cerca de una ciudad japonesa. Venía cargado de productos químicos y los olores que despiden son tremendos. Nadie habla de los efectos ambientales. Era un barco pequeño. Pero pudo haber sido peor. Pudimos ser nosotros.
Entretanto, Ingeniería de Vías busca el arbitraje para solucionar el problema, que hasta ahora se ha tratado entre las partes involucradas e incluso, en los medios de comunicación, mientras PRONAVI la exhorta a que acuda a los juzgados y que presente un proceso ejecutivo que determinará quién tiene la razón.