El Cardenal: los puntos sobre las íes
Hace una semana en los locales de FE TV, el Cardenal hondureño Oscar Rodríguez, puso los puntos sobres las íes al exponer coherentemente su visión de la ética y la política, del desarrollo y la equidad, de la igualdad y la libertad; y de la, según él, olvidada fraternidad. Incisivas, fulgurantes y edificantes fueron sus palabras, que ojalá hayan caído como semillas en suelo fértil y que no se queden flotando en el limbo. El prelado dijo muchas cosas, de las cuales sólo quisiéramos comentar hoy dos: La corrupción: ¿Cómo entender el poder si no es como servicio? ¿Cómo devolver a la política la dignidad? ¿Seguir divorciando la ética de la política? La preocupación del Cardenal es totalmente justificada, y más aún cuando se cuantifica la dimensión de esta (permítame llamarla así) tragedia.
"La corrupción y la incompetencia en América Latina durante los últimos 25 años le han costado a la región unos 600,000 millones de dólares", o sea unos 24 mil millones de dólares por año. Los cañonazos de la corrupción son impresionantes, pues "de cada 100 mil dólares, la comisión comprometerá a un alto funcionario pero no de rango máximo. De cada millón de dólares, interesará a los directores generales. De cada 10 millones de dólares, interesará a un ministro y a sus principales colaboradores. De cada 100 millones de dólares, puede despertar la seria atención de un jefe de Estado"( Gustavo Coronel, capítulo venezolano de Transparencia)
La corrupción es un sistema de comportamiento de una red en la que participan un agente (individual o social) con intereses particulares y con poder de influencia para garantizar condiciones de impunidad, a fin de lograr que un grupo investido de capacidad de decisión de funcionarios o de personas particulares, realicen actos ilegítimos que violan los valores éticos de honradez, probidad y justicia, y que pueden también ser actos ilícitos que violan normas legales para obtener beneficios económicos o de posición política o social en perjuicio del bien común. Entonces, no se trata de un acto aislado, sino de un sistema de comportamiento, de una cadena comunicacional en negativo. El agente desencadenante es el grupo o persona que tiene poder económico y político.
La actuación de los que tienen decisión no se da en forma aislada, sino que hay la tendencia a arrastrar a un grupo de funcionarios o de personas particulares; se forman redes de corrupción. La condición para actuar es contar con garantías de impunidad: no hay corrupción sin impunidad, como afirma Napoleón Saltos, El pensamiento único.
El Cardenal situó el marco global mundial como la agudización de la brecha entre riqueza y pobreza, y varias veces criticó el peligro del dominio del pensamiento único.
Para algunos no hace falta otros pensamientos ni discutir modelos, sino sólo afirmar que el puro mercado es como la lámpara de Aladino que lo resuelve todo. Se trata del pensamiento único, y hoy atreverse a cuestionarlo es delito de lesa majestad para los que consagran este desorden de cosas. Este pensamiento único totalitario -abarca todas las dimensiones humanas- pone sólo en manos del mercado la solución de los problemas sociales, como el desempleo, la pobreza rural y urbana; la crisis de la vivienda y otros. Es decir "la mano invisible" de la oferta y la demanda posee la magia para redistribuir ingresos y generar equidad, por lo que sólo hay que dejarla actuar. Por el contrario, vivimos a expensas de modelos de crecimiento socioeconómicos que son fabricantes de desigualdades y brechas con abismales distribuciones de la riqueza. Si no, que lo digan el millón de pobres y el medio millón de extremadamente pobres que dibujan el rostro de Panamá, cónsono con el aumento de la pobreza en el mundo.
Para el sociólogo francés Alain Touraine, Director del Instituto de Estudios Superiores en París, este pensamiento afirma que únicamente la liberalización de la economía y la supresión de las formas caducas y degradadas de intervención estatal, son suficientes para garantizar el desarrollo.
La economía sólo debe ser regulada por ella misma; es decir por los bancos, por los bufetes de abogados, por las agencias de rating y en las reuniones de los jefes de Estado más ricos y de los gobernadores de sus bancos centrales.
La ideología única afirma que se ha creado un sistema mundial autorregulado y, por lo tanto, la economía debe salirse de los controles políticos y sociales. El mundo parece encaminarse no hacia una globalización, sino hacia una trilateralización (Europa, Japón y EE.UU.). Vivimos más una hegemonía norteamericana que una internacionalización de las comunicaciones masivas. Presenciamos a la creación de redes financieras mundiales, en lugar de la conformación de una economía mundial (sólo 2% de los movimientos de capital corresponde al intercambio de bienes y servicios); o sea, el predominio del capital financiero internacional sobre los otros sectores. El sistema así concebido no asegura por sí mismo el aumento del nivel de vida, la inversión a largo plazo, el espíritu empresarial, la integración y la justicia social, la satisfacción de las personas. Oscar Rodríguez lo llamó por su nombre: capitalismo salvaje. Gracias Cardenal, por los rayos de luz.
(raulleisr@hotmail.com)
Rogelio Caisamo se apoyó en la historia de terrenos “que nos pertenecen porque aquí hemos vivido desde siempre”. Su narración fue fluida y citaba con precisión años y nombres.
Emilio, el presidente de la Cultura, señaló que para 1968, la población era de apenas unas 40 ó 50 personas. Ahora son 475 en tres corregimientos y no dejaremos “que nos saquen de ti”.
Antes de concluir el congreso era necesario volver a danzar. Las mujeres lo hicieron en principio y lo repetirían con un número contagioso en el que la más pequeña, de unos cuatro años, se movía al ritmo del carrizo y la caja del conjunto de Emilio.
El baile, según nos explicó Yazury Teucamo, de la Fundación Dobo Yala y presidenta de la Asociación de Mujeres, se llama “danza del mono”.
Las bailarinas, unas 12, saltaban en hilera y recogían sus cuerpos de arriba abajo, tal como el nombre del número lo sugería. Se llevaban las manos a la cabeza y danzaban en círculo.
Los hombres se les unieron luego. El acto se extendió por casi tres horas y los emberás, que es la única etnia radicada en Mogue, se esmeraron porque todo saliera bien y así fue.
"La corrupción y la incompetencia en América Latina durante los últimos 25 años le han costado a la región unos 600,000 millones de dólares", o sea unos 24 mil millones de dólares por año. Los cañonazos de la corrupción son impresionantes, pues "de cada 100 mil dólares, la comisión comprometerá a un alto funcionario pero no de rango máximo. De cada millón de dólares, interesará a los directores generales. De cada 10 millones de dólares, interesará a un ministro y a sus principales colaboradores. De cada 100 millones de dólares, puede despertar la seria atención de un jefe de Estado"( Gustavo Coronel, capítulo venezolano de Transparencia)
La corrupción es un sistema de comportamiento de una red en la que participan un agente (individual o social) con intereses particulares y con poder de influencia para garantizar condiciones de impunidad, a fin de lograr que un grupo investido de capacidad de decisión de funcionarios o de personas particulares, realicen actos ilegítimos que violan los valores éticos de honradez, probidad y justicia, y que pueden también ser actos ilícitos que violan normas legales para obtener beneficios económicos o de posición política o social en perjuicio del bien común. Entonces, no se trata de un acto aislado, sino de un sistema de comportamiento, de una cadena comunicacional en negativo. El agente desencadenante es el grupo o persona que tiene poder económico y político.
La actuación de los que tienen decisión no se da en forma aislada, sino que hay la tendencia a arrastrar a un grupo de funcionarios o de personas particulares; se forman redes de corrupción. La condición para actuar es contar con garantías de impunidad: no hay corrupción sin impunidad, como afirma Napoleón Saltos, El pensamiento único.
El Cardenal situó el marco global mundial como la agudización de la brecha entre riqueza y pobreza, y varias veces criticó el peligro del dominio del pensamiento único.
Para algunos no hace falta otros pensamientos ni discutir modelos, sino sólo afirmar que el puro mercado es como la lámpara de Aladino que lo resuelve todo. Se trata del pensamiento único, y hoy atreverse a cuestionarlo es delito de lesa majestad para los que consagran este desorden de cosas. Este pensamiento único totalitario -abarca todas las dimensiones humanas- pone sólo en manos del mercado la solución de los problemas sociales, como el desempleo, la pobreza rural y urbana; la crisis de la vivienda y otros. Es decir "la mano invisible" de la oferta y la demanda posee la magia para redistribuir ingresos y generar equidad, por lo que sólo hay que dejarla actuar. Por el contrario, vivimos a expensas de modelos de crecimiento socioeconómicos que son fabricantes de desigualdades y brechas con abismales distribuciones de la riqueza. Si no, que lo digan el millón de pobres y el medio millón de extremadamente pobres que dibujan el rostro de Panamá, cónsono con el aumento de la pobreza en el mundo.
Para el sociólogo francés Alain Touraine, Director del Instituto de Estudios Superiores en París, este pensamiento afirma que únicamente la liberalización de la economía y la supresión de las formas caducas y degradadas de intervención estatal, son suficientes para garantizar el desarrollo.
La economía sólo debe ser regulada por ella misma; es decir por los bancos, por los bufetes de abogados, por las agencias de rating y en las reuniones de los jefes de Estado más ricos y de los gobernadores de sus bancos centrales.
La ideología única afirma que se ha creado un sistema mundial autorregulado y, por lo tanto, la economía debe salirse de los controles políticos y sociales. El mundo parece encaminarse no hacia una globalización, sino hacia una trilateralización (Europa, Japón y EE.UU.). Vivimos más una hegemonía norteamericana que una internacionalización de las comunicaciones masivas. Presenciamos a la creación de redes financieras mundiales, en lugar de la conformación de una economía mundial (sólo 2% de los movimientos de capital corresponde al intercambio de bienes y servicios); o sea, el predominio del capital financiero internacional sobre los otros sectores. El sistema así concebido no asegura por sí mismo el aumento del nivel de vida, la inversión a largo plazo, el espíritu empresarial, la integración y la justicia social, la satisfacción de las personas. Oscar Rodríguez lo llamó por su nombre: capitalismo salvaje. Gracias Cardenal, por los rayos de luz.
(raulleisr@hotmail.com)
Rogelio Caisamo se apoyó en la historia de terrenos “que nos pertenecen porque aquí hemos vivido desde siempre”. Su narración fue fluida y citaba con precisión años y nombres.
Emilio, el presidente de la Cultura, señaló que para 1968, la población era de apenas unas 40 ó 50 personas. Ahora son 475 en tres corregimientos y no dejaremos “que nos saquen de ti”.
Antes de concluir el congreso era necesario volver a danzar. Las mujeres lo hicieron en principio y lo repetirían con un número contagioso en el que la más pequeña, de unos cuatro años, se movía al ritmo del carrizo y la caja del conjunto de Emilio.
El baile, según nos explicó Yazury Teucamo, de la Fundación Dobo Yala y presidenta de la Asociación de Mujeres, se llama “danza del mono”.
Las bailarinas, unas 12, saltaban en hilera y recogían sus cuerpos de arriba abajo, tal como el nombre del número lo sugería. Se llevaban las manos a la cabeza y danzaban en círculo.
Los hombres se les unieron luego. El acto se extendió por casi tres horas y los emberás, que es la única etnia radicada en Mogue, se esmeraron porque todo saliera bien y así fue.