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El careo de Magda Maxwell



Nuestra Administración de Justicia nunca deja de sorprendernos en su porfiado andar de mal a peor. Acaban de liberar a un grupo de abogados involucrados en la Operación Divino Niño, que dio con una multimillonaria organización dedicada al lavado de dinero del narcotráfico. Pero no son los únicos. Si se hiciera un diagnóstico a cargo de expertos juristas de los hábeas corpus, amparos y fallos judiciales en materia de narcotraficantes y demás de los últimos diez años, nos espantaría descubrir que muchos grandes capos y sus colaboradores fueron puestos en libertad por discutibles fallos fundados en endebles tecnicismos legales.
A la periodista Magda Maxwell tocó hacer un reportaje sobre uno de esos discutibles casos. Se introdujo subrepticiamente en los predios del aeropuerto de Albrook y filmó una avioneta cargada de cocaína hasta el tope, en momentos que su tripulación de mexicanos se aprestaba a despegar. Fue detenida; y si el material filmado no le fue decomisado, fue porque la obstinada colega se aferró a las cámaras y casetes, apretándolas contra su cuerpo, mientras los agentes antinarcóticos forcejeaban y cargaban con ella en vilo. Fue liberada a las pocas horas y el material salió luego en su noticiero. Pero allí no acaba la historia.
Un par de meses después, la tripulación fue liberada tras un fallo a su favor y más tarde lo fue también la avioneta que estaba siendo usada por altos funcionarios, tras haber amenazado sus tripulantes con demandarlos junto con el Estado. ¿Con qué base los liberaron, les devolvieron la aeronave y casi también la carga? En que la misma era de bandera extranjera y no se había pedido permiso al país de origen.
Ahora, la periodista Maxwell está de nuevo frente a otro exabrupto judicial. Un juez pretende someterla a un careo con David Viteri, a quien se sindica por supuesto tumbe de drogas y delitos conexos. Esto es un disparate de principio a fin. El reportaje y entrevista hecho por la periodista ya fue ratificado por ella.
Por eso, el careo carece de sentido; y más cuando Magda no está obligada a declarar al amparo del principio de "reserva de la fuente" y del régimen vigente de "protección de testigos". ¿Qué pretenden? ¿Acallar a la periodista mediante la sutil estratagema de enemistarla con los carteles de la droga? ¿A qué torcido y oscuro interés sirve esa diligencia?

101 años de Panamá América

 
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