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El carnaval de "Lázaro"


PARTAMOS DE la premisa de que el carnaval es una fiesta de desorden, donde abunda la máscara para quienes tienen otro comportamiento público el resto del año...
SI NO OCURRE nada extraordinario en el reducido espacio de tiempo que nos espera del carnaval 2005, la fiesta nacional del rey modo será celebrada, para beneplácito de propios y visitantes, en el parque Unión de Chitré. La fiesta más popular del país vuelve al sitio de donde nunca debió haber salido.
¿Qué hacía una fiesta del máximo descontrol en frente del único camposanto del distrito cabecera de Herrera? ¿Qué hubo detrás de aquella decisión? ¿Fue responsabilidad exclusiva de Abraham, el "enterrador"? ¿Quiénes, además de aquél, lo acompañaron con pico y pala en la ingrata faena de abrirle la fosa mortuoria al carnaval chitreano en el estacionamiento del Estadio "Rico Cedeño"? Tal vez las respuestas no se conocerán pronto porque las exhumaciones tardan, y es posible que no exista interés genuino por averiguarlo.
Lo trascendental son algunas aristas en torno al tema que ahora sí se pueden abordar. Se recordará que el retorno del carnaval chitreano al parque Unión fue planteado en los medios de comunicación en diciembre. Y siendo así, no era (ni es) posible discutir sobre una fiesta tan relajada en el marco de unas festividades tan serias como el Día de la Madre, Navidad y fin de año. En aquellas semanas el debate pasó inadvertido para el gran público y no merecieron mayores comentarios los aletazos de oposición al retorno de la fiesta a su cuna original. La sola circunstancia de que el pueblo apoyó masivamente la decisión oficial de trasladar el carnaval a su única sede conocida, dejó sin piso ni techo las alegaciones en contra asignadas por sus pequeñeces parroquiales, prejuiciadas de malo augurios, repletas de desastres inimaginables y otros holocaustos de pronósticos reservados.
Asumo que ningún chitreano querrá que el carnaval fracase, incluyendo los que se oponen a que la fiesta se celebre en el parque. Y las autoridades, por partida doble, deben estar sólo comprometidas con el éxito de esa actividad popular. Si el carnaval recupera el esplendor de antes, los buenos comentarios beneficiarán a todos los que tenemos célula 6. Y los réditos serán de todo tipo: económicos para algunos y de simple y auténtico orgullo para la gran mayoría. Cualquier cosa adicional no importará.
Partamos de la premisa de que el carnaval es una fiesta de desorden en donde abunda la máscara para quienes tienen otro comportamiento público el resto del año; pero en donde igual proliferan las autenticidades que algunos ocultan, disimulan o el puritanismo los obligan a que lo hagan, por los 361 días restantes del calendario.
Conocido el inevitable, y hasta saludable, desorden, reconozcamos que el parque, hoy por hoy, nos enorgullece a todos. Su pulcritud y su flora habla bien de quienes fueron y son responsables del brillo con que luce el Parque Unión. Y aunque pueda sonar fácil decirlo, la tarea para el carnaval 2005 en el Parque Unión es que hay que ser prudentes y vigilantes, sin exagerar nada. Hay que facilitarle al pueblo gozar a plenitud la fiesta en el marco de reglas de respeto hacia el parque, a la Iglesia y a la hospitalidad del chitreano. Y si esas reglas son imperceptibles, pero firmes, mejor. Habrá, por esos insondables secretos de las siquis de la especie humana, quienes sueñan con que el carnaval fracase y que, de paso, el parque sea destruido más allá de lo que normalmente sería de esperar. Y de esos, más que de borrachos e impertinente, tienen que cuidarse las autoridades que tendrán a cargo la seguridad del carnaval y los chitreanos de verdad.
El carnaval es una fiesta para gozar con agua, aguardiente, baile, culecos y murgas, no para medir el peso de argumentos ni para sacar ganadores o vencidos. Eso sí: que triunfe la tuna más bulliciosa, que hablen bien de la reina más alegre, que cause envidia la calle o el barrio más parrandero, que se comente quién se emborrachó o se durmió primero en plena vía pública, sobre quién bastó más y sobre quiénes gozaron con plata ajena, o sobre cuál pista se llenó en los 4 días de jolgorio inolvidable. Sobre tal o cual infidelidad sutil o descarada. O sobre aquella pelea callejera entre hombres o mujeres. Esto es, admitámoslo o no, no guste, nos preocupe o no nos importe, el carnaval desde tiempos impensables, el de Panamá y el del interior. Y para peor remedio, la fiesta se repetirá así el próximo año y hasta cuánto Dios quiera.
Pero cuando la circulación por las calles de Chitré regrese a la normalidad el miércoles de ceniza, que empiece de inmediato la restauración del parque Unión, encabezados por los responsables de las tunas y los comerciantes. No podemos darnos el lujo de contar jamás con parques secos, deshumanizantes y pálidos como el de Las Tablas o el de la Villa de Los Santos, por más que tengamos que consumir tiempo y esfuerzo para igualar o superar sus carnavales.
Yo estuve siempre por el carnaval en el Parque Unión, y libre mi pequeño "Waterloo" con el triste alcalde de la época. Confío en que él y todos los que vivimos esta fiesta, tengamos tiempo, ánimo y un poco de dinero para volver a divertirnos en los carnavales chitreanos en el querido y recordado Parque Unión. Y así por todo el tiempo que se nos conceda para vivir. Abogo para que el 2005 sea el carnaval de "Lázaro" en Chitré, que el santo patrono vuelva a ser el San Juan bautizador, y que todos nos comportemos como bien merecidos invitados en el resurgimiento de este jolgorio en la cabecera de la provincia herrerana.

101 años de Panamá América

 
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