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El caso de Félix Serrano


Félix Antonio Serrano Rodríguez desapareció el viernes 15 de abril de 1983. Tenía 21 años, era casado, padre de un niño y una niña. Laboraba como administrativo en la antigua Compañía de las Fuerzas de Defensa "Victoriano Lorenzo".

En horas de la tarde de ese día, había acudido a una fiesta del pelotón en el área de Fuerte Amador, sede del Cuartel de la Compañía "Victoriano Lorenzo". Su cuerpo fue encontrado flotando en las aguas de la playa de Naos, la mañana del domingo 17 de abril. Se encontró plenamente vestido. Su cartera tenía todos los documentos que llevaba consigo, incluso, algo de dinero, así como algunas monedas en el bolsillo del pantalón. Además, tenía su reloj puesto, y marcaba la una, hora en que sus familiares piensan que murió. El certificado de defunción dictaminó que su fallecimiento fue "a causa de fractura de la bóveda y base del cráneo".

Sus familiares obtuvieron información de que Félix fue golpeado con una manopla, y que el posible responsable de su muerte fue el capitán que entonces fungía como jefe del Fuerte Amador (Daniel Delgado Diamante). Al tratar de investigar, los superiores de Félix les respondieron a sus familiares que había sido un "accidente", pero no les presentaron ninguna prueba. En el Cuartel sólo recibieron evasivas y amenazas.

Según el Informe de la Comisión de la Verdad que investigó las desapariciones y asesinatos ocurridos en la época de la dictadura de Omar Torrijos y Noriega, el 17 de abril de ese año se iniciaron las investigaciones. El Ministerio Público sometió el sumario al conocimiento de los magistrados del Tribunal Superior de Justicia, y el 23 de agosto de 1983 dictaminó un sobreseimiento provisional.

Sin embargo, el señor Bolívar Serrano solicitó la apertura del caso, por considerar "la existencia de mano criminal en el óbito de su hermano…, por el hecho de que éste conocía el movimiento de drogas que a nivel de oficiales y demás miembros de la Guardia Nacional se venía dando en esa época".

Según la Comisión de la Verdad, "hay elementos de convicción suficientes para concluir que Félix Antonio Serrano Rodríguez fue ejecutado, arbitrariamente, por agentes estatales, y que su asesinato fue objeto de encubrimiento por las autoridades.

Los crímenes de lesa humanidad no prescriben. Cientos de ellos ocurrieron durante la dictadura de Omar Torrijos y Noriega. Sin embargo, se pretende continuar con la negación de los hechos y eximiendo de toda culpa a sus responsables, levantando monumentos por todas partes y poniendo el nombre del verdugo mayor a calles, avenidas, bibliotecas, centros recreativos, escuelas, etc., pretendiendo hacerle olvidar al pueblo la verdad de nuestra historia.

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