El caso de Irak
La invasión fue posible pero la ocupación, insostenible. Tal es la costosa y triste experiencia de la llamada guerra de Irak. El ataque inicial no fue afrontado; por tanto, no hubo guerra. La guerra no declarada por parte de Irak contra los Estados Unidos es la que se está librando ahora.
A medida que transcurren los días las explosiones aumentan, al igual que el número de muertos en las tropas invasoras. Aunque se diga que algunos de los atentados son producto de rivalidades religiosas, es innegable que son los rebeldes ciudadanos de Irak los causantes de las más de las bajas en aquella soldadesca.
Y a medida que pasen los días, mayor fuerza tendrán allí los movimientos contra las tropas ocupantes. Y actuarán con ventaja los insurgentes. Los nativos conocen bien su territorio y los refugios con los que pueden contar si, identificados, los buscan. Contarán con el apoyo de sus compatriotas y muy escasa es la colaboración que de ellos pueden esperar las tropas de ocupación.
El alarmante aumento de las bajas que sufren a diario los miembros del ejército de EE.UU., acrecentarán a lo interno del país el clamor por abandonar el territorio ocupado a la mayor brevedad. Resistirse a ello, será cosa vana. Cualquier potencial candidato del Partido Republicano que aspire a que lo proclamen para enfrentarse a quien como tal escoja el Partido Demócrata, no será más que un iluso. El presidente Bush inevitablemente será reemplazado en la Casa Blanca por un demócrata. Y éste, una vez en el poder, buscará diplomáticamente una fórmula digna para retirar de Irak las tropas norteamericanas, cuyos aliados ya están retirando las suyas paulatinamente.