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El caso de las abejas desaparecidas


Las llamadas abejas europeas de la miel (apis mellifera) han sido tan cercanas a la humanidad que, en muchas ocasiones, se han convertido en un vehículo didáctico para valorar las acciones humanas, tal es el caso de “Las abejas de Zeuz” de Esopo, donde aparecen como representantes de la envidia, como el de la “Fábula de las abejas” de Bernardo de Mandeville, obra en que el egoísmo surge como el motor principal de la acción social y moral. Ambas apreciaciones, sin embargo, emergen como injustas cuando pasamos al terreno práctico de la producción, donde se evidencia que estos laboriosos insectos no sólo producen para la humanidad cerca de 1.3 millones de toneladas métricas anuales de miel, sino que, también, generan el importante servicio de ecosistema de la polinización para aproximadamente una tercera parte de la agricultura mundial.

Todo eso, sin embargo, está en peligro de desaparecer, como lo demuestra un reciente artículo publicado por Diana Cox-Foster y Dennis vanEngelsdrop en el Scientific America Magazine bajo el título “Saving de Honeybee”, el cual llama la atención sobre el hecho de que, a causa de “trastorno del colapso de colonias” (CCD por sus siglas en inglés), hacia la primavera del 2007 habían desaparecido cerca del 30% de las colonias de abejas de los Estados Unidos. Este fenómeno, de acuerdo a los autores, se ha profundizado, afectando a no menos del 36% de los apicultores norteamericanos, a la vez que se reportan problemas similares en lugares tan distantes como Australia, Brasil, China y Europa.

El creciente consenso científico sobre el origen del problema apunta en la dirección de un conjunto multicausal de factores, todos ellos vinculados al acrecentamiento de la productividad y la ganancia crematística. El primer elemento se encuentra en la aparición de un virus conocido como el IAPV, que aniquila a las abejas debilitadas. El mismo, resulta oportuno añadir, tiene tres cepas, dos de las cuales ingresaron a Norteamérica desde Australia debido al levantamiento de una prohibición vigente, lograda gracias al cabildeo de las empresas de la industria de la almendra. El segundo factor se vincula con la creciente pérdida de diversidad a nivel de las flores que sirven de base a la alimentación de las abejas, producto de prácticas poco sostenibles, pero efectivamente rentables. La tercera causa se relaciona con la presencia de nuevos y económicamente más eficaces pesticidas que, junto al factor anterior, disminuyen la resistencia de las abejas.

Nos encontramos, en conclusión, frente a una nueva demostración de como el actual sistema económico, centrado exclusivamente en la generación de ganancias y la acumulación de capital, produce una brecha metabólica entre la sociedad y la naturaleza; esto impacta los ciclos y flujos naturales de materia y energía llevando a la insostenibilidad ambiental. Aparece así una profunda crisis ecológica, que no solo amenaza con comprometer el bienestar de las futuras generaciones, sino con la desaparición de la propia vida humana.

El episodio también muestra claramente que el cambio tecnológico no resulta social y ambientalmente neutro. El mismo, al guiarse exclusivamente hacia el beneficio económico, resulta más en un generador de problemas que en una fuente de soluciones. Frente a esto, la acción guiada a construir un sistema económico alterno, centrado en la vida y su desarrollo, resulta una tarea obligada.

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