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El caso Milanés


El caso de la panameña Haydeé Milanés de Lay no es noticia, es materia de periodismo de opinión, por las circunstancias controversiales que sustentan los hechos.

En un proceso conducido rigurosamente, a la panameña Milanés de Lay, de 61 años, el Tribunal Electoral le ha cancelado la nacionalidad panameña (Panamá América, 4-8-2008).

Las turbiedades que se le atribuyen en su vida pública no son novedosas en la conducta de la generalidad de nuestros líderes públicos. Si la panameña Milanés de Lay no fuera una militante conspicua de la política, hoy estaría resguardada por la indiferencia usual en delitos como los que se le atribuyen.

El asunto es que si se investigaran los antecedentes de todos nuestros líderes, habría tantas descalificaciones, que habría que posponer las elecciones, y si igual cosa se hiciera con los servidores públicos, podría resultar muy maltrecho el funcionamiento de la maquinaria administrativa del Estado.

Haber nacido unos kilómetros más allá y no unos kilómetros más acá de una línea divisoria imaginaria, ha sido fundamentalmente la alegada causa de la desgracia que aflige a la señora Milanés de Lay.

Nacer en un territorio dado es un hecho circunstancial que no garantiza la probidad, la lealtad y el amor a la patria del así nacido, y en infinidad de casos, los de la nacionalidad por nacimiento son superados en virtudes por los de nacionalidad por adopción, como es el caso de los próceres, los empresarios y los educadores que echaron a andar a este país, en un empuje económico y cultural vitalizador, antes, en el inicio, y durante toda la era republicana.

La patria es una idea, un ideal de bienestar. Pero realmente la patria es como la democracia, buena sólo para los que viven bien.

No es tan bonita y protectora como la imaginamos, pero es hermosa y sentimental, y encierra, tantos valores y triunfos, como fracasos y estigmas. Evocamos su nombre dos veces en el año, con lirismo poético y gran bulla y alborozo exterior.

La señora Milanés de Lay, además de los recursos legales, tiene otras opciones salidas de la filosofía social. Tener paciencia, sentarse a la puerta de su casa, y esperar que pasen los cadáveres de sus enenigos; perdonar cristianamente, y ser como el árbol de sándalo, que perfuma el hacha que lo hiere; o, marcharse y decir, como dijo a Roma, Escipión, "el africano", antes de desterrarse voluntariamente a Literna (Campania), indignado por una calumnia: "Ingrata patria, no poseerás mis cenizas".

101 años de Panamá América

 
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