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El censo y los portales cerrados


Hay que substituir la liberalización como principio por la modernización como objetivo, introduciendo leyes y planeamientos con fórmulas de gestión demográfica más imaginativas y menos encorsetadas, basadas en la planeación y construcción racional de una ciudad moderna.
Las políticas gubernamentales para encarar el futuro, además de ocuparse de infraestructuras y transportes, tendrán que atender a la localización de la residencia y a la escolaridad. Para ello tienen que prepararse programas con el fin de resolver los problemas derivados de la distancia entre el lugar de trabajo, el de ocio y el de residencia. Por otro lado, la fijación en el exclusivo interés económico de la vivienda está impidiendo una reflexión que ponga sobre la mesa la incorporación de nuevas pautas tecnológicas y constructivas, en aras de la economía y la eficiencia, junto a una renovación arquitectónica que apueste por la calidad y el buen gusto, y una nueva funcionalidad en torno a las formas de vida y las unidades ciudadanas de hoy en día. La familia ha cambiado, los hijos son menos pero tardan más tiempo en marchar de casa, las mujeres trabajan fuera, los abuelos viven más, hay otros modelos de pareja o familias uniparentales y, a pesar de todo, se sigue reproduciendo el mismo módulo de viviendas. Y no hablemos de lo que va a suponer, a la hora de organizar la vivienda, la integración de nuevas culturas.
Teniendo en cuenta el papel de planeación que le corresponde al Estado en materia urbanística, tenemos que entender que nos encontramos ante un problema cultural y educacional y que, sin disminuir el impacto de las cifras del censo y del negocio del sector construcción, es necesario plantear el equilibrio y la innovación que demandan estos tiempos de cambio. Estos factores tienen que venir de la introducción de una cultura que vaya más allá del caserío de las ciudades históricas, de la promoción del inquilinato como alternativa al mercado de bienes raíces, de que el sector privado y el público construyen viviendas en sus distintas modalidades para aquellos segmentos de la población que no pueden acceder al mercado libre, y de promover políticas incentivadoras de la ocupación de las viviendas que se construyen en áreas rurales del país. Así se logrará que en el futuro la capital no se convierta en un desastre demográfico, ni que tampoco las ciudades en el interior se conviertan en poblados brujos con espacios vacíos y portales cerrados.

101 años de Panamá América

 
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