El Centenario y la política
Debe ser por culpa de la prematura y extensa campaña política que estamos viviendo, pero muy poco percibo en los panameños el entusiasmo, el amor a la patria que la celebración del centenario debe despertar. La mayoría estamos pensando en cuestiones egoístas, comodidades personales, hasta el punto que me pregunto si tan magno evento se va a reverenciar con la solemnidad que se merece.
Sí culpo a la caricatura de política que sufrimos por imposición. Nada más tenemos que "volver la mirada y sentir espanto". Todo parece ser, ¡sálvese quien pueda! Los miembros de las dos supuestas fuerzas más grandes de nuestra política están o pasando agachados, o volando por lo alto, como es el caso de Mireya (y en estos días de parte de Martincito también). Tal pareciera que a nadie importa que continúe el rosario de "percepciones" de corrupción. Otros, por politiquería, se la pasan comiendo en lugares y fondas del pueblo, cosa que todos sabemos que sólo hacen en tiempos de matraqueo. Todavía el que más me impresiona es Pichulo. Sólo recientemente aceptó que no es un buen orador, lo cual es digno de elogio, por su sinceridad, lo que lleva a la gente a prestarle más atención.
Pero hay muchos ciudadanos que temen que la campaña política se va a convertir en una de trueque de insultos a diestra y siniestra. Yo espero que esta percepción no se convierta en realidad. Debo confesar, sin embargo, que a pesar de que opino que las encuestas son imperfectas, sirven como relativo elemento de medición del sentir general. Digo esto sin olvidar que las encuestas dan sorpresas. Todos lo sabemos.
No obstante, por primera vez he sentido una enorme desconfianza por una encuesta. Sé que muchos están convencidos que los resultados de éstas son consistentes con el deseo de los que las pagan. Yo nunca he adoptado esta posición. Pero las últimas encuestas de la televisión Canal 2 sí me han sorprendido hasta la casi total incredulidad. La más reciente, además de asignarle un porcentaje de votos superior al 50% a Martincito, lo cual no me da ni frío ni calor, sostienen que un alto porcentaje de los jóvenes que supuestamente votarán por Martincito dan como razón el hecho de que él es joven como ellos. Lo siento, hasta aquí no llega mi ingenuidad. Rehuso creer que nuestros jóvenes sean tan superficiales o se hayan vuelto tan cínicos.
En la campaña de 1994 vieron y vivieron un ejemplo muy gráfico: muchos jóvenes votaron por el Papa Egoró. Y este movimiento rápidamente pasó al olvido. El líder de este grupo era un destacado y popularísimo cantautor que se merece todo el elogio y el respaldo en el campo de la farándula. Acaba de ganar otro premio Grammy. Su historial lo coloca en posición comparable, proporciones guardadas, con Mano de Piedra, Laffit Pincay y Rodney Carew (este último merece que el nuevo estadio lleve su nombre, sin embargo, algunos racistas incorregibles se opusieron con éxito). Igual, Rubencito se merece reconocimiento especial pero... en su campo. Y paremos de contar. Ojalá que nuestros jóvenes mediten con mucha sensatez por quién van a votar para presidente en mayo de 2004.
Pero vuelvo al tema principal: las nuevas encuestas de TV-2 no convencen. Sin embargo, debemos reconocer que podrían tener un efecto positivo: a lo mejor despiertan de su letargo a todos los ciudadanos y los hace pensar con mayor seriedad y profundidad acerca de nuestros primeros 100 años de vida republicana. También deberían destacar la enorme responsabilidad que tenemos de elegir al presidente que se disponga a darle un giro de 180 grados a la politiquería que tanto daño le ha hecho a nuestra querida Patria.
Llegó el momento de seguir el mapa de ruta que devuelva a Panamá y sus gentes al derrotero que le tiene reservado el Todopoderoso y que la llevará a su inmortalidad. Todos debemos clamar, todos los días, en un solo haz de voluntades: ¡Panamá, tus hijos te amamos y por tu bienestar haremos hasta lo imposible!
Sí culpo a la caricatura de política que sufrimos por imposición. Nada más tenemos que "volver la mirada y sentir espanto". Todo parece ser, ¡sálvese quien pueda! Los miembros de las dos supuestas fuerzas más grandes de nuestra política están o pasando agachados, o volando por lo alto, como es el caso de Mireya (y en estos días de parte de Martincito también). Tal pareciera que a nadie importa que continúe el rosario de "percepciones" de corrupción. Otros, por politiquería, se la pasan comiendo en lugares y fondas del pueblo, cosa que todos sabemos que sólo hacen en tiempos de matraqueo. Todavía el que más me impresiona es Pichulo. Sólo recientemente aceptó que no es un buen orador, lo cual es digno de elogio, por su sinceridad, lo que lleva a la gente a prestarle más atención.
Pero hay muchos ciudadanos que temen que la campaña política se va a convertir en una de trueque de insultos a diestra y siniestra. Yo espero que esta percepción no se convierta en realidad. Debo confesar, sin embargo, que a pesar de que opino que las encuestas son imperfectas, sirven como relativo elemento de medición del sentir general. Digo esto sin olvidar que las encuestas dan sorpresas. Todos lo sabemos.
No obstante, por primera vez he sentido una enorme desconfianza por una encuesta. Sé que muchos están convencidos que los resultados de éstas son consistentes con el deseo de los que las pagan. Yo nunca he adoptado esta posición. Pero las últimas encuestas de la televisión Canal 2 sí me han sorprendido hasta la casi total incredulidad. La más reciente, además de asignarle un porcentaje de votos superior al 50% a Martincito, lo cual no me da ni frío ni calor, sostienen que un alto porcentaje de los jóvenes que supuestamente votarán por Martincito dan como razón el hecho de que él es joven como ellos. Lo siento, hasta aquí no llega mi ingenuidad. Rehuso creer que nuestros jóvenes sean tan superficiales o se hayan vuelto tan cínicos.
En la campaña de 1994 vieron y vivieron un ejemplo muy gráfico: muchos jóvenes votaron por el Papa Egoró. Y este movimiento rápidamente pasó al olvido. El líder de este grupo era un destacado y popularísimo cantautor que se merece todo el elogio y el respaldo en el campo de la farándula. Acaba de ganar otro premio Grammy. Su historial lo coloca en posición comparable, proporciones guardadas, con Mano de Piedra, Laffit Pincay y Rodney Carew (este último merece que el nuevo estadio lleve su nombre, sin embargo, algunos racistas incorregibles se opusieron con éxito). Igual, Rubencito se merece reconocimiento especial pero... en su campo. Y paremos de contar. Ojalá que nuestros jóvenes mediten con mucha sensatez por quién van a votar para presidente en mayo de 2004.
Pero vuelvo al tema principal: las nuevas encuestas de TV-2 no convencen. Sin embargo, debemos reconocer que podrían tener un efecto positivo: a lo mejor despiertan de su letargo a todos los ciudadanos y los hace pensar con mayor seriedad y profundidad acerca de nuestros primeros 100 años de vida republicana. También deberían destacar la enorme responsabilidad que tenemos de elegir al presidente que se disponga a darle un giro de 180 grados a la politiquería que tanto daño le ha hecho a nuestra querida Patria.
Llegó el momento de seguir el mapa de ruta que devuelva a Panamá y sus gentes al derrotero que le tiene reservado el Todopoderoso y que la llevará a su inmortalidad. Todos debemos clamar, todos los días, en un solo haz de voluntades: ¡Panamá, tus hijos te amamos y por tu bienestar haremos hasta lo imposible!