El C.M.A.
Afortunadamente no soy de los que tiene prejuicios de un nacionalismo de ultranza, caduco y sin razón de ser, pues nuestra plena soberanía, nuestra independencia política, la integración a Panamá de la vía interoceánica y el derecho exclusivo de decidir nuestro propio destino, quedaron establecidos desde 1977 con la firma y ratificación de los Tratados TorrijosCarter. Las cláusulas del mismo se han venido cumpliendo al pie de la letra. Este Tratado entre Panamá y los Estados Unidos es una realidad y la comunidad internacional lo respeta y lo avala.
Panamá ha venido demostrando plenamente su soberanía jurídica. El actual gobierno dijo NO a la presencia militar después del año 2000 en algunas bases que los Estados Unidos, de acuerdo con el Tratado, mantienen en ciertas áreas de la antigua Zona del Canal. El número de soldados norteamericanos están abandonando esos sitios de acuerdo con la cronología establecida, de manera que para el año 2000 cesará la presencia de soldados norteamericanos en ellas.
Panamá, haciendo uso del derecho soberano que nos concede la condición de nación libre e independiente, dispuso crear junto con los Estados Unidos, varios países europeos y naciones latinoamericanas como México, Brasil, Argentina, Colombia y Perú, entre otras, un Gran Centro para combatir el tráfico de drogas. Esta posición de nuestro país es consecuente frente a la realidad de un mundo nuevo que ha rebasado sus tradicionales costumbres y donde la cooperación entre las naciones se hace cada vez más imprescindible.
El CMA fue objeto de larguísimas, muy complicadas y complejas negociaciones entre Panamá y los Estados Unidos, para evitar que el mismo pudiera convertirse, por interpretaciones que le dieran las naciones involucradas al mismo, en una base militar "disfrazada".
Por supuesto, que no faltarán algunos extremistas con viejos resabios y otros en busca de notoriedad, que se opondrán al CMA. Hay, sin duda, panameños que de muy buena fe, pero equivocados, en mi concepto, que consideran que el establecimiento de él es perjudicial para nuestro país. Afortunadamente, unos y los otros son pocos. La inmensa mayoría de los panameños están a favor de su establecimiento.
El proyecto del CMA que yo conozco tiene cláusulas muy claras y precisas que limitan sus funciones exclusivamente a combatir el tráfico de drogas. Tendrá el centro, por lo delicado de sus funciones y la tecnología que requiere del patrullaje para detectar el tráfico de las drogas, de un contingente militar limitado. Hay que entender que son los ejércitos, en la mayoría de los países, los que han asumido la responsabilidad de proteger a la sociedad contra este flagelo que ha asumido proporciones tan alarmantes que hacen totalmente inoperantes las labores tradicionales que utilizaban las naciones para combatirlo.
Debe el gobierno, siguiendo su política de amplia comunicación, explicar en los distintos foros, en todos sus detalles, las concesiones que nuestro país está dispuesto a dar, para que este centro multinacional antidrogas sea efectivo para los fines que se persigue. Todos los partidos políticos, las entidades cívicas, los distintos grupos de opinión y hasta el último panameño deben conocer el acuerdo a que se ha llegado con los Estados Unidos y las otras naciones. Sólo así podrá el ciudadano ejercer su derecho y votar a conciencia y de manera responsable en el referéndum que tendrá que decidir en definitiva la suerte del CMA.
Los panameños debemos estar conscientes de que nuestra juventud, de todas las clases sociales y económicas, se encuentran en un peligro real de los estragos que la droga viene ocasionando. El crecimiento de su consumo en nuestro país es uno de los más altos en el continente. Si algunos de ustedes tienen duda de esta afirmación harían bien en acercarse a los Hogares Crea, a la Cruz Blanca, a ProVida entre otros grupos que integran personas generosas que se dedican a salvar las vidas de las víctimas de la drogadicción.
El CMA no debe dedicarse exclusivamente a combatir el tráfico de los estupefacientes, debe él convertirse también en un gran centro de docencia que procure la adopción de medidas que lleven a concientizar al individuo de los daños irreparables que para su organismo causan las drogas. Este centro debería, además, establecer normas que pudieran ser aplicadas por los distintos centros de rehabilitación aquí y en otras latitudes. La adopción de legislaciones uniformes para castigar severamente a los violadores de las disposiciones legales, podrían estar también entre sus objetivos. El CMA debería propiciar congresos, seminarios, etc., donde puedan concurrir las figuras más prestantes que en los distintos países han mostrado gran preocupación por los daños materiales y morales, que para una sociedad representa la drogadicción. Es decir, el CMA debe ser el Centro Mundial para combatir la droga en todas sus formas: prevenir, con educación; curar con sistemas modernos adecuados y sancionar con penas, que sean uniformes para todas las naciones.
Panamá ha venido demostrando plenamente su soberanía jurídica. El actual gobierno dijo NO a la presencia militar después del año 2000 en algunas bases que los Estados Unidos, de acuerdo con el Tratado, mantienen en ciertas áreas de la antigua Zona del Canal. El número de soldados norteamericanos están abandonando esos sitios de acuerdo con la cronología establecida, de manera que para el año 2000 cesará la presencia de soldados norteamericanos en ellas.
Panamá, haciendo uso del derecho soberano que nos concede la condición de nación libre e independiente, dispuso crear junto con los Estados Unidos, varios países europeos y naciones latinoamericanas como México, Brasil, Argentina, Colombia y Perú, entre otras, un Gran Centro para combatir el tráfico de drogas. Esta posición de nuestro país es consecuente frente a la realidad de un mundo nuevo que ha rebasado sus tradicionales costumbres y donde la cooperación entre las naciones se hace cada vez más imprescindible.
El CMA fue objeto de larguísimas, muy complicadas y complejas negociaciones entre Panamá y los Estados Unidos, para evitar que el mismo pudiera convertirse, por interpretaciones que le dieran las naciones involucradas al mismo, en una base militar "disfrazada".
Por supuesto, que no faltarán algunos extremistas con viejos resabios y otros en busca de notoriedad, que se opondrán al CMA. Hay, sin duda, panameños que de muy buena fe, pero equivocados, en mi concepto, que consideran que el establecimiento de él es perjudicial para nuestro país. Afortunadamente, unos y los otros son pocos. La inmensa mayoría de los panameños están a favor de su establecimiento.
El proyecto del CMA que yo conozco tiene cláusulas muy claras y precisas que limitan sus funciones exclusivamente a combatir el tráfico de drogas. Tendrá el centro, por lo delicado de sus funciones y la tecnología que requiere del patrullaje para detectar el tráfico de las drogas, de un contingente militar limitado. Hay que entender que son los ejércitos, en la mayoría de los países, los que han asumido la responsabilidad de proteger a la sociedad contra este flagelo que ha asumido proporciones tan alarmantes que hacen totalmente inoperantes las labores tradicionales que utilizaban las naciones para combatirlo.
Debe el gobierno, siguiendo su política de amplia comunicación, explicar en los distintos foros, en todos sus detalles, las concesiones que nuestro país está dispuesto a dar, para que este centro multinacional antidrogas sea efectivo para los fines que se persigue. Todos los partidos políticos, las entidades cívicas, los distintos grupos de opinión y hasta el último panameño deben conocer el acuerdo a que se ha llegado con los Estados Unidos y las otras naciones. Sólo así podrá el ciudadano ejercer su derecho y votar a conciencia y de manera responsable en el referéndum que tendrá que decidir en definitiva la suerte del CMA.
Los panameños debemos estar conscientes de que nuestra juventud, de todas las clases sociales y económicas, se encuentran en un peligro real de los estragos que la droga viene ocasionando. El crecimiento de su consumo en nuestro país es uno de los más altos en el continente. Si algunos de ustedes tienen duda de esta afirmación harían bien en acercarse a los Hogares Crea, a la Cruz Blanca, a ProVida entre otros grupos que integran personas generosas que se dedican a salvar las vidas de las víctimas de la drogadicción.
El CMA no debe dedicarse exclusivamente a combatir el tráfico de los estupefacientes, debe él convertirse también en un gran centro de docencia que procure la adopción de medidas que lleven a concientizar al individuo de los daños irreparables que para su organismo causan las drogas. Este centro debería, además, establecer normas que pudieran ser aplicadas por los distintos centros de rehabilitación aquí y en otras latitudes. La adopción de legislaciones uniformes para castigar severamente a los violadores de las disposiciones legales, podrían estar también entre sus objetivos. El CMA debería propiciar congresos, seminarios, etc., donde puedan concurrir las figuras más prestantes que en los distintos países han mostrado gran preocupación por los daños materiales y morales, que para una sociedad representa la drogadicción. Es decir, el CMA debe ser el Centro Mundial para combatir la droga en todas sus formas: prevenir, con educación; curar con sistemas modernos adecuados y sancionar con penas, que sean uniformes para todas las naciones.