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El co-gobierno nacional


Después de algunos días o semanas en que silencié, de manera voluntaria, la columna escrita que por más de dos años escribí en el diario El Panamá América los días lunes, vuelvo a tomar la pluma. Sin más pretensión que exteriorizar una opinión sobre los acontecimientos políticos y sociales que ocurren en nuestra sociedad. Fue mi propia conciencia la que me impulsó a dejar de escribir. Ahora lo digo con todas sus palabras: para los sectores populares no veo una alternativa clara, que los reivindique, que los organice, que los impulse en un salto hacia el futuro. Se nos avecinda una tormenta electoral y en un país con la atonía del nuestro, gobierno y oposición política se parecen tanto, como dos gotas de agua. Agravado todo por el papel que ha jugado la mayor parte de los llamados dirigentes populares. De luchadores sociales se han transformado en mediadores de los conflictos, en burócratas sindicales, en "formadores de consensos". Sólo basta ver y escuchar el nuevo lenguaje que, no podía ser de otra manera, las nuevas ciencias sociales santifican. Ahora se les oye hablar de "agendas de estado", consensos, diálogos sociales, sociedad civil y otros términos que terminan por confundir a los tontos. Como quien diría, el cambio del lenguaje expresa una modificación radical de la ideología del tránsfuga político. No es que no queden luchadores sociales honestos, pero aún no afloran en la conducción de sus movimientos y éstos siguen en manos de impostores.
Al parecer, la política panameña con su abanico electoral empieza a intoxicar el ánimo público. Estamos en los inicios de un reacomodo electoral de los partidos políticos que culminará con las candidaturas para el 2004. Por ahora solo se avizoran tendencias. Lo que pareciera más claro es que, en términos de las denominadas "políticas públicas", no parece haber diferencias entre gobierno y oposición. Los marcos impuestos por el neoliberalismo, han igualado las políticas de los dos grandes partidos políticos panameños, liquidando el primitivo populismo arnulfista y las veleidades socialdemócratas del Partido Revolucionario Democrático. Ello es más grave si se toma en cuenta que aún los sectores populares carecen de vitalidad para levantar alternativas válidas. Pensemos en la vitalidad de los movimientos sociales y políticos del Brasil, o de Argentina, o de Bolivia o de Ecuador. En ellos los procesos de masas para reconstruir democracias más plenas son ejemplares.
Nuestro país no parece salir del atraso político y del primitivismo ideológico del que se dolía, entre otros, Diógenes de la Rosa. El cuadro presentado no tiene más importancia que fijar los contornos objetivos entre los que nos tenemos que mover, los que aún creemos en la posibilidad de una sociedad mejor. No parece casualidad que la hora de la libertad americana frente al colonialismo hispánico, nos encontró casi al final, como que fuimos arrastrados por el torrente de la historia. Lo mismo ocurrió con la construcción de nuestra nación a fines del siglo XX. ¿Será que nos tocará seguir siendo los últimos en alcanzar nuestra definitiva independencia y sólo lo haremos cuando el resto de nuestros hermanos latinoamericanos la hayan alcanzado? A lo mejor.
Por ahora, el movimiento popular sólo puede prepararse para recomponer sus fuerzas, para reconstruir sus direcciones, para expulsar a sus eternos burócratas. También será tiempo propicio para expulsar de su seno "los otros demonios", para usar el lenguaje de García Márquez. El sectarismo, el vanguardismo y la falta de políticas claras.
En tanto los tiempos históricos son impredecibles, la próxima coyuntura electoral traerá una que otra sorpresa. Entre el Partido Revolucionario Democrático y el gobierno actual no existen diferencias ideológicas o políticas profundas. A lo sumo, lo que puede existir es una diferencia en el "estilo" de gobernar o en el mayor impulso social a ciertas políticas. Nada más. En lo demás han sido cómplices de una política de empobrecimiento general de las mayorías panameñas. Sólo bastaría que alguien con credibilidad levante, en un tono distinto, ciertas propuestas populares para que las candidaturas que parecen levantarse, desde el gobierno como del PRD, se desvanezcan como castillo de naipes. Preparémonos para aprender de esta nueva y necesaria experiencia.
En cuanto al número de personas por cuartos en los sectores pobres, éste es de 2.9, más del doble que el registrado en los no pobres (1.2).
Otro aspecto importante es que un 67.4% de la población pobre no posee título de propiedad, situación que la limita para desarrollar actividades generadoras de otros ingresos que mejoren su calidad de vida.

Los indicadores señalan que Panamá ha avanzado en la consolidación de la democracia, pero a pesar de ello, hay excesiva centralización, ineficiencia y débil participación de la sociedad civil.
La tasa de desempleo es casi el doble entre los residentes urbanos pobres, en comparación con los residentes urbanos no pobres.
La mitad de la fuerza laboral en Panamá está empleada en el sector informal, llámese operarios diurnos, empleadas domésticas o trabajadores por cuenta propia.
Cerca del 80% de los extremadamente pobres y el 70% de los trabajadores pobres se desempeñan en el sector informal de la economía, principalmente en empleos del sector agrícola, comercial y de servicios.
A su vez, el sexo femenino sigue siendo el menos favorecido, porque las panameñas tienen menos oportunidades laborales que su contraparte masculina.
Aunado a estas circunstancias, las mujeres pobres registran las mayores tasas de fecundidad con el consiguiente aumento de las responsabilidades domésticas, a las que se añaden la falta general de servicios de guardería y de acceso a otros servicios básicos.
El desempleo es significativamente alto entre los jóvenes panameños. En el renglón de jóvenes de 15 a 29 años alcanza un total del 24.1%. De 20 a 24 años representa un 18.1% y de 25 a 29 años alcanza el 12%.
Este fenómeno se acentúa entre los jóvenes urbanos, las mujeres jóvenes y los jóvenes de educación secundaria, lo que podría apuntar a la existencia de dificultades en la transición de la escuela al mundo laboral.
Los análisis indican que a pesar de que el trabajo infantil no parece ser un problema generalizado en Panamá, sí va en aumento. Los niños trabajadores suelen ser pobres en su totalidad y cuentan con menos años de escolaridad que aquéllos que tienen su misma edad, pero que no trabajan. En su mayoría son niños varones que viven en las áreas rurales e indígenas.

El normal suministro de los servicios básicos como agua potable y alcantarillados, servicios eléctricos y comunicación siguen siendo un sueño para los pobres.
En materia de servicio eléctrico un 25% de la población urbana no tiene acceso al mismo, por lo que sigue constituyendo un lujo inalcanzable para más del 60% de los pobres que habita en áreas rurales, y para más del 90% de la población indígena.
222El 16% de los menores de cinco años está afectado por alguna forma de desnutrición.
En cuanto a la eliminación de excretas, un 20% de los pobres no tiene ningún tipo de servicio sanitario en su vivienda, agravándose esta situación en las viviendas de las áreas indígenas, ya que el 56% de éstas carece de este servicio.
Puede mencionarse una tendencia hacia la centralización y fragmentación del sistema de salud con tres actores -Ministerio de Salud, Caja de Seguro Social y Sector Privado- que promueve la duplicación y subutilización de los servicios.
En el ámbito nacional apenas el 21% de la población tiene acceso a la educación universitaria, situación que se agrava en las áreas rurales, donde la cobertura sólo alcanza al 8% de la población y al 1% de la población indígena.
La falta de una red vial adecuada deteriora las relaciones familiares, debido al tiempo que las personas demoran en llegar a sus residencias; contribuye al estrés y al agotamiento físico que se acumula en las personas. Además, tiene un efecto económico por los costos crecientes de traslado, afectando la calidad de vida.

A pesar de este panorama que marca algunos aspectos negativos de la realidad social del país, la secretaria del Gabinete Social, Zuleika de Herbert y la doctora Astevia Vega, del Equipo Técnico, apuntaron que los indicadores reflejan mejoría en aspectos como disminución del analfabetismo y deserción escolar.
De acuerdo con Vega, la tasa de analfabetismo en la población indígena mejoró sustancialmente en comparación con el censo del 90 cuando era de 44.27% y en el del 2000 se estima en 34%.
Precisó que hay grandes logros porque Panamá es uno de los países con mayores esperanzas de vida de América Latina, ya que en el año 90 la esperanza estaba en 72.20 y para el año 2000, estaba en 74.50.
Agregó que la tasa de mortalidad infantil ha disminuido notablemente en comparación con el 90, cuando por cada mil nacidos, morían 18.9, y en el 2000, por cada mil nacidos mueren 16.7.
Según la experta, la desnutrición también ha disminuido, porque la prevalencia estaba en 5.6% en el 98 y bajó a 3% en el 2000.
Indicó que en materia de vacunación se ha logrado una cobertura del 97% y en algunos casos el 100%, en todo el país.
Vega detalló que los indicadores demuestran que se ha dado un aumento de los hogares jefaturados por mujeres y una disminución de la tasa de nupcialidad. Las parejas tienden a convivir en "uniones libres".
También reconoció que se registró un aumento del desempleo, lo que es un reflejo de la situación internacional.

El sociólogo y presidente del Centro de Estudio y Acción Social Panameño (CEASPA), Raúl Leis, consideró que la pobreza es un problema que requiere establecer cambios estructurales que trascienda los gobiernos.
Advirtió que Panamá es uno de los países que más recursos invierte en gasto social, pero no hay eficiencia ni trasparencia.
"Existe un divorcio entre los ingresos que se destinan a materia social y la pobreza, porque no debería existir ese alto porcentaje", sustentó.
Apuntó que este flagelo ha aumentado en los últimos 10 años del 37% al 41%, y no es culpa de los gobiernos, sino de cómo se ataca el problema.
Puntualizó que lo fundamental es redefinir la distribución de los ingresos y realizar cambios estructurales en el modelo de desarrollo del país.
"El problema de la pobreza es estructural, porque si no, lo hubiésemos solucionado con TELETON y otras actividades", acotó.
Bajo ninguna circunstancia se justifica que Panamá, con indicadores promedio mejores a los de la mayoría de los países en vías de desarrollo, presente índices de pobreza y condiciones de vida peores que otros con ingreso similar.
Al final el patrón sigue siendo el mismo: El 20% más rico de la población concentra más de la mitad de todo el consumo nacional y el 20% más pobre apenas logra adquirir el 3% del consumo total, lo que coloca a Panamá entre los países con mayor desigualdad en la distribución del ingreso del mundo.

101 años de Panamá América

 
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