default

El Coast Way


Y no Cause Way como dicen algunos, es a mi juicio uno de los paseos más bellos de la ciudad. Su acceso nos estuvo vedado a la mayoría de los panameños hasta octubre de 1979, cuando gracias a los Tratados TorrijosCarter, pudimos disfrutar desde entonces de su tranquilizante belleza. Hace poco escuché al Dr. Ardito Barletta, declarar en la televisión local, que la ARI, institución por él dirigida, nos cerrará su acceso durante dos años, por razón de las construcciones programadas para rescatar a Amador para el turismo. Esa noche casi no pude conciliar el sueño, ya que la decisión de cerrarnos el Coast Way, podría llevar implícito el que cambiara su concepción y por ende, la entrada de todas las clases sociales al mismo.
A la mañana siguiente me fui a correr y a disfrutar de la sensación de paz que transmite el paseo, pensando que quizá pronto desaparecerá para siempre de nuestro inventario visual. Al terminar la faena, una guardia de turno, luego de un breve intercambio de palabras al respecto, me comentó: "¿y por qué no cerraron el Puente de las Américas durante su reparación?". Parece que en Panamá, medité entonces, los carros y el transporte tuvieran más importancia que la gente. De esas contradicciones tratan estas breves palabras de llamado de atención.
Hace años a un salvaje se le ocurrió la "brillante" idea de echar abajo la Casa Miller, para construir sobre sus ruinas el bodrio que desde entonces ocupa ese espacio sobre la Avenida Central. Con la destrucción de esa Casa única por su arquitectura y por lo que significaba privaron a las futuras generaciones de entender cómo vivían los antillanos que vinieron a estas tierras a construir el canal y un país. Así también ha sucedido con otras edificaciones, que en otros países declaran patrimonio nacional y que aquí, con la cultura realera que tanto daño nos hace, las echamos abajo con una impunidad que raya en afrenta. Ahora viene el Coast Way y estimo que con él, nos llegó la oportunidad de impedir que nos lo arrebaten.
Entiendo perfectamente la importancia de generar vía el turismo más empleos y divisas para nuestra economía. Pero recuerdo que en varios países visitados son absolutamente compatibles los objetivos de atraer inversiones, preservación de las áreas de interés histórico y acceso a toda la comunidad, ya que no tiene sentido ninguna oferta turística sin el contenido de cultura popular que le da la gente que allí habita.
En el caso del Coast Way, éste además representa uno de los pocos espacios que tiene nuestro pueblo para sentir que los Tratados del Canal les significan beneficios tangibles. Al observar los fines de semana, cómo miles de panameños se acercan a poseerlo y disfrutarlo, tomamos conciencia de lo vigente del pensamiento de Torrijos, en cuanto al "uso más colectivo posible" de los bienes revertidos.
Preocupado por la declaración del Administrador de la ARI, indagué al respecto entre los ejecutivos de esa institución y me informaron que dentro de pocos días se realizará la licitación pública para la construcción de la nueva infraestructura calles, agua potble, alcantarillado, energía eléctrica y otras para el área de Amador, como un proyecto gubernamental lógico y previo al desarrollo de la infraestructura turística privada que vendría posteriormente. Supe por ellos que la Comisión del Canal exigió y con toda razón, que la carretera de acceso a su muelle de lanchas en Naos, se mantuviera abierta y sin interrupciones durante el período de construcción. Entendí entonces que si pueden entrar los carros de la Comisión, también podremos entrar el resto de los mortales.
¿Qué motivó entonces a don Nicolás a manifestar que nuestro Coast Way iba a ser cerrado? ¿Será que las intenciones son las de arrabatárnoslo de a poquito, cerrándolo como en cuentagotas (dizque para que no nos demos cuenta), para cuando reabra, solo permitir la entrada a la denominada "gente bonita" de Panamá y por supuesto, a los turistas extranjeros? Ojalá que no, pero si esas fueran las intenciones, estimo conveniente sugerir que se incluyan tanto en los contratos de concesiones que se otorgan a las empresas privadas usuarias de esas instalaciones, como en los pliegos de cargos para las licitaciones de la construcción de las infraestructuras programadas, que se garantice todo el tiempo el libre flujo de todos los ciudadanos por esas instalaciones, siempre y cuando cumplan con las leyes y normas del caso.
De igual manera, la concepción del nuevo proyecto que se ha de construir en el paseo, debería garantizar que el ambiente que hoy tanto disfrutamos, no lo vaya a dañar o a deteriorar un hotel, muelle o centro comercial mal construido o peor administrado. De lo que se trata entonces es de "ponernos las pilas" para evitar que Amador y el Coast Way se conviertan en un área vedada a la mayoría de los que aquí residimos y hemos sido de alguna manera, protagonistas de la recuperación de esos bienes al patrimonio nacional.
Repito. No creo en democratismos o en el derecho eterno e irresponsable de las masas. Pero he notado en las señales que nos vienen de la ARI, trazos preocupantes de exclusión social. Si no, observen cómo, después de la reversión de Albrook, han mantenido cerrada esa ex base área, incluso atentando contra las posibilidades de mejorar el mercadeo de sus viviendas, argumentándose, que la integridad de sus instalaciones así lo amerita, como si una seguridad bien administrada no fuera garantía suficiente para mantener abiertas todo el día esas puertas, que por tanto tiempo representaron la prohibición de sentirnos panameños en nuestra propia tierra. Actuemos con el uso de las Areas Revertidas consecuentemente, para evitar que ocurra lo que Torrijos tanto nos advirtió: cambiar los amos blancos por amos chocolates.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América