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El comportamiento de Berlusconi


El tono y las payasadas de Silvio Berlusconi, el hombre que asumió la presidencia de la Unión Europea la semana pasada y de inmediato se desmandó en improperios contra los eurodiputados, viene hecho a la medida de los conservadores ingleses que se oponen a los planes del gobierno laborista de acercarse cada vez más a la Unión Europea.
"El comportamiento de Berlusconi nos proporciona un contundente ejemplo del porqué insistimos en que Gran Bretaña mantenga una posición de independencia frente al continente europeo," afirmó un prominente miembro de la Cámara de los Lores. El parlamentario, una influyente personalidad en el mundo del comercio y las artes, solicitó que no se usara su nombre debido a que pertenece al ala del Partido Conservador fiel a la ex primer ministra Margaret Thatcher, al que no quiere comprometer con sus críticas.
Lo curioso es que con su comportamiento Berlusconi, el magnate de los medios de comunicación que gobierna Italia desde el año 2001 con una aplastante mayoría parlamentaria, es un hombre odiado no sólo por las izquierdas europeas, sino también por la corriente moderada del conservadurismo que actualmente prevalece en la política europea.
Críticos del conservadurismo inglés, así como de la Democracia Cristiana alemana, rechazan la política de enfrentamiento que caracteriza la táctica política de Berlusconi. En Italia, cuando insultó al diputado alemán Martin Schulz, en su bochornoso debut como presidente de turno de la Unión Europea, pocos se sorprendieron: para la oposición fue un disparate previsible; para sus fanáticos, un cañonazo de legítima defensa.
A los 66 años, el político milanés que empezó como cantante en cruceros de placer, concentra un poder económico y político que ni siquiera el ciudadano Kane -el rico propietario de medios metido a político de la película de Orson Welles- habría soñado.
"Es el hombre más rico de Italia y a menudo se comporta como si hubiera comprado el cargo de Primer Ministro", señaló en una entrevista el parlamentario inglés, uno de los hombres más acaudalados del parlamento británico.
En 1962, Berlusconi empezó su carrera empresarial como constructor. Una década más tarde, compró su primera cadena de televisión por cable y a comienzos de los años "80 consolidó su imperio visual con los canales abiertos Italia 1, Rete 4 y Canale 5. En el "84, adquirió el club AC Milán -que acaba de consagrarse campeón europeo de fútbol- y un par de años después, el grupo editorial Mondadori, el mayor de Italia, que ya ha absorbido grandes empresas españolas del libro, como la tradicional Grijalbo.
En un análisis pionero sobre la fortuna de Berlusconi y su influencia en los medios informativos de Italia, la periodista Sylvia Poggioli destacó cómo su holding familiar Fininvest controla los periódicos Il Giornale e Il Foglio y una poderosa red de servicios financieros.
Poggioli estimó el patrimonio del magnate en más de 5,900 millones de dólares. La revista Forbes lo sitúa en el puesto número 45 entre los hombres más ricos del planeta. Exitoso principiante, pero su enorme fortuna, que es la clave de su éxito político, también lo es de sus pesadillas.
"Como político, Berlusconi es un principiante y es posible que ése sea uno de los secretos de su éxito electoral. Sin embargo, es también una de las causas de sus papelones y problemas de imagen", así lo comentó esta semana el Corriere della Sera en un editorial.
Berlusconi saltó a la arena política apenas unos meses antes de las elecciones de 1992 al frente de Forza Italia, partido conservador bautizado con el grito de guerra de la hinchada azurra porque, como le gusta decir, el fútbol es una metáfora de la vida. Su padrino político fue nada menos que Bettino Craxi, el primer ministro socialista derribado a comienzos de los "90 por el escándalo de corrupción de Tangentópolis.
El Premier está siendo procesado por corrupción de jueces durante una privatización en los "80, un escándalo por el que su ex abogado Cesare Previti acaba de ser enviado a la cárcel por once años. Otros juicios por falsa contabilidad, financiamiento ilícito de partidos e incluso asociación mafiosa prescribieron o fueron bloqueados por leyes aprobadas en su gobierno.
Aunque para la oposición represente la impunidad, para más de 18 millones de votantes es, sin embargo, un implacable ejecutivo que gobierna Italia como si fuera otra de sus empresas y -sobre todo- alguien que no necesita robar porque le sobra el dinero.

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