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El compromiso de los poderosos


Las necesidades de los panameños en el siglo XXI, ya no son iguales a las del siglo XX. Gracias a la perseverancia de Omar Torrijos, Panamá administra una de las maravillas del mundo moderno. La concepción de democracia, últimamente llevada en práctica, hace que la conciencia de los políticos respete la voluntad del electorado. Los panameños estuvieron divididos en dos fuerzas políticas: el Partido Revolucionario Democrático y el Partido Arnulfista. Sin embargo, de cara a este nuevo siglo, los panameños piensan en el futuro, proyectados en el pasado.
Muchos sueñan con la época de los militares, pues tienen la esperanza de recibir bienes materiales. La falta de educación conlleva a la concepción mediocre de los resultados sin esfuerzos. La futura economía panameña parece menos importante que las memorias de los dictadores generosos. Es común que los individuos aspiren a sus intereses y no a los del prójimo. Lamentablemente, sin la participación del prójimo, no podemos aspirar a una sociedad de códigos compartidos. Por el contrario, la mentalidad egocéntrica y particular, ataca el bienestar cultural y ético de una nación.
Es absurdo creer que el Panamá de hoy puede ser semejante al Panamá dominado por los militares y los gringos.
La política panameña es un juego de dados, o sea un azar monótono, entre los candidatos de los partidos tradicionales. Quien haya salido perdedor, después de cinco años, lanzará el dado y se convertirá en ganador. ¿Es un juego de dados el destino político de nuestro país? Es momento de reflexionar sobre lo que necesita Panamá en el siglo XXI.
El redundante tema de la "soberanía" ya no es una propuesta de desarrollo. Tampoco la parcialidad abusiva de quienes rechazan nuevas caras en algún partido tradicional. La mezquindad de los gobernantes es reflejo de las ideas inmutables de decisiones incorrectas. Por eso, los funcionarios públicos se enriquecen en corrupción, debido a la ignorancia de quienes delegan sus funciones sin conocer las suyas.
Hay políticos que han sido definidos como bufones, pues nos han dado la sensación de que hemos sido espectadores de un carnaval presidencial. Las diacronías no se dan en planteamientos políticos; por el contrario, el retorno por el centro ausente es la búsqueda del cambio sin cambios. En el acto de una toma de conciencia colectiva, más allá de la individual, nacerán reflexiones generalizadas y comunes sobre el bien social que está fragmentado en fuerzas políticas.
Es en la educación donde el conocimiento dejará de apuntar al saber escolástico o inmutables: antítesis de la autocreación, la autonomía, la razón y la voluntad. Debemos fomentar la reflexión de los fenómenos comunicativos de nuestro entorno. Adquirir conocimientos y repetirlos de memoria nos asemeja a las máquinas, manipuladas y de movimientos repetibles. Los profesores en los colegios deben incentivar la investigación para los alumnos sean más contestatarios. De nada sirve aprender retener conocimientos, si es que éstos no se pueden llevar a la práctica. Tampoco podemos esperar que todos sean especialidad en computadoras, por dar un ejemplo.
Siempre hay una ausencia y una presencia en cada decisión que pueda tomarse, de acuerdo a la libertad del sujeto. Es el impulso por esa libertad, responsable en el acto ético social, lo que impulsa al progreso.
Ojalá que los candidatos presidenciales lleven a los panameños a ser más contestatarios, en cuanto a nuevas propuestas, exigidas por una nación, que para bien o para mal seguirá cambiando por las decisiones de los panameños.

101 años de Panamá América

 
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