El compromiso es de todos
Los grandes líderes guerreros de la antigüedad eran respetados y apreciados por ser los primeros en lanzarse al campo de batalla. Debo pensar de igual manera de nuestro presidente, Lic. Martín Torrijos, al asumir su liderazgo ante la ciudadanía panameña. Podría ponderar que es la fase elemental de todo buen dirigente en el campo de batalla.
Sólo que ya no estamos hablando de tiempos remotos, estamos en plena modernidad, con nuestros aciertos y desaciertos, problemas sin solucionar, otros fáciles de corregir; en fin, nuestro líder está en pleno combate y es que tiene sobre sus hombros la responsabilidad de llevar adelante todo género de proyectos, con la habilidad de saber transmitir sus pensamientos a los demás; es él quién va a la cabeza con su equipo de trabajo. Definitivamente, él debe ir por delante, haciendo gala de responsabilidad, voluntad, astucia e inteligencia. A él nuestro voto de confianza.
El solo hecho de aspirar a formar parte del equipo de trabajo de nuestro máximo representante de Estado es tener presente que se debe gozar de talento, habilidades y de sentido común. En toda cuadrilla de trabajo encontramos una o varias personas que se destacan por sus potencialidades y que sin tener el peso de una responsabilidad como la de nuestro líder, sobresale por su iniciativa, amplia visión de las circunstancias, gran capacidad de trabajo y firmes decisiones; sus ideas y aportaciones siempre son consideradas por la certeza y oportunidad con que las expresa; por otra parte, se distingue por su facilidad de diálogo y la habilidad que tiene para relacionarse con todos dentro y fuera de la tarea encomendada. A ellos mi voto de confianza. Sobre las expectativas de la comunidad en relación a la nueva gestión de gobierno, lo ideal es que éstas se consoliden en respuestas positivas a las inquietudes de todo panameño y panameña. Habrá que ser tolerantes en los primeros meses de esta nueva gestión gubernamental.
Sin embargo, la ideología tolerante, en efecto, es el desarrollo lógico del ideal del «choice», y de la visión liberal del hombre y de la sociedad. El problema de ese principio está, en que no hay ninguna acción que deje de tener influencia en los otros, aunque sea de forma indirecta, pues uno se hace mejor o peor según elija lo mejor o lo peor: al final, la sociedad también se hace mejor o peor. Algunos valores (por ejemplo, la paz social y la seguridad urbana) pueden desaparecer si no se educa a la gente en ellos. Dejar de educar a una sociedad en la convicción de que el rechazo a la violencia es un bien puede producir el aumento del crimen, aunque uno no sea un criminal. El principio de no hacer daño a otros es un criterio necesario, pero no es el único: se precisa inculcar valores a la gente para que ésta luego los defienda, y se evite así un proceso de decadencia. Cuando actuamos, nuestra conducta afecta a los demás y a nosotros mismos, queramos o no.
Como ciudadana siento que algo importante comienza a cambiar dentro de mí con la esperanza de reforzar mi conducta de compromiso cuando tomo la decisión en creer que el cambio será de beneficio y con la posibilidad que dejará una huella en la historia. Corro el riesgo por mí misma y habré de actuar dentro de un proceso de vida lleno de alternativas, opciones y oportunidades, así como a prever y aceptar las consecuencias.
Ese compromiso que adquiero comenzará a formar parte de mí cuando sienta que nuestro presidente y líder de mi país camine seguro de sí mismo, que muestre su alegría de vivir, que tenga un profundo respeto, comprensión y aprecio de los seres vivientes, al trabajo y a los bienes de la vida.
Evidentemente, la tarea es de todos. Lo importante es nuestra actitud y qué hacer frente a las situaciones difíciles; humanamente habrá que poner los medios necesarios para solucionar las cosas, reafirmar nuestro compromiso, nuestra naturaleza, nuestras realidades, ubicación y participación ciudadana.
Que observe abiertamente el horizonte de esperanza de cada panameño y panameña. Que descubra lo inmensa que es nuestra nación, sus bellezas y oportunidades.
Entonces le cantaremos a la vida, a la alegría y a la libertad.
En conclusión, si los panameños continúan ignorando esta realidad, a la vuelta de los años las cosas pueden ser a otro precio para la sociedad panameña.
Sólo que ya no estamos hablando de tiempos remotos, estamos en plena modernidad, con nuestros aciertos y desaciertos, problemas sin solucionar, otros fáciles de corregir; en fin, nuestro líder está en pleno combate y es que tiene sobre sus hombros la responsabilidad de llevar adelante todo género de proyectos, con la habilidad de saber transmitir sus pensamientos a los demás; es él quién va a la cabeza con su equipo de trabajo. Definitivamente, él debe ir por delante, haciendo gala de responsabilidad, voluntad, astucia e inteligencia. A él nuestro voto de confianza.
El solo hecho de aspirar a formar parte del equipo de trabajo de nuestro máximo representante de Estado es tener presente que se debe gozar de talento, habilidades y de sentido común. En toda cuadrilla de trabajo encontramos una o varias personas que se destacan por sus potencialidades y que sin tener el peso de una responsabilidad como la de nuestro líder, sobresale por su iniciativa, amplia visión de las circunstancias, gran capacidad de trabajo y firmes decisiones; sus ideas y aportaciones siempre son consideradas por la certeza y oportunidad con que las expresa; por otra parte, se distingue por su facilidad de diálogo y la habilidad que tiene para relacionarse con todos dentro y fuera de la tarea encomendada. A ellos mi voto de confianza. Sobre las expectativas de la comunidad en relación a la nueva gestión de gobierno, lo ideal es que éstas se consoliden en respuestas positivas a las inquietudes de todo panameño y panameña. Habrá que ser tolerantes en los primeros meses de esta nueva gestión gubernamental.
Sin embargo, la ideología tolerante, en efecto, es el desarrollo lógico del ideal del «choice», y de la visión liberal del hombre y de la sociedad. El problema de ese principio está, en que no hay ninguna acción que deje de tener influencia en los otros, aunque sea de forma indirecta, pues uno se hace mejor o peor según elija lo mejor o lo peor: al final, la sociedad también se hace mejor o peor. Algunos valores (por ejemplo, la paz social y la seguridad urbana) pueden desaparecer si no se educa a la gente en ellos. Dejar de educar a una sociedad en la convicción de que el rechazo a la violencia es un bien puede producir el aumento del crimen, aunque uno no sea un criminal. El principio de no hacer daño a otros es un criterio necesario, pero no es el único: se precisa inculcar valores a la gente para que ésta luego los defienda, y se evite así un proceso de decadencia. Cuando actuamos, nuestra conducta afecta a los demás y a nosotros mismos, queramos o no.
Como ciudadana siento que algo importante comienza a cambiar dentro de mí con la esperanza de reforzar mi conducta de compromiso cuando tomo la decisión en creer que el cambio será de beneficio y con la posibilidad que dejará una huella en la historia. Corro el riesgo por mí misma y habré de actuar dentro de un proceso de vida lleno de alternativas, opciones y oportunidades, así como a prever y aceptar las consecuencias.
Ese compromiso que adquiero comenzará a formar parte de mí cuando sienta que nuestro presidente y líder de mi país camine seguro de sí mismo, que muestre su alegría de vivir, que tenga un profundo respeto, comprensión y aprecio de los seres vivientes, al trabajo y a los bienes de la vida.
Evidentemente, la tarea es de todos. Lo importante es nuestra actitud y qué hacer frente a las situaciones difíciles; humanamente habrá que poner los medios necesarios para solucionar las cosas, reafirmar nuestro compromiso, nuestra naturaleza, nuestras realidades, ubicación y participación ciudadana.
Que observe abiertamente el horizonte de esperanza de cada panameño y panameña. Que descubra lo inmensa que es nuestra nación, sus bellezas y oportunidades.
Entonces le cantaremos a la vida, a la alegría y a la libertad.
En conclusión, si los panameños continúan ignorando esta realidad, a la vuelta de los años las cosas pueden ser a otro precio para la sociedad panameña.