"El Consenso de México"
Las mujeres constituyen el sector que sufre con mayor intensidad el flagelo de la pobreza que agobia a prácticamente todas las naciones del área, hecho que sitúa un panorama sombrío para ellas en América Latina y el Caribe;
La inequidad de género es una brecha que aumenta en la pobreza y que se refleja en la desigualdad de oportunidades para las mujeres, ya que sufren mayor porcentaje de desempleo (4% en comparación con los varones) y el salario que perciben es equivalente a 68% del que reciben los hombres;
La desigualdad de oportunidades que afecta a las mujeres para acceder al trabajo remunerado limita sus posibilidades de ser autónomas en términos económicos, y además las obliga a vivir jornadas de trabajo más largas en sus hogares, lo que repercute en su salud y nutrición;
Una elevada proporción de mujeres cónyuges en hogares pobres y no pobres depende en relación del jefe del hogar, lo que resulta en una merma de su autonomía económica y su capacidad de decisión, situación de vulnerabilidad que se agrava en caso de viudez, divorcio o desintegración familiar.
Las mujeres no tienen acceso adecuado a condiciones de salud sexual y salud reproductiva, lo que repercute en la mortalidad materna y en la tasa de fecundidad no deseada. El riesgo de las mujeres de morir por causas ligadas al parto y embarazo sigue siendo elevado en varios países de la región, en particular en Haití, Bolivia y Perú, donde se registran más de 200 muertes maternas por cada 100 mil nacimientos; mientras que en otros nueve países esta proporción alcanza entre 100 y 200.
A estas inequidades se añaden los dramáticos efectos del SIDA, cuyo impacto sobre las mujeres es muy grave, en particular en las naciones de la Cuenca del Caribe. Las estimaciones del 2003 indican que la prevalencia del VIH entre mujeres embarazadas alcanza o supera el 2% en seis países, que incluyen a Bahamas, Belice, República Dominicana, Guyana, Haití y Trinidad y Tobago.
La violencia sigue siendo un estigma femenino, según las cifras preliminares de una encuesta realizada en México y en América Latina, que indica que el 47% de las mujeres que viven con su pareja informó de algún tipo de incidente violento, incluyendo manifestaciones emocionales, físicas, económicas o sexuales.
En la IX Conferencia de la Mujer, la CEPAL adoptó la declaración: "El Consenso de México"; documento que insta a los países a redoblar los esfuerzos y los recursos disponibles para alcanzar las metas y objetivos compartidos en materia de equidad de género. Es la contribución regional a la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer que se realizará en marzo de 2005 y la misma contempla una larga lista de medidas para aumentar la participación de las mujeres en diversos ámbitos como en los municipios, los parlamentos y la empresa privada.
No obstante, a pesar de que representa de por sí un gran avance el que los países latinoamericanos hayan impulsado una declaración en este sentido, es de lamentar que dicho documento no hubiese hecho énfasis en que tales medidas permitan una mayor participación de las mujeres, iniciando en la conformación de los gabinetes presidenciales en los que todos están integrados por mayoría masculina. Para comprobarlo, basta con ver la información oficial en Internet de los países de la región.
Por lo general, cuando la prensa entrevista a los presidentes sobre si las mujeres tendrán participación en sus gabinetes, todos responden que tienen un "compromiso personal" con los derechos de éstas, pero al final ese compromiso se reduce a dos o tres de ellas como máximo en carteras ministeriales, especialmente los vinculados a bienestar social. Salvo el caso del gobierno colombiano que tiene cinco mujeres en el Gabinete, los otros países latinoamericanos y centroamericanos no pasan de 2 a 3. En el caso de Panamá, estos números no son diferentes.
La mayor parte de los que concurren a las conferencias de organismos de la ONU sobre la mujer, son hombres burócratas y machistas que van a debatir sobre problemas de las mismas sin contar con la participación mayoritaria de ellas, que son quienes pueden y deben presentar propuestas con base a sus necesidades y a sus especificidades. De allí que el llamado "Consenso de México" tal vez no pase de ser un decálogo de buenas intenciones.
Se requiere de un verdadero "compromiso político" para hacer de esas buenas intenciones una realidad palpable que nos conduzca hacia sociedades verdaderamente equitativas y justas. Bueno sería que los futuros gobernantes de la región sigan el ejemplo del presidente español Rodríguez Zapatero al integrar su gabinete con el 50% de mujeres. Y es que como dijo Betty Bumpers: "No se trata de mujeres contra hombres, sino de mujeres y de hombres. Y no es que el mundo hubiera sido mejor de haber sido regido por las mujeres, sino de que el mundo será mejor cuando nosotras, como mujeres que aportemos nuestra propia perspectiva, compartamos su gobierno".