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El contrato bananero: una infamia capital


"Unos hemos nacido para caminar sobre flores y otros sobre cardos y chumberas", decía Don Camilo José Cela. Y esto lejos de ser un concepto fatalista y de conformismo, cobra hoy mayor fuerza y vigencia, y es que el infortunio de esos humildes hombres y mujeres, héroes de la agricultura, que se despiertan al despunte del alba, a espaciar, cortar, chirear, apuntalar, desflorar y empacar el guineo, bajo lluvias y soles extenuantes, parece interminable.
Largas han sido las jornadas de lucha por conquistas y reivindicaciones laborales a raíz de las injusticias sufridas desde los inicios de labores de esta empresa en suelo patrio por allá por los años veinte. Hoy se pretende extender e imponer un contrato de operaciones y otro de prórroga de arrendamiento de tierras (compra venta solapada) con un carácter inminentemente leonino, infame e irrespetuoso a la inteligencia de los obreros bananeros.
Un contrato que se sobrepone a toda norma de carácter general en nuestro ordenamiento jurídico que lo contraríe. Un contrato que faculta a la Chiriquí Land Company sin necesidad de modificar dicho contrato a conceder y vender los servicios de agua y luz con todos sus acueductos a cualquier otra empresa con el único requisito de comunicar al Estado dicha concesión, olvidándose que es el Estado Panameño el único facultado a razón de su soberanía para hacer concesiones sobre servicios públicos.
Si bien es cierto que el concepto "sin solución de continuación" estipulado en el contrato a raíz de una reestructuración económica y administrativa puede entenderse como respeto a los contratos individuales y a las condiciones de trabajo, el mismo suscita polémica en término de doctrina, por tal razón debe escribirse claro y establecerse el respeto a las condiciones y contrato de trabajo de tal manera que no afecte a los trabajadores, respetando el espíritu de lo establecido en el Código de Trabajo.
Resulta absurdo e inadmisible considerar la huelga, que es un derecho laboral elevado a rango constitucional como razón de fuerza mayor y caso fortuito para que la compañía se despoje de su obligación de cumplimiento de dicho contrato. Y esto es así no solamente porque la huelga es un derecho contenido en nuestra máxima excerta legal, reconocida universalmente por los organismos internacionales de trabajo, sino también porque las huelgas en mayor grado y en las más de las ocasiones son motivadas por toda clase de injusticia laboral por el incumplimiento e irrespeto a las Convenciones Colectivas por parte del empleador y también por el arrinconamiento económico de que son sujetos los dirigentes sindicales.
Pero disconformes con todo esto, inaudito resulta que en dicho contrato se estipule que el Estado tiene que pagar el excedente de impuestos municipales en que incurra la Compañía más allá de lo pactado por la extracción de piedra, cascajo, arena y otros servicios que utilice. ¿Desde cuándo el Estado está obligado a pagar gravámenes impositivos de personas privadas? ¿A cuántos tienderos, carniceros, cantineros, agricultores en alguna ocasión el Estado le ha pagado sus impuestos municipales?
Me pregunto cuál será la suerte que correrán las personas que residen a menos de 10 metros de la línea de ferrocarril, quizás tomen sus bártulos y busquen como decimos en mal panameño, otro "win". O quizás recurran al señor Alcalde del Distrito quien ha demostrado ser el excelente Og Mandino de nuestros tiempos.
Cosas pasan en la vida pero lo más insensato e irónico, señores, es que son precisamente los que un día púdicamente se presentaron en la Campaña Electoral del 94 a la Zona Bananera con la audacia y falsas promesas de no reformar el Código de Trabajo, son los que no conforme con haber hecho dichas Reformas los que pretenden imponer tan nefasto contrato y lo que es peor aún algunos de ellos con una audaz estrategia pretenden lavarse la cara después del pecado cometido al aprobar a sangre y fuego las Reformas Laborales.
Pero con lo que no cuenta este Gobierno insolidario e insensible es con el valor y coraje y el espíritu de lucha y el alto grado de dignidad de la clase trabajadora bananera que no permitirá bajo ningún criterio que pasen tan leoninos contratos.
Adelante compañeros, a la organización, a la acción y a la lucha sin más dilación.

101 años de Panamá América

 
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