El contubernio de los corruptos
Esta nueva etapa de mi vida la percibo como una gran visión de esperanza en la renovación integral de nuestra economía y cultura democrática. Sin embargo, debo confesar que esta magnífica visión nació de la frustración y del desencanto. Frustración y desencanto, porque promoví y respaldé con entusiasmo -sin duda, excesivo y ciego- la candidatura de Mireya Moscoso a la presidencia en 1999, esperando de su gobierno un profundo cambio en todos los órdenes de la vida nacional.
Después de su toma de posesión, vimos como grupos integrados por personas con reconocida trayectoria de corrupción y de moral putrefacta ocuparon como príncipes poderosos el Palacio de las Garzas y suplantaron, no sólo la conducción del Estado, sino que secuestraron y aislaron de la sagrada responsabilidad de gobernar a los más auténticos seguidores del Panameñismo. Peor todavía, vimos el establecimiento de un nuevo estilo de poder, el mireyismo, por completo alejado de la doctrina y ejemplo de vida de nuestro gran maestro, el Dr. Arnulfo Arias Madrid.
A los pocos meses de gobierno, renuncié al cargo gubernamental y decidí asumir una posición crítica y de oposición ante la traición de los ideales panameñistas y a las promesas hechas a un pueblo ya desilusionado.
222 ...no ven la viga en sus propios ojos porque la historia política de los últimos años demuestra un manifiesto maridaje de conveniencia entre mis detractores del PRD y la cúpula del Partido Arnulfista.
Me hice de una voz de denuncia y logré, a través de la misma, ser el clamor panameñista que criticaba y cuestionaba sin reparos al mireyismo y al desastre de administración que veía transcurrir.
Con esta actitud pasaron los meses y años. Era evidente que las puertas del cambio se cerraban. Vimos cómo le cerraron el paso a la única opción política responsable que existía entonces para el país, en la figura del Ing. Alberto Vallarino. Esta posibilidad fue cercenada cuando pasaron de madrugada la reforma electoral de diciembre pasado, en medio de la más clara demostración de maleantería política, perpetrada por lo que hoy se conoce y denomina el eje PRD-Mireyismo.
Ese eje no es otra cosa que el contubernio de los corruptos en el sistema bipartidista que se nos trata de imponer como única opción política. Me pregunto, ¿dónde estaban las voces dizque de la oposición del PRD que se manifestaran en contra de una reforma política de madrugada? Se anuló la posibilidad de una primaria como norma obligatoria porque se sabían perdidos si no contaban con la fuerza del dedo, tal y como está sucediendo hoy, desvergonzadamente, ante propios y extraños.
La tarea por delante no será un lecho de rosas y ya las artimañas para tratar de confundir a la opinión pública y al electorado no se han hecho esperar, inclusive mediante impugnaciones y obstáculos que son producto de la desesperación de quienes saben que perderán el poder y de quienes lo ansían desmedidamente.
De un lado el PRD, con un cinismo aberrante, vocifera que mi condición de panameñista de toda una vida me sitúa como un candidato arnulfista del gobierno; que el arnulfismo tiene dos candidatos corriendo; y que la maniobra es que si yo gano, entonces se consumaría el pacto con la actual mandataria para gobernar con ella y su grupo de corruptos.
De otro lado, la cúpula secuestradora del Partido Arnulfista, con una soberbia demencial, me expulsa y me califica de "traidor" al partido. Y me pregunto: ¿Quiénes, entre mis acusadores, han sufrido los carcelazos, los exilios, los varillazos, las persecuciones y las privaciones que sufrí por más de veinte años, desde 1968, en razón de mi lealtad absoluta a los principios democráticos y panameñistas? Los reto a que den un paso adelante y se identifiquen.
Esas acusaciones de uno y otro bando no tienen ningún fundamento. Quienes las lanzan no ven la viga en sus propios ojos porque la historia política de los últimos años demuestra un manifiesto maridaje de conveniencia entre mis detractores del PRD y la cúpula del Partido Arnulfista.
Lo que realmente ocurre es que el PRD sabe que yo he sido uno de los pocos que en forma constante y desde el inicio ha tenido una postura de oposición verdadera y constante, mientras que ellos se han mantenido como parte de un eje de complicidades con la señora presidenta, y que su candidato ha mantenido un silencio sospechoso en casos en que una verdadera oposición tiene el deber ineludible de hacer oír su voz.
Después de su toma de posesión, vimos como grupos integrados por personas con reconocida trayectoria de corrupción y de moral putrefacta ocuparon como príncipes poderosos el Palacio de las Garzas y suplantaron, no sólo la conducción del Estado, sino que secuestraron y aislaron de la sagrada responsabilidad de gobernar a los más auténticos seguidores del Panameñismo. Peor todavía, vimos el establecimiento de un nuevo estilo de poder, el mireyismo, por completo alejado de la doctrina y ejemplo de vida de nuestro gran maestro, el Dr. Arnulfo Arias Madrid.
A los pocos meses de gobierno, renuncié al cargo gubernamental y decidí asumir una posición crítica y de oposición ante la traición de los ideales panameñistas y a las promesas hechas a un pueblo ya desilusionado.
222 ...no ven la viga en sus propios ojos porque la historia política de los últimos años demuestra un manifiesto maridaje de conveniencia entre mis detractores del PRD y la cúpula del Partido Arnulfista.
Me hice de una voz de denuncia y logré, a través de la misma, ser el clamor panameñista que criticaba y cuestionaba sin reparos al mireyismo y al desastre de administración que veía transcurrir.
Con esta actitud pasaron los meses y años. Era evidente que las puertas del cambio se cerraban. Vimos cómo le cerraron el paso a la única opción política responsable que existía entonces para el país, en la figura del Ing. Alberto Vallarino. Esta posibilidad fue cercenada cuando pasaron de madrugada la reforma electoral de diciembre pasado, en medio de la más clara demostración de maleantería política, perpetrada por lo que hoy se conoce y denomina el eje PRD-Mireyismo.
Ese eje no es otra cosa que el contubernio de los corruptos en el sistema bipartidista que se nos trata de imponer como única opción política. Me pregunto, ¿dónde estaban las voces dizque de la oposición del PRD que se manifestaran en contra de una reforma política de madrugada? Se anuló la posibilidad de una primaria como norma obligatoria porque se sabían perdidos si no contaban con la fuerza del dedo, tal y como está sucediendo hoy, desvergonzadamente, ante propios y extraños.
La tarea por delante no será un lecho de rosas y ya las artimañas para tratar de confundir a la opinión pública y al electorado no se han hecho esperar, inclusive mediante impugnaciones y obstáculos que son producto de la desesperación de quienes saben que perderán el poder y de quienes lo ansían desmedidamente.
De un lado el PRD, con un cinismo aberrante, vocifera que mi condición de panameñista de toda una vida me sitúa como un candidato arnulfista del gobierno; que el arnulfismo tiene dos candidatos corriendo; y que la maniobra es que si yo gano, entonces se consumaría el pacto con la actual mandataria para gobernar con ella y su grupo de corruptos.
De otro lado, la cúpula secuestradora del Partido Arnulfista, con una soberbia demencial, me expulsa y me califica de "traidor" al partido. Y me pregunto: ¿Quiénes, entre mis acusadores, han sufrido los carcelazos, los exilios, los varillazos, las persecuciones y las privaciones que sufrí por más de veinte años, desde 1968, en razón de mi lealtad absoluta a los principios democráticos y panameñistas? Los reto a que den un paso adelante y se identifiquen.
Esas acusaciones de uno y otro bando no tienen ningún fundamento. Quienes las lanzan no ven la viga en sus propios ojos porque la historia política de los últimos años demuestra un manifiesto maridaje de conveniencia entre mis detractores del PRD y la cúpula del Partido Arnulfista.
Lo que realmente ocurre es que el PRD sabe que yo he sido uno de los pocos que en forma constante y desde el inicio ha tenido una postura de oposición verdadera y constante, mientras que ellos se han mantenido como parte de un eje de complicidades con la señora presidenta, y que su candidato ha mantenido un silencio sospechoso en casos en que una verdadera oposición tiene el deber ineludible de hacer oír su voz.