El costo de acceso
Muy buenas ideas como la democracia liberal, el libre mercado o la educación universal pierden el favor popular porque se vuelven inaccesibles para un número significativo de personas. Cuando la burocracia se come el capital fundacional de una empresa en ciernes con costosos trámites y permisos, cuando el sistema político niega la capacidad de aspirar a quienes no tienen un partido político ni los medios para inscribirlo; o cuando un sistema educativo -supuestamente gratuito- es tan malo que para salir de la ignorancia hay que matricularse en un plantel privado, tenemos la semilla de la inconformidad que planteará el abandono de tan nobles ideales.
La democracia liberal es el sistema político que mayor satisfacción puede producir en el ser humano, pero para que no se desnaturalice en una odiosa burla, tiene que estar abierto a la participación de todos o, por lo menos, de todos los que no planteen usarlo para destruirlo.
En la reforma constitucional del 2004 se quitó el monopolio de postulación para diputado que se reservaba a los partidos políticos, pero en la reglamentación legal se establecieron limitantes que hacen muy difícil poder participar como independiente. En la Constitución Política no existía - ni existe- restricción para que un independiente se postule a Presidente, Alcalde, Concejal o Representante de Corregimiento, pero en el Código Electoral todavía se exige la postulación partidista para Presidente de la República. Esta norma podría ser demandada por inconstitucional; sin embargo, es norma vigente. Otro aspecto que limita el acceso a la participación política es el mínimo de inscritos exigido para formalizar un partido político, que la Constitución Política establece en un máximo del 4% de los que votaron en las últimas elecciones, pero que la Ley Electoral podría establecer en cualquier porcentaje inferior, digamos el 0.5%.
Para que la democracia liberal sea un valor inalienable de nuestro pueblo, tenemos que hacer más fácil que se pueda participar no sólo como votante sino también como candidato. Para que los partidos políticos -baluartes de la democracia- no se devalúen en la estima popular, debe introducirse la libre concurrencia al mercado electoral con la fácil constitución de nuevas organizaciones políticas y la libre postulación a todos los cargos. Para que la participación política no sea un lujo exclusivo de la plutocracia, se deben establecer límites al gasto en campañas y el financiamiento electoral debe ser privativo del Estado. Sólo si disminuimos el costo de acceso al proceso político este será un verdadero instrumento de la "Demos Cracia", o sea el Gobierno del Pueblo.