El vía crucis deVivian
VIVIAN VIVÍA con su esposo y sus hijos en Río Sucio, departamento del Chocó (Colombia). No obstante, como él estaba enfermo, un botánico le dijo que tenía que irse a vivir a una finca de su propiedad, que era muy buena para su recuperación. El "doctor" le cambió la finca que tenía en el Cacarica por la de Vivian y su esposo en Río Sucio. A cambio, también dejaron todos sus animales (gallinas, ganado y perros). El botánico ayudaría a curar a su esposo, y el cambio por la salud valía la pena. Sin embargo, reflexiona Vivian: "Nos mete en un lugar que nosotros desconocemos y sin título.., y a los tres años nos toca salir de ésta (finca); pero ya cuando nosotros salimos, mi esposo se había muerto. Él no curó a nadie, mi esposo se murió. Entonces eso fue un engaño que nos hicieron..".
En 1997, la Operación Génesis, perpetrada por Fuerzas Militares de la Brigada 17, combinada con la estrategia encubierta de tipo paramilitar de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, en el Bajo Atrato, obligaron a Vivian y su familia (y a otros cientos de personas), a salir de su finca recién obtenida y buscar refugio en territorio panameño. Este año se cumplen 10 años de una nefasta estrategia militar que buscaba perseguir a las FARC, pero donde las víctimas fueron civiles. Muy probablemente, son los esbirros de la industria de la palma aceitera los beneficiados en este exabrupto.
"Tenía mi esposo cuatro meses de muerto cuando empezó el problema de la guerra. Aparecieron una tarde los aviones tirando bombas. Nunca habíamos visto eso, y oíamos por debajo de la tierra algo que sonaba como una motosierra; entonces, ahí era que venían los para y por encima los helicópteros y los aviones abriendo campo para que entraran los para. ¿Dígame usted si no es problema del Estado?", contaba Vivian sentada en su silla de coser. "Entonces mis hijas, que están grandes, mis nueras, .. que vivíamos cerquita..; corrieron a mi casa; esas mujeres llorando, los niños llorando; cuando yo las vi así, me quiso atacar el nervio, pero en el mismo momento tomé la reflexión de parte de Dios y les dije a ellas: ¡suéltenme!, ¡no lloren más!, déjenme entrar al cuarto que voy a orar". Continuó: "Ahí, en medio de la oración, me vino una reflexión, y les dije que nadie más va a llorar..; todas las mamás van a coger a sus hijos y le van a hacer una bolsita donde le van a meter una mudita de ropa y una libra de sal, porque en la madrugada nos vamos de aquí..".
"Cogimos el camino, Cacarica arriba por ese río, por la orilla del río pa´ arriba a coger las montañas. Veníamos 28. Habíamos catorce niños y catorce adultos. Amanecíamos en la orilla sin comida, ellos mataban pescaditos y le untábamos sal y así lo asábamos; y eso le dábamos a esos niños. Duramos casi el mes pa´ cruzar esa montaña, pa´ salir a Paya.. Mire que ahora era más despacio que caminábamos, traíamos los pies heridos, hinchados, y con hambre..".
El vía crucis que Vivian y su familia tuvo que pasar en esa migración forzada, es bastante resumido en este escrito. Ellos y ellas al llegar a Paya (Darién), en marzo de 1997, fueron puestos a órdenes de la policía de frontera panameña, sin que hasta ese momento recibieran ayuda humanitaria por parte de organismo nacional e internacional alguno. Sólo la policía les ofrecía dos comidas diarias y así estuvieron por aunos dos meses en ese lugar, según el relato de Vivian.
A finales de abril, esa familia, junto con otro grupo de personas más, fue recogida por la Policía Nacional, en conexión con autoridades colombianas, y repatriada forzosamente a las cercanías de la comunidad de Cupica, en el Pacífico colombiano.
Luego de pasar el Niágara en bicicleta en Cupica por varios años, Vivian volvió a su lugar de origen en el 2000, gracias a la ayuda de organismos humanitarios nacionales e internacionales en Colombia. Se situó en el asentamiento de paz Nueva Vida, pero en la misma región del Cacarica. Pero, "en 2001, el 10 de junio, a las siete de la mañana, entraron aproximadamente 200 paramilitares al asentamiento Nueva Vida". Ellos querían obligarlos a cultivar palma africana y coca. Si lo aceptaban, tendrían la libertad al estilo paramilitar, sino morirían. "Entonces, ¿cuál es la mejor vía? No quiero estar involucrada en nada, no me quiero morir: ¿cuál es la mejor vía?", pregunta Vivian con dolor en el rostro.
Refugiarse nuevamente en Panamá fue su mejor vía, y hoy Vivian y su familia viven en una comunidad del río Tuira (Darién), pero como protegida humanitaria temporal. Ella ha sido una mujer luchadora, defensora de los derechos humanos de la población desplazada y refugiada. Aunque arduamente ha luchado por sus derechos y su vida, sus esperanzas de un futuro mejor no son las mejores. Confinada prácticamente a un pueblo por cárcel, espera pacientemente obtener algún día su residencia definitiva. Como muchas otras mujeres en el mundo, ha sido víctima de una extensa guerra que, principalmente, hemos creado, promovido, y patrocinado nosotros: los hombres.
El 8 de marzo fue el Día Internacional de la Mujer. Son 32 años de luchas por la igualdad de oportunidades, pero que tiene sus antecedentes desde inicios del siglo XX y en distintos hechos de la historia mundial. Ojalá y ellas puedan obtener una verdadera igualdad en el acceso al poder que nos permita transformar estas reales historias sufridas de la guerra. Nosotros, los hombres, tenemos mucho que aportar en ese cambio.
*(El nombre de la protagonista de esta historia ha sido cambiado para guardar su identidad). Servicio Jesuita a Refugiados de Panamá.
En 1997, la Operación Génesis, perpetrada por Fuerzas Militares de la Brigada 17, combinada con la estrategia encubierta de tipo paramilitar de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, en el Bajo Atrato, obligaron a Vivian y su familia (y a otros cientos de personas), a salir de su finca recién obtenida y buscar refugio en territorio panameño. Este año se cumplen 10 años de una nefasta estrategia militar que buscaba perseguir a las FARC, pero donde las víctimas fueron civiles. Muy probablemente, son los esbirros de la industria de la palma aceitera los beneficiados en este exabrupto.
"Tenía mi esposo cuatro meses de muerto cuando empezó el problema de la guerra. Aparecieron una tarde los aviones tirando bombas. Nunca habíamos visto eso, y oíamos por debajo de la tierra algo que sonaba como una motosierra; entonces, ahí era que venían los para y por encima los helicópteros y los aviones abriendo campo para que entraran los para. ¿Dígame usted si no es problema del Estado?", contaba Vivian sentada en su silla de coser. "Entonces mis hijas, que están grandes, mis nueras, .. que vivíamos cerquita..; corrieron a mi casa; esas mujeres llorando, los niños llorando; cuando yo las vi así, me quiso atacar el nervio, pero en el mismo momento tomé la reflexión de parte de Dios y les dije a ellas: ¡suéltenme!, ¡no lloren más!, déjenme entrar al cuarto que voy a orar". Continuó: "Ahí, en medio de la oración, me vino una reflexión, y les dije que nadie más va a llorar..; todas las mamás van a coger a sus hijos y le van a hacer una bolsita donde le van a meter una mudita de ropa y una libra de sal, porque en la madrugada nos vamos de aquí..".
"Cogimos el camino, Cacarica arriba por ese río, por la orilla del río pa´ arriba a coger las montañas. Veníamos 28. Habíamos catorce niños y catorce adultos. Amanecíamos en la orilla sin comida, ellos mataban pescaditos y le untábamos sal y así lo asábamos; y eso le dábamos a esos niños. Duramos casi el mes pa´ cruzar esa montaña, pa´ salir a Paya.. Mire que ahora era más despacio que caminábamos, traíamos los pies heridos, hinchados, y con hambre..".
El vía crucis que Vivian y su familia tuvo que pasar en esa migración forzada, es bastante resumido en este escrito. Ellos y ellas al llegar a Paya (Darién), en marzo de 1997, fueron puestos a órdenes de la policía de frontera panameña, sin que hasta ese momento recibieran ayuda humanitaria por parte de organismo nacional e internacional alguno. Sólo la policía les ofrecía dos comidas diarias y así estuvieron por aunos dos meses en ese lugar, según el relato de Vivian.
A finales de abril, esa familia, junto con otro grupo de personas más, fue recogida por la Policía Nacional, en conexión con autoridades colombianas, y repatriada forzosamente a las cercanías de la comunidad de Cupica, en el Pacífico colombiano.
Luego de pasar el Niágara en bicicleta en Cupica por varios años, Vivian volvió a su lugar de origen en el 2000, gracias a la ayuda de organismos humanitarios nacionales e internacionales en Colombia. Se situó en el asentamiento de paz Nueva Vida, pero en la misma región del Cacarica. Pero, "en 2001, el 10 de junio, a las siete de la mañana, entraron aproximadamente 200 paramilitares al asentamiento Nueva Vida". Ellos querían obligarlos a cultivar palma africana y coca. Si lo aceptaban, tendrían la libertad al estilo paramilitar, sino morirían. "Entonces, ¿cuál es la mejor vía? No quiero estar involucrada en nada, no me quiero morir: ¿cuál es la mejor vía?", pregunta Vivian con dolor en el rostro.
Refugiarse nuevamente en Panamá fue su mejor vía, y hoy Vivian y su familia viven en una comunidad del río Tuira (Darién), pero como protegida humanitaria temporal. Ella ha sido una mujer luchadora, defensora de los derechos humanos de la población desplazada y refugiada. Aunque arduamente ha luchado por sus derechos y su vida, sus esperanzas de un futuro mejor no son las mejores. Confinada prácticamente a un pueblo por cárcel, espera pacientemente obtener algún día su residencia definitiva. Como muchas otras mujeres en el mundo, ha sido víctima de una extensa guerra que, principalmente, hemos creado, promovido, y patrocinado nosotros: los hombres.
El 8 de marzo fue el Día Internacional de la Mujer. Son 32 años de luchas por la igualdad de oportunidades, pero que tiene sus antecedentes desde inicios del siglo XX y en distintos hechos de la historia mundial. Ojalá y ellas puedan obtener una verdadera igualdad en el acceso al poder que nos permita transformar estas reales historias sufridas de la guerra. Nosotros, los hombres, tenemos mucho que aportar en ese cambio.
*(El nombre de la protagonista de esta historia ha sido cambiado para guardar su identidad). Servicio Jesuita a Refugiados de Panamá.