El debate conceptual
AÚN LLEVANDO el tema político, no al debate ideológico, sino al debate científico conceptual, los más reputados economistas y científicos sociales, después de haberse entusiasmado demasiado con las supuestas virtudes totales y soluciones integrales del mercado, han tenido que dar vuelta sobre sus propias teorías, para volver a destacar la importancia que tiene la intervención del Estado, tanto desde la perspectiva social como desde la perspectiva económica.
Así lo ha hecho Fukuyama en sus nuevas publicaciones, que se desdicen de su teoría original del supuesto fin de la historia; pero también lo ha hecho Stiglitz, quien ha departido de sus teorías originales, para reconocer el papel que un Estado eficiente y lo suficientemente grande tiene que cumplir, a favor de sociedades más equitativas.
Si estos autores llegaron hasta el ensalzamiento del mercado, para dar marcha atrás y advertir que constituía un error conceptual desblindar toda la estructura estatal, por qué no aprovechar de estas conclusiones, y no cometer el error de pensar que podemos vivir sin el Estado, sólo para concluir después que si algo queda de imprescindible de la Revolución Industrial, es precisamente la concepción de Estado como ente político superior, alrededor del cual se han organizado las naciones.
Se equivocan quienes creían, y hoy todavía advierten, que con la caída del Muro de Berlín también se cayeron las distancias y diferencias ideológicas entre izquierdistas y derechistas. Se pudieron haber terminado -como regla general que admite sus excepciones- las radicalizaciones políticas de ambos conceptos, con sendos fracasos de antes y después de la Segunda Guerra Mundial, que concluyeron, finalmente, con el fin del comunismo, tal y como lo preconizaba y se expandía política y ideológicamente, a partir de la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
No obstante, las diferencias ideológicas persisten en pleno siglo XXI, porque si el hombre ha avanzado años luz en tecnología, en informática, en telecomunicaciones y en bio-genética; no se compadece con dicho avance, el que el debate político, filosófico y social, esté anclado, sobre las estructuras mentales que la civilización occidental heredó del siglo XIX.
Tal vez, como sostuvo un articulista recientemente, estas teorías no sean suficientes para explicar la realidad actual; pero a falta de innovación en los campos de la Filosofía, de la Sociología y de las Ciencias Políticas, son el único referente válido, del cual podemos echar manos, para tratar de propugnar aún hoy, por el avance del sistema democrático.
Y, otro fenómeno que ha irrumpido en este nuevo siglo, es la explosión social, a veces violenta y otra pacífica, del fundamentalismo religioso, que no por ser el islámico el más temido, no esté consumiendo los cimientos racionalistas de las tres religiones monoteístas que subsisten a la post- modernidad. Esta corriente fundamentalista, en la mayoría de los casos, es involutiva y pretende retrotraernos a estadios sociales de un mundo feudal, que creíamos ya superados por la llamada Civilización Occidental.
No se trata, por lo tanto, ni mucho menos, de un fenómeno que admita una explicación lineal y allí donde el hombre ha ganado puntos a favor de sistemas democráticos más universalmente extendidos y más humanistas, también los ha perdido, a favor de sistemas fundamentalistas regresivos y atávicos.
No es de sorprenderse, por lo tanto, que ante tanta confusión y asimetría, el discurso político siga todavía anclado a la filosofía decimonónica como único tronco fuerte al que se puede sostener, mientras los embates de unos y de otros se definen, ora como una fuerza transformadora de la historia, ora tan sólo, como una fuerza coyuntural.
Todavía es muy temprano, para las conclusiones definitivas.
Según Picota, existe inquietud por parte de varios de los residentes del área en cuanto al tema de seguridad, pero ya se están tomando medidas.
Adelantó que se estará haciendo una reunión con el jefe de la zona policial y los moradores para aclarar algunas dudas.
Para Picota, el problema de falta de seguridad es muy complejo, pues antes los agentes de la Policía Nacional no contaban con suficientes patrullas para hacer las rondas; sin embargo, ahora existen las patrullas y no hay suficientes uniformados.
El representante manifestó que como autoridad del corregimiento, está tratando de hacer lo que esté a su alcance.
El primer paso que Picota asegura haber dado, fue enviarle una carta tanto al director de la Policía Nacional, Rolando Mirones como a la ministra de Gobierno y Justicia, Olga Gólcher, para que estén al tanto de la situación, porque "en Bethania no nos damos abasto con las unidades policiales que tenemos".
La garita del Tuira y Chucunaque está abandonada.
Así lo ha hecho Fukuyama en sus nuevas publicaciones, que se desdicen de su teoría original del supuesto fin de la historia; pero también lo ha hecho Stiglitz, quien ha departido de sus teorías originales, para reconocer el papel que un Estado eficiente y lo suficientemente grande tiene que cumplir, a favor de sociedades más equitativas.
Si estos autores llegaron hasta el ensalzamiento del mercado, para dar marcha atrás y advertir que constituía un error conceptual desblindar toda la estructura estatal, por qué no aprovechar de estas conclusiones, y no cometer el error de pensar que podemos vivir sin el Estado, sólo para concluir después que si algo queda de imprescindible de la Revolución Industrial, es precisamente la concepción de Estado como ente político superior, alrededor del cual se han organizado las naciones.
Se equivocan quienes creían, y hoy todavía advierten, que con la caída del Muro de Berlín también se cayeron las distancias y diferencias ideológicas entre izquierdistas y derechistas. Se pudieron haber terminado -como regla general que admite sus excepciones- las radicalizaciones políticas de ambos conceptos, con sendos fracasos de antes y después de la Segunda Guerra Mundial, que concluyeron, finalmente, con el fin del comunismo, tal y como lo preconizaba y se expandía política y ideológicamente, a partir de la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
No obstante, las diferencias ideológicas persisten en pleno siglo XXI, porque si el hombre ha avanzado años luz en tecnología, en informática, en telecomunicaciones y en bio-genética; no se compadece con dicho avance, el que el debate político, filosófico y social, esté anclado, sobre las estructuras mentales que la civilización occidental heredó del siglo XIX.
Tal vez, como sostuvo un articulista recientemente, estas teorías no sean suficientes para explicar la realidad actual; pero a falta de innovación en los campos de la Filosofía, de la Sociología y de las Ciencias Políticas, son el único referente válido, del cual podemos echar manos, para tratar de propugnar aún hoy, por el avance del sistema democrático.
Y, otro fenómeno que ha irrumpido en este nuevo siglo, es la explosión social, a veces violenta y otra pacífica, del fundamentalismo religioso, que no por ser el islámico el más temido, no esté consumiendo los cimientos racionalistas de las tres religiones monoteístas que subsisten a la post- modernidad. Esta corriente fundamentalista, en la mayoría de los casos, es involutiva y pretende retrotraernos a estadios sociales de un mundo feudal, que creíamos ya superados por la llamada Civilización Occidental.
No se trata, por lo tanto, ni mucho menos, de un fenómeno que admita una explicación lineal y allí donde el hombre ha ganado puntos a favor de sistemas democráticos más universalmente extendidos y más humanistas, también los ha perdido, a favor de sistemas fundamentalistas regresivos y atávicos.
No es de sorprenderse, por lo tanto, que ante tanta confusión y asimetría, el discurso político siga todavía anclado a la filosofía decimonónica como único tronco fuerte al que se puede sostener, mientras los embates de unos y de otros se definen, ora como una fuerza transformadora de la historia, ora tan sólo, como una fuerza coyuntural.
Todavía es muy temprano, para las conclusiones definitivas.
Según Picota, existe inquietud por parte de varios de los residentes del área en cuanto al tema de seguridad, pero ya se están tomando medidas.
Adelantó que se estará haciendo una reunión con el jefe de la zona policial y los moradores para aclarar algunas dudas.
Para Picota, el problema de falta de seguridad es muy complejo, pues antes los agentes de la Policía Nacional no contaban con suficientes patrullas para hacer las rondas; sin embargo, ahora existen las patrullas y no hay suficientes uniformados.
El representante manifestó que como autoridad del corregimiento, está tratando de hacer lo que esté a su alcance.
El primer paso que Picota asegura haber dado, fue enviarle una carta tanto al director de la Policía Nacional, Rolando Mirones como a la ministra de Gobierno y Justicia, Olga Gólcher, para que estén al tanto de la situación, porque "en Bethania no nos damos abasto con las unidades policiales que tenemos".
La garita del Tuira y Chucunaque está abandonada.