El deber con la Patria
La presidenta Mireya Moscoso anunció que no asistiría a la toma de posesión del presidente electo Martín Torrijos, en vista que Pérez Balladares cambió el tradicional sistema para no asistir a la de ella.
Aunque la Constitución panameña no lo señala, es un deber moral y patriótico que después del juramento al nuevo presidente, el mandatario saliente, en ceremonia oficial, debe colocarle la faja presidencial en una demostración de respeto y aceptación.
En Panamá, por intereses personales y políticos, se viene cometiendo el error protocolar de no entregar e imponer oficialmente la faja presidencial al presidente inmediato, lo que da la impresión de que el gobierno y la presidencia fueran una casa o una finca donde ya se terminó el contrato sin considerar la trascendencia que encierra el acto de entrega del poder.
Esa acción deja mucho que decir, y mucho más ante la presencia del cuerpo diplomático, los invitados especiales y ante Dios y su iglesia en Panamá, que estarán presentes en ese acto de tanta trascendencia patria.
Sí existen rencillas personales y política no deben dejarse notar durante ese acto donde la patria inicia su nuevo período de esperanzas, promesas y deberes. Se deben obviar y disimular las diferencias entre el gobierno saliente y el entrante. Si alguien se le ocurrió cambiar ese sistema negativo, a los demás les corresponde obviar tal medida.
Si estas barreras no dan resultado, tendremos que hacer lo que aconseja Marc, bisnieto también: poner una cerca con electricidad para que verdaderamente se sienta el castigo. Yo agrego, el peso de la ley y la justicia.
Ahora, lo que tenemos por delante luego de estas reformas constitucionales son dos situaciones: una Constitución Política debidamente corregida y sabia y oportunamente reformada para un corto o largo tiempo; y, la nueva posibilidad legítima de Reformar la Constitución, a través de la opción de la Constituyente Paralela.
¡El tiempo dirá!
Aunque la Constitución panameña no lo señala, es un deber moral y patriótico que después del juramento al nuevo presidente, el mandatario saliente, en ceremonia oficial, debe colocarle la faja presidencial en una demostración de respeto y aceptación.
En Panamá, por intereses personales y políticos, se viene cometiendo el error protocolar de no entregar e imponer oficialmente la faja presidencial al presidente inmediato, lo que da la impresión de que el gobierno y la presidencia fueran una casa o una finca donde ya se terminó el contrato sin considerar la trascendencia que encierra el acto de entrega del poder.
Esa acción deja mucho que decir, y mucho más ante la presencia del cuerpo diplomático, los invitados especiales y ante Dios y su iglesia en Panamá, que estarán presentes en ese acto de tanta trascendencia patria.
Sí existen rencillas personales y política no deben dejarse notar durante ese acto donde la patria inicia su nuevo período de esperanzas, promesas y deberes. Se deben obviar y disimular las diferencias entre el gobierno saliente y el entrante. Si alguien se le ocurrió cambiar ese sistema negativo, a los demás les corresponde obviar tal medida.
Si estas barreras no dan resultado, tendremos que hacer lo que aconseja Marc, bisnieto también: poner una cerca con electricidad para que verdaderamente se sienta el castigo. Yo agrego, el peso de la ley y la justicia.
Ahora, lo que tenemos por delante luego de estas reformas constitucionales son dos situaciones: una Constitución Política debidamente corregida y sabia y oportunamente reformada para un corto o largo tiempo; y, la nueva posibilidad legítima de Reformar la Constitución, a través de la opción de la Constituyente Paralela.
¡El tiempo dirá!