El deporte y la política de la limosna
Irving Saladino no solo es un héroe o un ejemplo, es una lección. Una lección para un país que sigue mirando de lejos sus propias probabilidades deportivas, y condenando a sus nacionales a los esfuerzos en solitario.
En solitario, Saladino ha logrado convertirse en un atleta de estatura mundial, otorgándole al país una representación que pocos o nadie imaginó siquiera que lograría. Salvo el respaldo de sus padres y de sus educadores, o del entusiasmo final de uno que otro medio local, nadie puede afirmar que las victorias de este joven ejemplar hagan parte de la política de los organismos locales de deportes, inmerso como están en las intrigas estériles, y mucho menos de una política de Estado.
Saladino es una lección porque ha demostrado primero la entereza, la disposición, la disciplina y las probabilidades, y el talento de que gozan un número plural de panameños que, sumergidos en un anonimato letal, no les ha sido posible descollar por carecer de apoyo.
Y es una lección además porque debe servir para que tanto el Estado como las organizaciones deportivas locales evalúen a fondo sus políticas; para que no se siga pensando que respaldar el deporte es un favor o una limosna. Nadie afirma que con cada respaldo que se dé tendremos todos los días un Saladino, pero es innegable las virtudes que pueden aflorar en nuestra juventud, si en lugar de situaciones como las que analizamos, los jóvenes estuvieran sanamente estimulados, que encontrara en políticas deportivas públicas, mecanismos de realización.
El deporte como la cultura en Panamá, transcurren con expectativas de suerte; solo habrá que ver qué porcentaje representan del presupuesto anual, para enterarse cuánto se menosprecia un renglón que en la demagogia política es citada en cada momento como una supuesta alternativa para alejar a la juventud del vicio. Urge una política de Estado que institucionalice el respaldo a este sector, y que haga más efectiva la incidencia del país en los organismos deportivos que con representación y respaldo internacional son objeto regular de escándalos y polémicas. El éxito de Saladino, nos deja una gran lección para aprender.