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El deporte y la religión


El monseñor Francisco Beckman, CM. Arzobispo de Panamá en los años de 1945 a 1963, dijo en una invocación religiosa: ¡Oh Dios! ¡Tu tienes en vuestras manos el hilo de los acontecimientos..! La idea de Dios como diseñador del destino y de todo lo que es, constituye uno de los pilares más fuertes de la teología. Viendo así esa idea hay motivo para imaginar que la fatalidad tuvo algo que ver en el desenlace del juego de béisbol decisivo del campeonato entre Veraguas y Chiriquí.
La sabiduría divina está empapada de misterios impenetrables para el entendimiento común. Algunos de los infinitos roles de Dios son el de nivelador, desnivelador, y excluyente.
Segundos antes del lanzamiento fatídico no había ganador ni perdedor. Ninguno de los dos equipos cedía ni una pulgada de terreno en una lucha del más alto linaje deportivo. De pronto ocurrió el lanzamiento catastrófico que llenó de horrible pesadumbre los corazones chiricanos al tiempo que colmaba de gozo enloquecedor los espíritus veraguenses.
Es imposible saber cuántos espectadores rogaron por el triunfo de los suyos. Tampoco se sabe cuántos veraguenses desean ahora que en vez de un lanzamiento con apariencia de regalía providencial, la lucha se hubiera decidido con un cohetazo al jardín, como una prueba diáfana, selladora de la superioridad triunfal del campeón.
Todas las lides están llenas de situaciones insólitas relacionadas con la teología. El boxeador le pide a Dios que lo ayude a golpear al contrario sin piedad hasta ponerlo inconsciente; el torero reza para que Dios le dé destreza para asesinar a la noble bestia de una estocada, después de martirizarla con banderillas, y finalmente, una vez consumado el crimen, salir ileso; y en los estadios las muchedumbres delirantes ruegan secretamente que triunfen los suyos a costa de las lágrimas de los contrarios. Dios escucha todos los deseos, incluso los extravagantes e inalcanzables, pero es dudoso que atienda tales desatinos a pesar de que los ruegos y la esperanza son parte de la práctica tradicional de las religiones.
Y sucedió que en el juego Veraguas-Chiriquí, viendo Dios la igualdad en coraje, esfuerzos y merecimientos de los contendientes; estando tan parejos que ni El sabía cuál era el mejor; habiendo recibido miles de plegarias que lo ponían en aprieto, pues no sabía que hacer para complacer a las dos partes, el buen Señor dijo que se iba a pronunciar y disparó su sentencia salomónica en la siguiente paradoja: 1. Sobre la base de los números, habrá un campeón, 2. Sobre la base de la justicia y la razón, no habrá perdedor. 3. habrá un Veraguas campeón y un Chiriquí incólume.

101 años de Panamá América

 
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