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El derecho a creer en lo que sea


Cada cual tiene derecho a caminar con los ojos vendados el trecho del camino que le venga en gana. Al resto de los mortales no nos queda más que mirarlos andar y advertirles, tal vez a gritos, que tengan cuidado con el precipicio que está adelante.
Todos aquellos panameños que están matriculados en la secta conocida por su lema "Pare de Sufrir" tienen todo el derecho de estar ahí, y nadie debe criticarlos. Aunque creamos que son víctimas de la más burda estafa, si los adeptos de esta agrupación aceptan que los engañen, muy poco se puede hacer.
Me sorprende, no lo niego, que todavía existan personas que caigan tan fácil en engañifas como las de "Pare de Sufrir". En este país, donde nadie cree en nadie, donde la duda es moneda de cambio forzosa, resulta inesperado que haya comunidades con esa capacidad de confianza. Me parece, pues, que en este caso, como en tantos otros de credulidad ciega, la fe misma es un milagro.
Arthur Schopenhauer fue quien dijo que existen tres resortes fundamentales que motivan las acciones humanas. El primero es el egoísmo, que quiere su propio bien y no tiene límites en su ambición. Otro es la perversidad, que busca el mal ajeno y llega hasta la crueldad más brutal. Por último, está la caridad, que se preocupa por el bien del prójimo y es capaz de la mayor generosidad y grandeza del alma. Toda acción humana, dice el filósofo, tiene en su núcleo uno de estos tres móviles y hasta dos.
La pregunta es: ¿Qué motiva a esos panameños a creer que consumiendo un aceite falaz pararán de sufrir? ¿Por qué tantas ganas de creer en algo?
No tengo las respuestas a esas preguntas. Tal vez hay más resortes de los que menciona Schopenhauer. Quizá el miedo es uno de ellos. La verdad es que sólo me viene una palabra a la mente: "¡Precipicio!".
En 1998, cuando "la patria nueva" comenzó su campaña electoral para alcanzar el poder, por el que compitió en las elecciones de mayo de 1999, alardeaba de estar preparada, con todas las soluciones en cartera, para conducir al país "por senderos de dicha y bienestar inimaginables". Desde entonces, han transcurrido 96 meses, y desde que "la patria nueva" ganó las elecciones de mayo de 2004, otros 28, de los cuales llevan gobernando 24.
Pero si no fuera porque están confrontados con el peligro real de que se esfumen los grandes negocios que generaría la ampliación, hubieran seguido navegando con la conocida vela.
Las grandes promesas de más empleo, de cero corrupción, y de más seguridad, terminaron en "partos de los montes"; y como pareciera que las prometidas bonanzas de la ampliación comienzan a tomar esa forma, ahora pretenden revertir el aumento del rechazo a la ampliación, comprando tiempo y conciencias con más grandes promesas.
Por lo visto y oído, mientras "la patria nueva" siga en el poder "los montes no dejarán de parir".

101 años de Panamá América

 
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