El derecho de la Comisión de Justicia y Paz
Bajo la dirección del Tribunal Electoral los representantes de todos los partidos políticos vienen analizando el articulado del Código Electoral con el loable propósito de mejorar algunas de sus disposiciones y hacerlo de acuerdo con la experiencia obtenida en las tres últimas elecciones -muy ejemplares por cierto- más efectivo, funcional, moderno y justo, que contribuya a fortalecer aún más nuestra democracia.
Existen en el tapete de la discusión temas de innegable importancia, entre ellos, la segunda vuelta electoral y la forma como se vienen determinando los residuos en los circuitos plurinominales.
Los dos partidos mayoritarios del país, el PRD y el Arnulfismo, se han opuesto sistemáticamente a cualquiera modificación de los mismos. Ellos creen firmemente en el bipartidismo y buscan la desaparición de otras fuerzas políticas que representan a minorías que nunca han querido incorporarse, por incompatibilidad, al PRD o al Arnulfismo. La historia política panameña da muchas vueltas y a veces los partidos grandes se vuelven chicos y los chicos en grandes. Es reciente el caso, primero de la Coalición Patriótica Nacional y, después, de la Democracia Cristiana como claros ejemplos de que bajo el criterio del bipartidismo pudiéramos caer en el nefasto partido único que daría al traste con la democracia.
En cuanto a la segunda vuelta, el PRD ha venido manteniendo siempre una posición más radical. Sostienen con distintos argumentos que esta segunda elección sólo beneficia a ciertos partidos chicos a quienes, inclusive, acusan de ser "chantajistas". Nunca han aceptado la tesis que en muchos países más avanzados políticamente que el nuestro, la segunda vuelta persigue y logra darle mayor respaldo y fortaleza a los gobiernos y evitar alianzas post electorales mucho más frágiles, como es el caso por el cual atraviesa hoy día el gobierno de doña Mireya Moscoso. No han querido aceptar hasta ahora el hecho de que muchos de nuestros gobernantes han llegado al poder con una clara y perjudicial minoría. Una alianza pre electoral es más programática que los arreglos obligados que tienen que hacer los gobiernos, sin un sólido respaldo electoral, para poder llevar adelante sus planes y proyectos de campaña. Pareciera que el PRD no aprendió con la experiencia del 94.
Los residuos electorales, como hace el Tribunal Electoral el conteo hoy día, han venido beneficiando muchísimo al Arnulfismo y al PRD con la absurda tesis que otorga estos a los candidatos que obtengan la mayor cantidad de votos, aunque estos mismos votos se le contarán a ese partido para tener un cuociente o medio cuociente. Es decir ese voto que debería darle representación al candidato del partido que no lograba el cuociente o medio cuociente, cuenta también para el candidato de la papeleta que mayor votos tenía y que no lograba llegar al medio cuociente. Servía este voto dos veces, uno para el cuociente o medio cuociente y otro para el residuo de ese mismo partido. Esta ha sido una miopía o, tal vez, una complacencia política de los magistrados.
La Comisión de Justicia y Paz ha sido en las tres últimas elecciones la organización que ha representado a la sociedad civil alejada del sectarismo partidista, la que con la autoridad moral que le han dado sus actuaciones, contribuyen a la elevación del civismo político. Esa organización ha luchado incansablemente, porque se respeten las normas de la decencia, se proscriba el insulto y la diatriba y todo ataque personalista y que los debates constituyan discusiones serias de los diferentes planes de gobierno. Han señalado, cuando se han dado, las faltas y violaciones a la ética por quienes suscribieron los pactos promovidos por ellos para elevar el nivel de nuestras pugnas políticas. Sus pronunciamientos, siempre imparciales y justos, han contribuido a darle mayor credibilidad a nuestras elecciones. Cuentan con la autoridad y el respeto ciudadano.
Justicia y Paz ha deseado participar con voz y voto en las discusiones sobre las reformas que se vienen dando por el comité electoral. Otros grupos que representan a distintos sectores de opinión también lo han hecho. Creo, no obstante, que estos grupos pueden estar muy bien representados por la Comisión de Justicia y Paz. Ella tiene la capacidad de recoger los puntos de vista de diferentes sectores de nuestra sociedad.
Varios partidos políticos se han opuesto a darle a Justicia y Paz esta participación, aduciendo en sus argumentos que el que quiere "hablar de política que se inscriba en los partidos políticos".
Lamentablemente los partidos políticos no han podido integrar en sus filas ni siquiera a la mitad del electorado panameño y son esos compatriotas que hoy no forman parte de ningún partido, quienes, por la decencia partidista por la que Justicia y Paz viene luchando, es la que puede lograr que muchos de ellos vean a los partidos bajo otro prisma menos negativo y se integren a los mismos. Creo de justicia que se le dé participación en las discusiones a la Comisión de Justicia y Paz y que se reconsidere lo antes posible la medida adoptada. Justicia y Paz enriquecería con su participación los debates que se llevan a cabo para perfeccionar el código electoral.
Existen en el tapete de la discusión temas de innegable importancia, entre ellos, la segunda vuelta electoral y la forma como se vienen determinando los residuos en los circuitos plurinominales.
Los dos partidos mayoritarios del país, el PRD y el Arnulfismo, se han opuesto sistemáticamente a cualquiera modificación de los mismos. Ellos creen firmemente en el bipartidismo y buscan la desaparición de otras fuerzas políticas que representan a minorías que nunca han querido incorporarse, por incompatibilidad, al PRD o al Arnulfismo. La historia política panameña da muchas vueltas y a veces los partidos grandes se vuelven chicos y los chicos en grandes. Es reciente el caso, primero de la Coalición Patriótica Nacional y, después, de la Democracia Cristiana como claros ejemplos de que bajo el criterio del bipartidismo pudiéramos caer en el nefasto partido único que daría al traste con la democracia.
En cuanto a la segunda vuelta, el PRD ha venido manteniendo siempre una posición más radical. Sostienen con distintos argumentos que esta segunda elección sólo beneficia a ciertos partidos chicos a quienes, inclusive, acusan de ser "chantajistas". Nunca han aceptado la tesis que en muchos países más avanzados políticamente que el nuestro, la segunda vuelta persigue y logra darle mayor respaldo y fortaleza a los gobiernos y evitar alianzas post electorales mucho más frágiles, como es el caso por el cual atraviesa hoy día el gobierno de doña Mireya Moscoso. No han querido aceptar hasta ahora el hecho de que muchos de nuestros gobernantes han llegado al poder con una clara y perjudicial minoría. Una alianza pre electoral es más programática que los arreglos obligados que tienen que hacer los gobiernos, sin un sólido respaldo electoral, para poder llevar adelante sus planes y proyectos de campaña. Pareciera que el PRD no aprendió con la experiencia del 94.
Los residuos electorales, como hace el Tribunal Electoral el conteo hoy día, han venido beneficiando muchísimo al Arnulfismo y al PRD con la absurda tesis que otorga estos a los candidatos que obtengan la mayor cantidad de votos, aunque estos mismos votos se le contarán a ese partido para tener un cuociente o medio cuociente. Es decir ese voto que debería darle representación al candidato del partido que no lograba el cuociente o medio cuociente, cuenta también para el candidato de la papeleta que mayor votos tenía y que no lograba llegar al medio cuociente. Servía este voto dos veces, uno para el cuociente o medio cuociente y otro para el residuo de ese mismo partido. Esta ha sido una miopía o, tal vez, una complacencia política de los magistrados.
La Comisión de Justicia y Paz ha sido en las tres últimas elecciones la organización que ha representado a la sociedad civil alejada del sectarismo partidista, la que con la autoridad moral que le han dado sus actuaciones, contribuyen a la elevación del civismo político. Esa organización ha luchado incansablemente, porque se respeten las normas de la decencia, se proscriba el insulto y la diatriba y todo ataque personalista y que los debates constituyan discusiones serias de los diferentes planes de gobierno. Han señalado, cuando se han dado, las faltas y violaciones a la ética por quienes suscribieron los pactos promovidos por ellos para elevar el nivel de nuestras pugnas políticas. Sus pronunciamientos, siempre imparciales y justos, han contribuido a darle mayor credibilidad a nuestras elecciones. Cuentan con la autoridad y el respeto ciudadano.
Justicia y Paz ha deseado participar con voz y voto en las discusiones sobre las reformas que se vienen dando por el comité electoral. Otros grupos que representan a distintos sectores de opinión también lo han hecho. Creo, no obstante, que estos grupos pueden estar muy bien representados por la Comisión de Justicia y Paz. Ella tiene la capacidad de recoger los puntos de vista de diferentes sectores de nuestra sociedad.
Varios partidos políticos se han opuesto a darle a Justicia y Paz esta participación, aduciendo en sus argumentos que el que quiere "hablar de política que se inscriba en los partidos políticos".
Lamentablemente los partidos políticos no han podido integrar en sus filas ni siquiera a la mitad del electorado panameño y son esos compatriotas que hoy no forman parte de ningún partido, quienes, por la decencia partidista por la que Justicia y Paz viene luchando, es la que puede lograr que muchos de ellos vean a los partidos bajo otro prisma menos negativo y se integren a los mismos. Creo de justicia que se le dé participación en las discusiones a la Comisión de Justicia y Paz y que se reconsidere lo antes posible la medida adoptada. Justicia y Paz enriquecería con su participación los debates que se llevan a cabo para perfeccionar el código electoral.