El derrame de BP, una terrible advertencia
Hace muy pocas décadas la humanidad empezó a tomar conciencia de las consecuencias de su acción sobre la Naturaleza. Pero no aprende. Especialmente las empresas petroleras que no saben cómo saciar el apetito feroz de combustible, particularmente de los países desarrollados, únicamente para sostener -a cualquier precio- un modo de vida. Hacen guerras ficticias o contaminan los mares y la tierra, haciendo estragos ambientales. Pero lo peor no es eso, sino lo que ha quedado demostrado con el derrame de la compañía británica British Petroleum en el Golfo de México: la absoluta falta de reacción inmediata y adecuada para detener o remediar los daños contra el ambiente. Ha pasado casi un mes desde la catástrofe y podrían tardar varios más hasta hallar un mecanismo para contener los 12 mil barriles de crudo diarios que se vierten al mar.
No se trata de transmitir una mensaje destructivo o pesimista en medio de los discursos que celebran el Día Mundial del Medio Ambiente, sino de dejar en evidencia que ante tales accidentes, los gobiernos ni las empresas están capacitados para reaccionar adecuadamente. Es hora de exponer con claridad estas cuestiones para evitar los desastres ecológicos.
Tampoco deseamos abanicar el discurso extremista de algunos grupos defensores del medio ambiente, pero los vaticinios más graves que han hecho ya están ocurriendo. El caso de la BP es un terrible ejemplo. Las predicciones de este incontrolado derrame son inquietantes. Y las consecuencias finales de estos desastres aún no las conocemos.