El desafío de los consumidores
Los procesos modernizadores de la economía y de la sociedad, nos obligan a hacer un examen de las alternativas que la nueva situación plantea para el Estado y la sociedad civil, y que decidamos por aquella que nos ofrezca las mejores posibilidades para construir y desarrollar una relación madura y responsable de largo plazo.
Por el lado del Estado, el creciente desarrollo de la sociedad civil le impone la necesidad de definir términos viables y mutuamente beneficiosos de coexistencia y cooperación entre ambos.
Del lado de los consumidores, parte importante de la sociedad civil y fundamental del mercado, le toca la tarea inaplazable de crear y desarrollar una cultura de consumo, su educación que lo haga idóneo y poseedor de una actitud crítica y activa en el intercambio de bienes y servicios, lo cual impacta positivamente en una mayor demanda de información y consecuentemente en el estímulo de una economía de libre competencia y en el bienestar de toda la sociedad.
No ignoramos los riesgos de la inequidad y las asimetrías en el mercado, lo cual nos conduce a la reafirmación de la necesidad de la organización del poder del consumidor.
Al mismo tiempo nos encontramos con una realidad en el país, caracterizada por la inexistencia de organizaciones de consumidores o en algunos casos cuando existe al menos formalmente, todavía son débiles y con dirigencias que no alcanzan a asimilar sus potencialidades, acogidos a prácticas obsoletas de resolución de diferencias. Mientras, los empresarios se agrupan o fortalecen sus organizaciones gremiales aumentando su capacidad de negociación con las autoridades y sus posiciones en los mercados.
La Comisión de Libre Competencia y Asuntos del Consumidor, CLICAC, fundada con la Ley 29 de 1 de febrero de 1996, tiene entre sus funciones la creación de condiciones para facilitar la organización y participación de los consumidores en la toma de decisiones que les afectan. Con este fin, los funcionarios de la CLICAC, emprenden agresivamente campañas de divulgación de la Ley 29, de orientación y asistencia a los consumidores, reuniones con los sindicatos de trabajadores, asociaciones cívicas, gobiernos locales, centros educativos y otras diversas expresiones sociales.
El principio fundamental que anima las acciones de la CLICAC respecto a las organizaciones de consumidores, es que el vínculo entre ambos actores, debe descansar en una relación de complementariedad y cooperación.
No hay excusa para seguir postergando la organización de los consumidores con nuestros amigos, los vecinos, los compañeros de trabajo o que rediseñemos el contenido programático de las asociaciones a las que pertenecemos para hacer sentir el poder de los consumidores. Es tiempo ya de cambiar, de abandonar el paternalismo de Estado, muchas veces alentado desde abajo. Es el momento de poner fin a comportamientos que distan a la organización de los intereses de sus representados.
A nuestro juicio, hay excelentes posibilidades para la instrumentación de mecanismos de participación de los consumidores y de coordinación multisectorial.
Tenemos por delante grandes retos, tales como el de lograr variedad, calidad y la disminución del costo de la canasta básica, pero conseguirlo no es misión exclusiva de los agentes gubernamentales. Por lo que debemos reconocer la debilidad que hay todavía en los consumidores de actuar con audacia y astucia ante los nuevos tiempos. Es hora de despertar del letargo amigos consumidores y de iniciar la organización para hacer valer nuestros derechos.
Por el lado del Estado, el creciente desarrollo de la sociedad civil le impone la necesidad de definir términos viables y mutuamente beneficiosos de coexistencia y cooperación entre ambos.
Del lado de los consumidores, parte importante de la sociedad civil y fundamental del mercado, le toca la tarea inaplazable de crear y desarrollar una cultura de consumo, su educación que lo haga idóneo y poseedor de una actitud crítica y activa en el intercambio de bienes y servicios, lo cual impacta positivamente en una mayor demanda de información y consecuentemente en el estímulo de una economía de libre competencia y en el bienestar de toda la sociedad.
No ignoramos los riesgos de la inequidad y las asimetrías en el mercado, lo cual nos conduce a la reafirmación de la necesidad de la organización del poder del consumidor.
Al mismo tiempo nos encontramos con una realidad en el país, caracterizada por la inexistencia de organizaciones de consumidores o en algunos casos cuando existe al menos formalmente, todavía son débiles y con dirigencias que no alcanzan a asimilar sus potencialidades, acogidos a prácticas obsoletas de resolución de diferencias. Mientras, los empresarios se agrupan o fortalecen sus organizaciones gremiales aumentando su capacidad de negociación con las autoridades y sus posiciones en los mercados.
La Comisión de Libre Competencia y Asuntos del Consumidor, CLICAC, fundada con la Ley 29 de 1 de febrero de 1996, tiene entre sus funciones la creación de condiciones para facilitar la organización y participación de los consumidores en la toma de decisiones que les afectan. Con este fin, los funcionarios de la CLICAC, emprenden agresivamente campañas de divulgación de la Ley 29, de orientación y asistencia a los consumidores, reuniones con los sindicatos de trabajadores, asociaciones cívicas, gobiernos locales, centros educativos y otras diversas expresiones sociales.
El principio fundamental que anima las acciones de la CLICAC respecto a las organizaciones de consumidores, es que el vínculo entre ambos actores, debe descansar en una relación de complementariedad y cooperación.
No hay excusa para seguir postergando la organización de los consumidores con nuestros amigos, los vecinos, los compañeros de trabajo o que rediseñemos el contenido programático de las asociaciones a las que pertenecemos para hacer sentir el poder de los consumidores. Es tiempo ya de cambiar, de abandonar el paternalismo de Estado, muchas veces alentado desde abajo. Es el momento de poner fin a comportamientos que distan a la organización de los intereses de sus representados.
A nuestro juicio, hay excelentes posibilidades para la instrumentación de mecanismos de participación de los consumidores y de coordinación multisectorial.
Tenemos por delante grandes retos, tales como el de lograr variedad, calidad y la disminución del costo de la canasta básica, pero conseguirlo no es misión exclusiva de los agentes gubernamentales. Por lo que debemos reconocer la debilidad que hay todavía en los consumidores de actuar con audacia y astucia ante los nuevos tiempos. Es hora de despertar del letargo amigos consumidores y de iniciar la organización para hacer valer nuestros derechos.