El desafío del 2050
De acuerdo a información reciente de la FAO el conjunto de la humanidad deberá hacer un esfuerzo extraordinario para lograr una seguridad alimentaría generalizada en los próximo 40 años. Esto se evidencia teniendo en cuenta que la población mundial alcanzará a 9.100 millones de personas en el año 2050, cifra que representa un incremento de cerca del 34% con respecto a la situación actual. Se trata no solo del desafío de producir una mayor cantidad de alimentos para una población creciente, ya que, adicionalmente, se deberá cubrir las necesidades alimentarias insatisfechas de cerca de 1,020 millones de personas que hoy se encuentran en condiciones de subnutrición.
A esto se debe agregar que teniendo en cuenta los actuales factores climáticos, la tarea se deberá cumplir en un contexto que puede llegar a ser radicalmente adverso. Se debe recordar, por ejemplo, que las actividades agropecuarias utilizan actualmente alrededor del 70% del agua dulce extraída en el planeta, en condiciones que el deshielo inminente de los glaciales montañosos pondrá en dificultades el abastecimiento de agua y, por tanto, de alimentos de una buena parte de la humanidad. También se debe tener presente que el llamado cambio climático tiene la capacidad de generar una variación en los ciclos naturales que lleve a una combinación de inundaciones y sequías extremas, que afectarían, de continuar las tendencias, a cerca del 70% de las tierras utilizadas para la producción de alimento. En estas condiciones el principio de la prudencia lleva directamente a una conclusión: los países deberán hacer un esfuerzo por asegurar su propio abastecimiento alimentario.
Más allá de las dificultades del contexto internacional el desafío productivo necesario para alcanzar dinámicamente la seguridad alimentaría en Panamá se evidencia al observar que, de acuerdo a la hipótesis media de la Contraloría General de la República, nuestra población crecerá entre el presente año y el 2050 en 42.7%, a lo que se agrega la necesidad de cubrir adecuadamente las necesidades no satisfechas del 17% de la población que actualmente se encuentran desnutrida. Este es un reto que el actual modelo de desarrollo no tiene capacidad de enfrentar, tal como se desprende, para tomar un ejemplo, del hecho de que el PIB por persona del rubro arroz se redujo anualmente en 2.6% entre 1999 y el 2009, mientras que para el conjunto de los cereales este indicador mostró una caída del 1.0% anual durante el mismo periodo. Si bien en estas circunstancias lo lógico sería declarar a la producción de alimentos para la seguridad alimentaria como una prioridad nacional, lo cierto es que el actual gobierno, en el que priman los intereses del capital comercial especulativo, ha propuesto en su “Plan Estratégico de Gobierno 2010-2014” borrar todo vestigio del concepto de seguridad y soberanía alimentaria. Se trata de la profundización de un enfoque que amenaza con generar graves consecuencias, el cual deberá ser enfrentado técnica y políticamente por los sectores progresistas.