default

El desastre de los CERPAN


"Errar es de humanos", así de simple. Y sólo quien intenta algo constructivo puede equivocarse. Y el hecho es que se equivocaron estrepitosamente. Lo invertido hasta ahora en tiempo de discusión y expedición de los CERPAN debe ser millonario en términos de horas de trabajo, papelería y anuncios.
Lo más doloroso, sin embargo, es que lo ocurrido fue advertido por los expertos, a quienes se sumó este diario. Pero pudo más la verborrea demagógica, que los argumentos y la razón. Los CERPAN están siendo negociados en el mercado local a menor tasa que lo que estimamos. A alguien que se presenta a cambiar por efectivo un certificado de participación negociable le pagan con un 60% de descuento. Si el título fuera de B/.10 mil, termina recibiendo B/.4 mil.
Frente al supremo disparate, la FENASEP no atina a nada mejor que acusar al gobierno, a los bancos y a otras entidades autorizadas para cambiar los controvertidos documentos. La verdad es que es un mero imputar a otros la propia culpa. Nunca debieron retirarse los fondos de los CERPAN en un país cuyos ciudadanos carecen de cultura del ahorro y que requiere de tantos fondos para su desarrollo. Las naciones se hacen grandes con el ahorro de su gente. Puede, a falta de ellos, recurrirse al ahorro ajeno en forma de préstamos, pero es caro. Nada como los fondos propios, de aquellos que se atesoran y protegen parsimoniosamente a través de los años de la tentación del consumo fácil y las urgencias ficticias.
En los últimos días, Avila y los suyos han pedido que se aumente el número de empresas que pueden cambiar los CERPAN, con la esperanza en que, ampliando la demanda mejoren los precios. En estricta teoría tienen razón, mejorará marginalmente lo recibido por los CERPAN. Recibir B/.5 mil en vez de B/.4 mil por un certificado de B/.10 mil, puede ser un consuelo, pero un consuelo doloroso al fin.
Otra idea que ha surgido es que el Fondo Fiduciario compre los CERPAN que rinden 8% de interés contra el 3% que percibe la institución por sus dineros en los bancos. El argumento es que es un buen negocio para el Fondo. Sólo que no necesariamente es un buen negocio para los atribulados tenedores de los títulos. Además, el que el Fondo se llene de papeles de difícil manejo, restringida circulación y costosa convertibilidad en efectivo, no es bueno para éste, ni para el país que depende crecientemente de su liquidez para superar sus muchos apuros.


101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América