El descanso después de la guerra
Banderas son un tributo al valor y esfuerzo de los soldados. Estoy plenamente de acuerdo. El honor más grande que a un ciudadano se le puede hacer, es ponerle la bandera nacional como mortaja a sus restos mortales. Esto está reservado a los que han muerto defendiendo la Patria, y a los que han dado lustre a la Nación.
La historia de Panamá no registra ninguna guerra en la que haya muerto gringo alguno defendiendo al país. Tampoco se conoce ningún cementerio americano. Se conoce el cementerio de Corozal, en las riveras del Canal, lado Pacífico y Mon Hope en Cristóbal, lado Atlántico. En estos cementerios reposan los que murieron trabajando en la construcción del ferrocarril transístmico y en el Canal de Panamá. Ningún gringo echó pico y pala. Ellos eran los amos, los señores que controlaban la infame discriminación del Gold Roll.
Banderas son un tributo al valor y esfuerzo de los soldados. Sí, pero cuando esos soldados dan sus vidas defendiendo la Patria y no invadiendo a pueblos amigos, pequeños y desarmados. Dios mío ¿por qué los Estados Unidos se comportaron con Panamá, como los asesinos más avezados? Nada justifica una invasión, ni nada justifica pedirla. Estos crímenes se pagan hasta la séptima generación.
Por ninguna razón una bandera de país extranjero puede ondear en otro país soberano. Sólo las embajadas de países amigos y con relaciones diplomáticas pueden izar sus banderas en Panamá.
Yo, admiro a los Estados Unidos, ellos sí protegen a sus soldados. Aún siguen buscando soldados caídos antes el heroico pueblo vietnamita. No hay ni un solo soldado gringo enterrado en aquellos humildes cementerios de Corozal y Mon Hope. Ellos están enterrados en el cementerio de Arlington, reservado para sus héroes, aunque sean invasores. La bandera norteamericana en el cementerio de Corozal es una ofensa.
La historia de Panamá no registra ninguna guerra en la que haya muerto gringo alguno defendiendo al país. Tampoco se conoce ningún cementerio americano. Se conoce el cementerio de Corozal, en las riveras del Canal, lado Pacífico y Mon Hope en Cristóbal, lado Atlántico. En estos cementerios reposan los que murieron trabajando en la construcción del ferrocarril transístmico y en el Canal de Panamá. Ningún gringo echó pico y pala. Ellos eran los amos, los señores que controlaban la infame discriminación del Gold Roll.
Banderas son un tributo al valor y esfuerzo de los soldados. Sí, pero cuando esos soldados dan sus vidas defendiendo la Patria y no invadiendo a pueblos amigos, pequeños y desarmados. Dios mío ¿por qué los Estados Unidos se comportaron con Panamá, como los asesinos más avezados? Nada justifica una invasión, ni nada justifica pedirla. Estos crímenes se pagan hasta la séptima generación.
Por ninguna razón una bandera de país extranjero puede ondear en otro país soberano. Sólo las embajadas de países amigos y con relaciones diplomáticas pueden izar sus banderas en Panamá.
Yo, admiro a los Estados Unidos, ellos sí protegen a sus soldados. Aún siguen buscando soldados caídos antes el heroico pueblo vietnamita. No hay ni un solo soldado gringo enterrado en aquellos humildes cementerios de Corozal y Mon Hope. Ellos están enterrados en el cementerio de Arlington, reservado para sus héroes, aunque sean invasores. La bandera norteamericana en el cementerio de Corozal es una ofensa.